Chicha y limonada

Posted on August 10, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

A cualquier estudiante de Filosofía debe resultarle familia el llamado Principio de no contradicción. A cualquier ser humano medianamente pensante le parece lógico. Y es que la conciencia de que es imposible ser y no ser lo mismo al mismo tiempo y en el mismo sentido es algo que salta a la vista incluso en el infante que entiende que un cuadrado no puede ser un círculo, ni el rojo puede ser azul.


Sin embargo, la política del siglo XXI parece saltarse hasta el más básico de los principios y el pasado fin de semana se nos han dado dos ejemplos de esto.


En primer lugar, tenemos a un socialista (presidente del PS, no un militante cualquiera) que se casa por la Iglesia Católica y confiesa a los medios de comunicación que es creyente hasta la médula. Socialista y católico… Gramsci aplaude desde su tumba la culminación a la chilena del tan manoseado “socialismo renovado”.


Vaya alguien a decir que es “nacional socialista renovado” o “fascista renovado”… ¡No! Eso no… y está bien. Pero el socialismo, que en la Historia de la Humanidad ha causado más muertes e injusticias que el fascismo, puede renovarse y colarse como si nada, al punto de llegar de blanco al altar.


No es de extrañar, pues, que la institución del matrimonio – y lo que es peor, el Sacramento – estén tan subvalorados. Esto, con dolor hay que reconocerlo, es responsabilidad también de los miembros de la Iglesia que preparan espiritualmente y bendicen algo que no tiene sentido. El que se cuela a la fiesta es un cara dura, pero el responsable es el que le abre la puerta sin más.


¡Todos tienen derecho a casarse! Será el slogan. Pero no es más que eso, un slogan, porque no todos tienen derecho a casarse en el seno de la Iglesia Católica y basta una rápida revisión al Catecismo – sí, sí, todavía existe – para entenderlo.


Que hay dos Iglesias… una tradicional y una “moderna”… mentira. La Iglesia es una aunque haya miembros que no hagan lo que le corresponde a un miembro.


Además de Escalona, el candidato oficialista Eduardo Frei también nos regaló unas joyas este fin de semana. Ante la pregunta sobre su opinión “personal” respecto al aborto terapéutico su respuesta fue: “lo estamos debatiendo”. ¿Con quién debate Frei sus posturas personales? Aterrador.


Para colmo, asegura a La Tercera que está en la misma línea de la Presidenta Bachelet y el Papa Benedicto XVI, argumentando con esto que no se ha dado ninguna vuelta de carnero… Efectivamente eso no es una vuelta de carnero, es una esquizofrenia política aguda. O se sigue a una Presidenta que pone urgencia de ley a la entrega de píldoras del día después luego de pronunciarse al respecto el TC y la Contraloría o sigue al Pontífice que, sin ir más lejos, en su última Carta Encíclica condena ese tipo de medidas. 


Estar en las dos posturas es ser al mismo tiempo dos cosas radicalmente opuestas… eso sólo puede hacerlo alguien que se cree Napoleón y Pellegrini al mismo tiempo, pero encerrado en una habitación con murallas acolchadas.


Evidentemente en el caso del señor Frei – como de los otros candidatos – también a los católicos de verdad les duele no escuchar la voz firme de nuestros pastores exigiendo definición en asuntos nada menores. 


En fin, muchos pueden argumentar que el socialismo del siglo XXI y la Democracia Cristiana chilena actual no son ni chicha ni limonada… No estoy de acuerdo. La situación es aún peor: quieren ser chicha Y limonada. 

Frei y homosexuales: amor desmedido al voto

Posted on June 04, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

Negar que los temas denominados “valóricos” tienen una especial repercusión en la opinión pública sería absurdo. Sin embargo, de ahí a decir que por el modo de abordar estos asuntos habrá un trasvasije masivo de votos es ser bastante ingenuo. Sacar estos temas a la arena electoral sólo genera ruido basura.


Puntualmente, abrazar la causa homosexual posiblemente permita alcanzar los votos – ni siquiera todos – del colectivo en particular, pero poco más. Así, en los últimos días Frei ha demostrado no entender que al elector – heterosexual, homosexual, transexual, bisexual y todas las modalidades sociológicas que nos ha traído el siglo XXI – lo que le interesa es que le den trabajo, buena salud y educación accesible y de calidad.


Remover las aguas con el “asunto homosexual” es caer, por enésima vez, en una carrera frenética y no razonada por el voto.


La arremetida de Enríquez Ominami en las encuestas es la única razón por la que Frei habla de y con los homosexuales. Y lo hace de dos modos. En primer lugar argumenta la necesidad de regularizar las uniones entre personas del mismo sexo… el problema con el que se encuentra Frei es que al respecto está de acuerdo hasta el más recatado de los políticos. El mismo Piñera no demoró en aplaudir la idea.


Es entonces cuando Frei da un paso más, y aparece junto al Movimiento de Integración y Liberación Homosexual. Hay una monumental diferencia entre apoyar la integración (hay que ser algo bruto para no quererla) y aplaudir la liberación de los homosexuales. Regularizar es muy distinto a fomentar.


Es sólo entonces – en el apoyo a un Movimiento que pretende mucho más que la simple integración – donde hay que insistir majaderamente en lo bipolar de un candidato demócrata cristiano que, al final de cuentas, confunde la democracia con el libertinaje y el cristianismo con el tener una foto junto al Santo Padre en la oficina.


Tal como ocurrió con el aborto terapéutico Frei confunde, enceguecido por un amor desmedido al voto,  la urgencia por regular con el peligro de incentivar.


Bien le vendría a la campaña en ciernes propuestas tan polémicas y figuración pública tan novedosa en materias como empleo, educación o salud. En este sentido, Enríquez Ominami es el único de los candidatos actuales que ha provocado revuelo por su programa económico.


Piñera y Frei sólo parecen poder diferenciarse en temas que afectan a una parte diminuta de la sociedad. Esperaremos con los brazos cruzados el día en que alguno de los candidatos sea provocativo ya no en estos asuntos, sino en los asuntos que realmente preocupan. Este fue el don – ya perdido – de Lavín el 2000.      

Falta de coraje

Posted on March 19, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

Era cuestión de tiempo para que el tema del aborto terapéutico saliera a la arena electoral, como lo ha hecho en todas las últimas elecciones una vez recuperada la democracia. Quizás la gran diferencia en esta oportunidad, es que el candidato que sacó la cuestión – militante DC – tiene que apearse la herencia ideológica de dos gobiernos abiertamente progresistas.


Efectivamente, al Frei de 1994 le fue fácil escabullirse del tema e incluso rechazar el asunto sin más. Entonces, la herencia de Patricio Aylwin era principalmente política y la Democracia Cristiana aún conservaba una indiscutida superioridad cuantitativa y cualitativa frente a sus aliados concertacionistas.


Sin embargo, al Frei de 2009 le es imposible evadir el tema por una razón muy simple: la dirección ideológica de la Concertación la lleva el ala llamada, precisamente, “progresista” o en castellano clásico: la siniestra.


Ese lado del espectro político se considera dispensado de trabas seculares y entiende la libertad como emancipación, como ruptura con todo lo que ellos llaman “tabú”. Considera lícito – si no deseable – probarlo todo, perdiendo el respeto por los valores del pasado. Ya no se aceptan tutelas externas, menos si vienen de la tradición, la naturaleza o la religión. Lo propio del “progre” es no aceptar más límites de los que él mismo se impone, cosa que no tardarán mucho en ponerse en duda. Como ilustra el fenómeno un autor español: “Prometeo y Fausto pueden estar en enhorabuena, pues sus sueños están por cumplirse”. 


Año tras año, elección tras elección, la Democracia Cristiana se equivoca cada vez de modo más contundente al procura encontrarle un lugar a su inspiración cristiana en estas categorías modernas que hoy obsesionan a la izquierda.


Este periódico desliz se traduce ante la opinión pública con una esquizofrenia retórica cada vez más retorcida.


Por un lado Eduardo Frei puede decir que, aunque personalmente puede pensar una cosa, como candidato piensa que hay que discutir lo contrario. Luego, el jefe de la bancada de senadores de la DC, Jorge Pizarro, señala el domingo que el aborto no es tema y, por arte de magia, el lunes rectificar que por supuesto es un asunto a discutir. Por último, el presidente de la colectividad, Juan Carlos Latorre, declara que aunque los principios de la DC son claros e inmodificables, “en el contexto de la Concertación”, sí puede ser discutido el asunto.


Todo lo anterior no hace más que suponer que el aborto – como cualquiera de los otros temas “progre” – pueden ser discutidos por un candidato separado de su condición de persona y por un partido apartado de su condición de miembro de una colectividad… La contradicción en estado puro.


Se ha llegado a un nivel de retorcimiento del lenguaje electoral que exige tomar una determinación: tener la gallardía de decir lo que se piensa y actuar en consecuencia.


A la DC del Bicentenario le falta el coraje de tomar una apuesta clara por temas que son de público interés. En asuntos como el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual y toda la batería de temas afines al progresismo ya no caben posturas ambiguas y así ocurre en muchos países llamados “desarrollados”.


Si el último Consejo Ideológico de la DC rechazó enfáticamente el aborto y luego candidatos, presidentes de partido y senadores hacen tambalear lo señalado en los estatutos, quiere decir que estos últimos son letra muerta y, en consecuencia, el partido está gravemente herido.


Más allá de la discusión sobre el aborto propiamente tal - hay que separar el fondo de la forma -  es insólito que un candidato y su partido no apuesten por una postura firme y clara. Tal como están las cosas hoy, no se hace más que engañar al electorado con indecisiones, silencios y ambigüedades.


Si finalmente la DC tuviera la valentía de decirle sí al aborto y a las apuestas de la agenda progresista que estime conveniente, generará un movimiento en su electorado: perderán a unos y ganarán a otros. Pero lo más importante es que el partido, el proceso electoral y el país entero ganarán en transparencia y verdad.

DC: Pececitos rojos

Posted on January 23, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

El actuar de la Democracia Cristiana chilena cada vez que se acerca una elección me recuerda lo que me dijo un amigo italiano sobre la DC de su país: “Son como pececitos rojos nadando en agua bendita”.

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