Oportunidad para todos
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El día de ayer fue un triunfo para Chile.
Suena a cliché, pero no puede ser más cierto. Era lógico que por la tarde habría una enorme cantidad de chilenos defraudados y tristes, mientras que la mayoría estaría regocijante y en plan festivo.
Sin embargo, es importante que quienes tenemos – algunos muy bajo, como yo -algún grado de impacto en la opinión pública hagamos especial hincapié en que, de verdad, ayer ha ganado Chile desde una perspectiva histórica.
El “simple” hecho de que en marzo se abran las ventanas de todas las oficinas y salones de La Moneda y de cada uno de los Ministerios y reparticiones y entre un viento nuevo, fresco y motivado es algo que beneficiará no sólo al 51,61% de nosotros, sino que al 100%. Si hay algo que ya no tenía La Concertación era esa novedad, ese frescor y esa motivación que, como es lógico, trae la Coalición por el Cambio.
Ayer vimos grandes gestos que más de algún insensato auguró que no ocurriría: un ministro del Interior, lógicamente triste, reconociendo tempranamente la derrota; una Presidenta llamando por teléfono al candidato opositor para felicitarlo, con todo el dolor de estómago que eso le pueda generar; un candidato derrotado asumiendo gallardamente la derrota suya y de un conglomerado gobernante desde hace 20 años; la visita pública del perdedor al presidente electo… y, gracias a Dios, un largo etcétera.
Todo lo anterior exige que todos y cada uno de los chilenos, hayan votado por quien lo hayan hecho, deben estar de fiesta. Es importante que así sea: si la Concertación no entiende que lo ocurrido ayer es parte de la historia y que el mayor beneficiado no es un grupo sino todos los chilenos, tropezará en su misión importantísima de convertirse en una oposición constructiva y podrá verse inundado de odio, rencor y venganza.
El hasta marzo oficialismo deberá demostrar se capacidad de ser justos, valientes, templados y prudentes (¡mire usted, las cuatro virtudes cardinales). Justos en reconocer la derrota, de verdad, con magnanimidad; valientes en asumir que deben hacer cambios en su estructura sin dejar el más mínimo rastro de esa antigua y ya desgastada coalición, lo que les abre las puertas a los Orrego, Tohá, Lagos Weber y tantos otros, cuya entrada efectiva no se entiende sin la salida definitiva de los Escalona y todos aquellos que han hecho historia las pasadas dos décadas, pero que por el bien de Chile no pueden seguir haciéndola las dos próximas; templados al iniciar esta nueva etapa de oposición, escuchando el llamado de Frei a ser constructivos aunque, como pidió Piñera, meticulosamente fiscalizadora; y prudentes al no dejarse llevar por la herida que deja una derrota y enceguecerse por ideologías ya terminales.
Por su lado, el nuevo gobierno tampoco debe estar ajeno a estas virtudes. La “nueva” Moneda deberá ser justa en reconocer el tremendo avance que la Concertación logró en varios aspectos durante dos décadas en las que, en primer lugar, se tuvo que reconstruir una democracia: eso ya es mérito digno de aplauso; valiente a la hora de cumplir con lo prometido y asumir los errores que, indudablemente, se van a cometer; templada al ocupar un sitio digno de pocos y que les fue entregado por el apoyo de la muchos; y prudente, recordando que reflotar errores de la Concertación sólo puede motivar que se recuerden errores de la Alianza, hoy Coalición.
A partir de marzo – y por qué no a partir de hoy mismo – Chile tiene la oportunidad de dejar de hablar del pasado. Ayer, puntualmente, tan desagradable como ver a un vocal de mesa con una camiseta de Guevara, fue ver a una minoría de ancianos – físicos o mentales – festejando el triunfo de Piñera con añejas imágenes de Pinochet… fuera de tono, fuera de lugar. Que la Justicia se encargue del pasado y el Ejecutivo y Legislativo se vuelquen en el presente y el futuro.
Es el minuto de dejar de hablar de transición – pues es un término que se sostiene en un pasado – y hablar de proyección – sostenidos en un futuro común –; ya no es tiempo de seguir discutiendo sobre el progresismo – concepto que tanto daño le ha hecho per se a Europa – y comenzar a hablar de progreso.
Hoy comienza una oportunidad para todos y Chile no se la puede farrear.
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