Media docena de debates: media docena de lecciones
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Ayer se celebró el sexto y último debate - al menos de esta primera vuelta - y es hora de sacar en limpio lo que nos pudieron dejar, siempre pensando no sólo en las próximas e inmediatas elecciones, sino también para futuros encuentros electorales. Cabe recordar rápidamente que el pasado 23 de septiembre fue el primer encuentro celebrado por TVN, muy en la línea de lo visto en el pasado; el 9 de octubre se llevó a cabo el debate de la Universidad Mayor y la Archi, un debate quedejó en evidencia la vigencia de la radio; el 4 de noviembre Terra y Radio Cooperativa organizaron un debate prácticamente organizado desde Internet y al que, finalmente, sólo llegó Jorge Arrate; dos días después, la ANP coordinó un debate en Talca, centrado en políticas regionales; el 9 de noviembre Canal 13 organizó el que, posiblemente, sea el mejor debate que se ha visto en las pantallas de la televisión chilena y, ayer, Anatel cumplió con su tradición y reunió por última vez a los cuatro candidatos. Después de este inédito número de enfrentamientos "oficiales" entre los presidenciables es posible concluir: Chile aún no logra dar con el formato preciso para enfrentar las ideas de los candidatos, dando relevancia muchas veces al enfrentamiento entre los candidatos mismos. Canal 13 demostró que dos periodistas son suficiente, mientras Anatel volvió a reavivar los egos de cuatro rostros televisivos que más que preguntar parecían tener como objetivo el consagrarse como quien descolocara a cualquier candidato. No sólo importa el número de periodistas: Archi se celebró también con cuatro entrevistadores pero - quizás al no haber cámaras encendidas - hubo un ejercicio equilibrado del periodismo. Por otro lado, TVN hizo que sólo Alejandro Guillier condujera el debate y, tal como ocurrió ayer con Fernando Paulsen, las preguntas eran tan largas - pero más confusas, incluso - que las de los candidatos a La Moneda. Es urgente reformar y, de existir la colaboración entre canales de TV, señales de radio y rotativas de prensa, coordinar el formato de los futuros debates. Desde luego, lo dicho: pocos periodistas y que no tengan nada que ganar, simplemente (como si fuera poco), ejercer su profesión con excelencia. Anatel demostró que cuando los periodistas desaparecen, el debate gana mucho... dura encrucijada para la profesión. Por otro lado, tal como ya lo hizo USA, los altos comerciales están de más. No sólo porque resulta chocante que los medios ganen dinero en virtud de un proceso democrático, sino también porque se hace una pausa en una discusión que muchas veces estaba prendiendo. Por último, ya que se ha demostrado que se es capaz de coordinar seis debates, sería interesante - e inteligente - poner temas a cada encuentro. De lo contrario, se discutirán los mismos temas - Derechos Humanos, política y negocios, rol del Estado - y no los que les interesa al grueso del electorado. Sebastián Piñera fue el candidato que menos ganó y menos perdió con los debates celebrados para esta primera vuelta. Se comportó - con sus más y sus menos - como un candidato tradicional en estas lides, sin grandes golpes ni novedades, defendiéndose de los ataques y mostrándose flojo en algunos temas - paradigmático el ejemplo del impuesto al libro -, pero teniendo en mente que un candidato no tiene que ser una omnisciente máquina política. No tuvo la necesidad en ningún momento de diferenciarse de los otros candidatos. Éstos se encargaron de hacer ese trabajo por él y ayer fue la máxima demostración de ello cuando a la hora de las interpelaciones se vio una alianza destinada a derrotar a la derecha más que ha proponer ideas frescas. Jorge Arrate, en tanto, fue quien indudablemente más ganó con esta media docena de encuentros. No sólo porque incluso a uno de ellos fue el único en presentarse, sino también porque las encuestas no la han ido demostrando en paralelo a cada uno de ellos. Evidentemente es quien menos tiene que perder y él mismo dio a entender - pase a las frases de buena crianza - que tiene conciencia de que no ganará, lo que lo posiciona como el abanderado que no tiene que demostrar nada y, por lo mismo, puede proponer con total soltura las ideas provenientes de su desgastado ideario político. Basta con recordar las dos interpelaciones que se le hicieron ayer para darse cuenta de su papel poco competitivo a la vista de sus competidores: MEO le hizo una pregunta "abierta", mientras Piñera lo instrumentalizó para exponer su propio programa. Hemos dicho reiteradamente que el candidato de izquierda navega por consignas cargadas de ideología setentera y tropieza, por lo mismo, en los pecados ya clásicos de su clase - por ejemplo, a la hora de definir qué diablos es Cuba - pero, el problema principal, es que no naufraga en sus esloganes porque a la audiencia le gusta escuchar "frases bonitas" y parece no importarle lo panfletariamente vacías que éstas son. Indudablemente fue quien aportó el humor a los debates. Que ayer saliera a colación incluso su ya famoso perro Tin Tán es muestra de ello, como su constante agradecimiento por el hecho de que nadie preguntara por el gasto de su campaña. Eduardo Frei fue quien más ha perdido con estos seis debates. El no presentarse a uno y el bajarse del de Talca para volver a subirse a último minuto es señal de la importancia que le da a este tipo de encuentros: meramente instrumental. Evidentemente todos los candidatos ven estos encuentros como una oportunidad para fijar posiciones y ganar votos pero lo disimulan con una suerte de interés para que las ideas se expongan en favor de la democracia electoral. El ex Presidente - que por lo mismo es quien más experiencia tiene en estos encuentros - criticó al público en la Archi, se quejó de lo farandulero del debate de Canal 13 - siendo que la misma semana participó en Animal Nocturno y Morandé con Compañía, desestimando participar de Tolerancia Cero - y, para coronar sus quejas, ayer insinuó que no ha podido hacer una campaña perfecta por el gran número de debates... Tres errores que, desde el punto de vista de estos encuentros electorales, son imperdonables. Siendo justos, fue quien acertó posiblemente los mejores golpes mediáticos - el informe de transparencia en TVN y el dilema política-negocios en Canal 13 y Anatel - pero se quedó en eso, sin aclarar en ningún momento la acusación de Piñera en TVN sobre sus propios dilemas polítco-empresariales y sin hacerse cargo del boomerang que resultó de la demostrada parcialidad del informe ya mencionado. Por último, junto con la excepción de Sebastián Piñera y los ex uniformados, Eduardo Frei fue quien más explicaciones tuvo que dar sobre sus declaraciones y actitudes en campaña: autoproclamarse continuador de Bachelet y heredero de Salvador Allende, como pecar en el uso de la palabra "Estado", contando en su currículum cierta fascinación por las privatizaciones. Hasta ayer no supo determinar quién es su competidor para esta primera vuelta y sólo lanzó indicios de proximidad con Arrate, jugada algo precipitada a estas alturas del partido. Marco Enríquez-Ominami fue quien aportó, precisamente, el debate dentro de estos encuentros. El hecho ineludible de ser competidor en mayor o menor grado de los otros tres abanderados lo obligó a mostrar sus diferencias, muchas veces sosteniéndose más de la cuenta en destacar los defectos ajenos más que las virtudes propias. El repetir hasta el cansancio que ha presentado 180 proyectos de ley - de los cuales no más de 2 son, hoy, norma - no es currículum suficiente. Con el pasar de los debates MEO supo identificar a sus rivales directos en Piñera y, finalmente, en Frei, convirtiéndose si no en el más agresivo contertulio, sí en el más confrontacional. Ha logrado, en los últimos encuentros, mostrarse como la carta competitiva frente al candidato de centro derecha, aunque su explícita intención por mostrarse como un estadista se ve traicionada - y ni hablar de la franja - por su naturaleza díscola, sustentada posiblemente por el rubro del que viene. Como buen condimento, MEO en los debates ha demostrado ser un factor necesario pero no suficiente para convertirse en un banquete por sí solo. Necesita carne sobre la cual exhibir su sabor. El principal miedo que da, a todas luces, es lo que hará de quedarse sólo en la Presidencia, sin nadie a quien "condimentar" con su labia. De más está decir que el pensar más rápido que su propia capacidad de hablar lo convierte en el candidato a quien más atención hubo que prestarle para intentar sacar algo en limpio de sus intervenciones. Lo pausado y soso de Frei se va al extremo con lo atolondrado y poco lineal de MEO. Frente a esto, mejor conformarse con los insaciables tics de Piñera, que sólo ayer no traicionaron al candidato de centro derecha, su corbata y su hombro izquierdo. El elector Poco beneficio puede sacar el elector de esta media docena de debates. Pese al ejercicio realizado ayer en línea por Canal 13, el efecto sobre la decisión del voto posiblemente sea cercano a cero. Tal como ocurre con la franja televisiva, los votantes decididos posiblemente confirmaron su decisión, mientras los indecisos difícilmente puedan haber encontrado una luz en estos encuentros... de haberla encontrado, los mismos candidatos se ocuparán en difuminarla en los días que quedan de campaña. Sin embargo, el bajo rating y el dudoso efecto de estos encuentros son como el viejo dilema del huevo y la gallina. Los medios difícilmente se la jugarán por cantidad y calidad en los debates, si la mejor de las audiencias - ya muy pobre en sí - no es más que la herencia de una teleserie nocturna que ha roto todos los récords. Mientras los políticos no se la jueguen por debatir los temas que en verdad interesan y no caigan una y otra vez en descalificaciones que poco interesan a la hora de decidir quien será mejor Presidente, el elector inteligente no malgastará su tiempo en media docena de debates. Mientras el elector inteligente no se interese por ver a los potenciales Mandatarios exponer sus ideas y proyectos, ni éstos ni los medios dedicarán más tiempo y esfuerzo en darles en el gusto. Así, políticos, medios o electores tienen que dar el primer paso... no es difícil caer en la sospecha de que tendrán que ser los electores inteligentes los que tendrán que darlo, porque el legítimo interés económico de los medios y la comprensible obsesión de los políticos por el voto sólo podrán ser dignificados por el legítimo interés del ciudadano de querer elegir y querer hacerlo bien. Más en comunicacionpublica.org El formato
El candidato tradicional
El candidato histórico
El candidato perdedor
El candidato condimento

