Falta de coraje

Posted on March 19, 2009 by Alberto López-Hermida Russo and filed under Análisis Político.

Era cuestión de tiempo para que el tema del aborto terapéutico saliera a la arena electoral, como lo ha hecho en todas las últimas elecciones una vez recuperada la democracia. Quizás la gran diferencia en esta oportunidad, es que el candidato que sacó la cuestión – militante DC – tiene que apearse la herencia ideológica de dos gobiernos abiertamente progresistas.


Efectivamente, al Frei de 1994 le fue fácil escabullirse del tema e incluso rechazar el asunto sin más. Entonces, la herencia de Patricio Aylwin era principalmente política y la Democracia Cristiana aún conservaba una indiscutida superioridad cuantitativa y cualitativa frente a sus aliados concertacionistas.


Sin embargo, al Frei de 2009 le es imposible evadir el tema por una razón muy simple: la dirección ideológica de la Concertación la lleva el ala llamada, precisamente, “progresista” o en castellano clásico: la siniestra.


Ese lado del espectro político se considera dispensado de trabas seculares y entiende la libertad como emancipación, como ruptura con todo lo que ellos llaman “tabú”. Considera lícito – si no deseable – probarlo todo, perdiendo el respeto por los valores del pasado. Ya no se aceptan tutelas externas, menos si vienen de la tradición, la naturaleza o la religión. Lo propio del “progre” es no aceptar más límites de los que él mismo se impone, cosa que no tardarán mucho en ponerse en duda. Como ilustra el fenómeno un autor español: “Prometeo y Fausto pueden estar en enhorabuena, pues sus sueños están por cumplirse”. 


Año tras año, elección tras elección, la Democracia Cristiana se equivoca cada vez de modo más contundente al procura encontrarle un lugar a su inspiración cristiana en estas categorías modernas que hoy obsesionan a la izquierda.


Este periódico desliz se traduce ante la opinión pública con una esquizofrenia retórica cada vez más retorcida.


Por un lado Eduardo Frei puede decir que, aunque personalmente puede pensar una cosa, como candidato piensa que hay que discutir lo contrario. Luego, el jefe de la bancada de senadores de la DC, Jorge Pizarro, señala el domingo que el aborto no es tema y, por arte de magia, el lunes rectificar que por supuesto es un asunto a discutir. Por último, el presidente de la colectividad, Juan Carlos Latorre, declara que aunque los principios de la DC son claros e inmodificables, “en el contexto de la Concertación”, sí puede ser discutido el asunto.


Todo lo anterior no hace más que suponer que el aborto – como cualquiera de los otros temas “progre” – pueden ser discutidos por un candidato separado de su condición de persona y por un partido apartado de su condición de miembro de una colectividad… La contradicción en estado puro.


Se ha llegado a un nivel de retorcimiento del lenguaje electoral que exige tomar una determinación: tener la gallardía de decir lo que se piensa y actuar en consecuencia.


A la DC del Bicentenario le falta el coraje de tomar una apuesta clara por temas que son de público interés. En asuntos como el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual y toda la batería de temas afines al progresismo ya no caben posturas ambiguas y así ocurre en muchos países llamados “desarrollados”.


Si el último Consejo Ideológico de la DC rechazó enfáticamente el aborto y luego candidatos, presidentes de partido y senadores hacen tambalear lo señalado en los estatutos, quiere decir que estos últimos son letra muerta y, en consecuencia, el partido está gravemente herido.


Más allá de la discusión sobre el aborto propiamente tal - hay que separar el fondo de la forma -  es insólito que un candidato y su partido no apuesten por una postura firme y clara. Tal como están las cosas hoy, no se hace más que engañar al electorado con indecisiones, silencios y ambigüedades.


Si finalmente la DC tuviera la valentía de decirle sí al aborto y a las apuestas de la agenda progresista que estime conveniente, generará un movimiento en su electorado: perderán a unos y ganarán a otros. Pero lo más importante es que el partido, el proceso electoral y el país entero ganarán en transparencia y verdad.