Diarrea verbal
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La “incontinencia verbal” de la que según Belisario Velasco son víctima algunos miembros de la Alianza más parece una diarrea verbal… No sólo son incapaces éstos de contenerse, si no que hablan y hablan y cada vez que tratan de limpiar lo ensuciado vuelven a estropearlo todo.
Más allá de las referencias a tratos privilegiados para trasplantes o para la atención de un familiar gravemente accidentado, el cuadro diarreico se presenta cuando el diálogo político lineal, se rompe con un golpe de verborrea.
No hay nada peor para el debate político que contestar a un argumento A con un supuesto razonamiento Z. El diálogo se construye contestando a A con una A+ y así sucesivamente. Mecánica básica del diálogo. Romperlo todo con un ataque es, tal como dijo el ministro Velasco, de una bajeza suprema.
Es injusto, eso sí, diagnosticar de esta enfermedad sólo a miembros de la Alianza. Algunos concertacionistas también están aquejados y unos cuantos en etapa terminal. El cuadro afecta a muchísimos políticos, más en momentos electorales.
No se olviden las respuestas del candidato oficialista a muchos cuestionamiento. O hace mención a la condición de empresario de su contrincante o recurre al siempre útil binomio derecha-dictadura militar, aunque se le pregunte sobre su visión de la educación nacional.
Lo más cercano a este debate empobrecido es la discusión de dos niños tratando de ponerse de acuerdo en cuál de sus respectivos padres es mejor. Es absurdo y no conduce a nada… pero en este caso son niños.
Cuando son adultos, políticos y posibles presidentes de la República los que caen en esta dinámica, lo absurdo y no conducente del debate contamina no sólo su propia imagen, sino que al proceso electoral que se está desarrollando y por lo tanto al país.
El verdadero político es aquel que responde a lo que se le pregunta y, abierta una línea argumentativa, sigue con ella y no la corta con una agresión sacada del baúl de las cortinas de humo.
Si efectivamente se considera que Pérez Yoma se saltó la lista de candidatos a un trasplante, no es argumento para guardar como un arma arrojadiza en momentos de dificultad. Es imperioso que, frente a ese supuesto, se solicite una investigación. Y punto.
Que la pequeña hija del ministro Velasco haya sido atendida con premura no es un hecho demostrado. No hay que confundir la cobertura desmesurada que el hecho recibió en los medios de comunicación con un supuesto mejor trato. Como dice Piñera, hay que aspirar a que todos los niños sean atendidos como lo fue la pequeña en cuestión. Sin embargo, si el hecho de que el padre de la niña es un ministro de Estado y eso permitió conseguir mayor rapidez en la atención, pues no queda otra cosa que agradecer la suerte de la accidentada. El argumento escuchado estos días no puede ser esgrimido como si por atender a Ema con mayor o menor urgencia se dejó morir a una docena de hijos de chilenos de a pie.
En definitiva, es urgente que en este proceso electoral que cada vez se enciende más, los políticos de uno y otro lado sepan seguir un diálogo, por muy áspero que éste sea. Es deber de los electores, en tanto, exigir esto y premiar con la fuerza del voto a quien realmente sepa dar argumentos constructivos.

