Respuesta al Movilh

Posted on June 08, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

Supe que en la edición on line de El Mercurio he sido favorecido con tres párrafos dedicados a mi persona, en el marco de una noticia en el que el MOVILH acusaba de homofóbico a Adolfo Zaldívar. Transcribo:


“El organismo aprovechó además de repudiar los dichos del académico de la Universidad de Los Andes, Alberto López-Hermida quien calificó a la discusión sobre los derechos de las minorías sexuales en período electoral como "ruido basura" y atacó al Movilh.


"Hay una monumental diferencia entre apoyar la integración (hay que ser algo bruto para no quererla) y aplaudir la liberación de los homosexuales. Regularizar es muy distinto a fomentar", dijo López-Hermida a través de La Tercera en relación al nombre del Movilh que también asoció al "libertinaje".


Para el Movilh, la "homofobia de esta persona, que hace un flaco favor a los derechos humanos y la academia, sigue siendo sustentada en la ignorancia, al sostener absurdamente que la homosexualidad se fomenta. Calificar de basura el debate sobre una deuda histórica en materia de derechos humanos, es violencia y odio puro, típico de la homofobia y de quienes desconfían de la democracia".


Hasta aquí El Mercurio. 


Aunque ya había recibido una serie de comentarios repudiando mi columna del pasado jueves, no deja de ser interesante que el mismísimo Movilh se una a la crítica. Al menos pensé que el señor Rolando Jiménez, presidente del movimiento, sabría leer correctamente mis dichos.


Por un lado, el tema central de mi post no fue otro si no la crítica férrea al candidato presidencial de la Concertación por instrumentalizar un acercamiento a los homosexuales con tal de verse favorecido en las encuestas y, seamos rigurosos, lo poco armónico que se ve que alguien que dice ser católico – y por lo tanto, sigue lo dicho por Benedicto XVI – prometa sumar incondicionalmente propuestas electorales planteadas por el Movilh.


Por otro lado, jamás he criticado a los homosexuales. Critico sí, con todas mis fuerzas, a los movimientos conformado por homosexuales que pretenden hacer de su condición de minoría un pasaporte para el libertinaje. Sí, libertinaje.


La crítica es exactamente la misma que hago a los grupos feministas que pretenden que todo se convierta en una caricatura huxleriana. Pero traducir eso a una crítica a las mujeres es una falta de comprensión de lectura total. 


El aplauso anónimo y educado que recibí de amigos y amigas homosexuales me dejó en claro, precisamente, que el tema en debate no es el de la tendencia sexual, si no que todo radica en entender lo que se escribe y no saltar como doncellas ofendidas cada vez que leen su nombre. 


Estar en contra de que se regule sobre las uniones homosexuales me parece del todo reprochable – tal como ya lo dije en el post que generó todo esto –, tanto como el apoyar irracionalmente la discriminación positiva de algunos grupos.


Mi crítica al nombre de Movimiento de Integración y Liberación es, únicamente, que se puede prestar para una semántica gramsciana del más alto vuelo. Integración, por supuesto. Liberación, aclaremos qué se quiere decir con eso. Encantado me reuniría con don Rolando para discutir este tema. Posiblemente a él no le valga la pena.


En fin, todo el revuelo de un pobre post por parte de un desconocido profesor universitario me convence más en la idea de que en pleno siglo XXI hay una nueva minoría social, desprotegida por los organismos oficiales y a merced de la crítica de las nuevas mayorías. Esa minoría es la conformada por jóvenes religiosos – ojo, cualquier creencia –, heterosexuales, entre los 30 y los 40, que creen en el matrimonio para toda la vida y que se enorgullecen de ser padres a temprana edad. Son los menos. Somos los menos. 

Frei y homosexuales: amor desmedido al voto

Posted on June 04, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

Negar que los temas denominados “valóricos” tienen una especial repercusión en la opinión pública sería absurdo. Sin embargo, de ahí a decir que por el modo de abordar estos asuntos habrá un trasvasije masivo de votos es ser bastante ingenuo. Sacar estos temas a la arena electoral sólo genera ruido basura.


Puntualmente, abrazar la causa homosexual posiblemente permita alcanzar los votos – ni siquiera todos – del colectivo en particular, pero poco más. Así, en los últimos días Frei ha demostrado no entender que al elector – heterosexual, homosexual, transexual, bisexual y todas las modalidades sociológicas que nos ha traído el siglo XXI – lo que le interesa es que le den trabajo, buena salud y educación accesible y de calidad.


Remover las aguas con el “asunto homosexual” es caer, por enésima vez, en una carrera frenética y no razonada por el voto.


La arremetida de Enríquez Ominami en las encuestas es la única razón por la que Frei habla de y con los homosexuales. Y lo hace de dos modos. En primer lugar argumenta la necesidad de regularizar las uniones entre personas del mismo sexo… el problema con el que se encuentra Frei es que al respecto está de acuerdo hasta el más recatado de los políticos. El mismo Piñera no demoró en aplaudir la idea.


Es entonces cuando Frei da un paso más, y aparece junto al Movimiento de Integración y Liberación Homosexual. Hay una monumental diferencia entre apoyar la integración (hay que ser algo bruto para no quererla) y aplaudir la liberación de los homosexuales. Regularizar es muy distinto a fomentar.


Es sólo entonces – en el apoyo a un Movimiento que pretende mucho más que la simple integración – donde hay que insistir majaderamente en lo bipolar de un candidato demócrata cristiano que, al final de cuentas, confunde la democracia con el libertinaje y el cristianismo con el tener una foto junto al Santo Padre en la oficina.


Tal como ocurrió con el aborto terapéutico Frei confunde, enceguecido por un amor desmedido al voto,  la urgencia por regular con el peligro de incentivar.


Bien le vendría a la campaña en ciernes propuestas tan polémicas y figuración pública tan novedosa en materias como empleo, educación o salud. En este sentido, Enríquez Ominami es el único de los candidatos actuales que ha provocado revuelo por su programa económico.


Piñera y Frei sólo parecen poder diferenciarse en temas que afectan a una parte diminuta de la sociedad. Esperaremos con los brazos cruzados el día en que alguno de los candidatos sea provocativo ya no en estos asuntos, sino en los asuntos que realmente preocupan. Este fue el don – ya perdido – de Lavín el 2000.