Alan y Alejandro Krausz

Mirada legal

 

Voto: ¿Obligación moral o legal?

Nov. 04 , 2010

11 Comments

Por Alejandro Krausz Bitrán

La discusión que se ha generado últimamente respecto de la voluntariedad u obligatoriedad del voto ha generado en la intelectualidad chilena un desorden de proporciones bíblicas. De una parte, la indiscutida líder del Progresismo nuestra ex presidenta Michelle Bachelet Jeria promulgó la reforma constitucional que instaura en Chile la inscripción automática y el voto voluntario. Dicha reforma contó con el beneplácito de todos los sectores políticos (oposición incluida, desde los más liberales a los más conservadores). Eso hasta ahora…

Llegada la hora de legislar la implementación de la mentada reforma, parte de la Democracia Cristiana ha sugerido mantener la inscripción automática, pero regresar al voto obligatorio. Esto, sustentado también en las ideas de algunos líderes de opinión como Fernando Paulsen, Kenzo Asahi, Oscar Landerretche y Jorge Navarrete, expresadas en, a mi juicio,  muy bien fundadas columnas de opinión y entradas en sus blogs u otros sitios de difusión de ideas.

Sin entrar en la discusión de si es ético o no desconocer un acuerdo político adoptado voluntariamente hace menos de un año, creo que es relevante el tema planteado acerca de la conveniencia o no del voto obligatorio pues si estimamos que este último es la  solución correcta, aun podemos admitir que estuvimos equivocados y enmendar el rumbo. De estimar lo contrario, avanzar en la dirección que se había acordado.

Sus argumentos, creo yo, pueden ser sintetizados en los siguientes:

a) Desde un punto de vista lógico resulta incomprensible que cumplir el deber de votar se perciba como una imposición intolerable, distinta a otras obligaciones que no se discuten; y
b) El voto voluntario perjudica a las familias con menos recursos. En los países donde se ha implementado el voto voluntario, ello ha implicado, en promedio, una menor participación electoral por parte de los ciudadanos con menos recursos.

El primer argumento pretende comparar la obligatoriedad de votar con la de pagar impuestos, usar el cinturón de seguridad o vacunarse. Todas obligaciones fastidiosas pero que el Estado estima como necesarias y que cumplimos sin chistar. En ese sentido, salvo el tema de los impuestos, me parece acertada la comparación y sólido el argumento: el estado adopta ciertas normas que vulneran nuestra libertad para elegir, en el entendido que son para nuestra protección o beneficio.

Sin embargo, debemos recordar que dentro de estas normas está también la censura en todas sus formas y miles de potenciales normas que el Estado podría adoptar intentando velar por nuestro bienestar que bien pudiésemos estimar excesivas. Aquí la pregunta es dónde tiramos la línea y si la obligatoriedad del voto la rebasa o no.

El segundo argumento constata una realidad: en los países en donde existe el voto voluntario, salvo excepciones como Uruguay, ha mermado considerablemente la participación de las personas con menos recursos y por ende, el voto debe ser obligatorio. Con la primera parte, no puedo si no estar de acuerdo pues las estadísticas no mienten. La segunda aseveración en tanto, me parece un tanto peligrosa desde el punto de vista argumental: importa proteger a los segmentos más desposeídos de su propia voluntad. De lo anterior se sigue que el Estado desconfía que dichos segmentos estén capacitados para discernir si les conviene votar o no –en consecuencia el Estado toma la decisión por ellos- . Cuestionar su capacidad de discernir acerca de la conveniencia o no de votar, nos lleva indirectamente a cuestionar también si son capaces de discernir por quién votar, lo que sería una aberración. La pregunta que genera este argumento es si debemos darle mayor  peso al bienestar o a la libertad de elegir de un grupo determinado de personas.

Creo, empero, que la verdadera disyuntiva es si queremos un Estado más proteccionista (para no ocupar la palabra “paternalista” que algunos consideran insultante), en cuyo caso debemos estar dispuestos a sacrificar mayores libertades personales o si, en cambio, queremos un Estado más liberal, pero echándonos más responsabilidades en nuestros hombros (parafraseando a Ayn Rand,  la libertad, si nos tomamos el concepto en serio, supone también la libertad para equivocarse).

Creo que ambos caminos seguidos en forma ortodoxa son indeseables: En un extremo, podría ser tan libre que tendría la posibilidad de venderme –paradojalmente- como esclavo mientras que en el otro extremo podríamos llegar a una distopía como la descrita por el grupo de punk Dead Kennedys en su canción “California über alles”, vale decir un Estado omnipresente en las decisiones que debiesen ser eminentemente personales.

Como siempre, parece saludable sacar lo mejor de ambas líneas de pensamiento. En lo personal, me parece que votar es un deber moral y patriota. A su turno, pienso que es altamente perjudicial el abstenerse de votar, pues los políticos dirigen sus esfuerzos y proyectos a sus votantes. Luego, si un segmento se margina total o parcialmente del espectro electoral, desaparecerá en la misma medida del discurso de los políticos (Si no me cree, vea cuantos políticos han hecho carrera defendiendo los derechos de quienes habitan nuestras inhumanas cárceles).

Sin embargo, no creo que deba ser una obligación legal ni menos que se deba utilizar el aparato coercitivo y recursos del Estado para forzar su cumplimiento. Frente a una conducta que queremos modificar tenemos siempre dos opciones: desincentivar o sancionar la conducta contraria o incentivar la conducta querida. Así, no prohibimos que la gente fume, pues atentaría contra su libertad personal, pero si hacemos campañas en la que se premia a los que dejan de hacerlo mientras que llenamos las cajetillas de elementos disuasivos y cobramos altos impuestos para hacerlos más caros.

En tal sentido, creo que el voto debe ser voluntario pero fuertemente incentivado, por todos el aparataje comunicacional del Estado, sin perjuicio de poder también ofrecer otros beneficios como mejorar el puntaje de quienes votan al  momento de postular a subsidios estatales, etc.

Independiente de la opción que en definitiva adopte el Poder Legislativo, creo que lo más importante es que finalmente tendremos un padrón electoral mucho más democrático, plural e inclusivo y que los políticos deberán desplegar esfuerzos mucho mayores por captar nuestro voto, sea voluntario u obligatorio.
 Krausz Bitrán

La discusión que se ha generado últimamente respecto de la voluntariedad u obligatoriedad del voto ha generado en la intelectualidad chilena un desorden de proporciones bíblicas. De una parte, la indiscutida líder del Progresismo nuestra ex presidenta Michelle Bachelet Jeria promulgó la reforma constitucional que instaura en Chile la inscripción automática y el voto voluntario. Dicha reforma contó con el beneplácito de todos los sectores políticos (oposición incluida, desde los más liberales a los más conservadores). Eso hasta ahora…..

Llegada la hora de legislar la implementación de la mentada reforma, parte de la Democracia Cristiana ha sugerido mantener la inscripción automática, pero regresar al voto obligatorio. Esto, sustentado también en las ideas de algunos líderes de opinión como Fernando Paulsen, Kenzo Asahi, Oscar Landerretche y Jorge Navarrete, expresadas en, a mi juicio,  muy bien fundadas columnas de opinión y entradas en sus blogs u otros sitios de difusión de ideas.

Sin entrar en la discusión de si es ético o no desconocer un acuerdo político adoptado voluntariamente hace menos de un año, creo que es relevante el tema planteado acerca de la conveniencia o no del voto obligatorio pues si estimamos que este último es la  solución correcta, aun podemos admitir que estuvimos equivocados y enmendar el rumbo. De estimar lo contrario, avanzar en la dirección que se había acordado.

Sus argumentos, creo yo, pueden ser sintetizados en los siguientes:

a) Desde un punto de vista lógico resulta incomprensible que cumplir el deber de votar se perciba como una imposición intolerable, distinta a otras obligaciones que no se discuten; y
b) El voto voluntario perjudica a las familias con menos recursos. En los países donde se ha implementado el voto voluntario, ello ha implicado, en promedio, una menor participación electoral por parte de los ciudadanos con menos recursos.

El primer argumento pretende comparar la obligatoriedad de votar con la de pagar impuestos, usar el cinturón de seguridad o vacunarse. Todas obligaciones fastidiosas pero que el Estado estima como necesarias y que cumplimos sin chistar. En ese sentido, salvo el tema de los impuestos, me parece acertada la comparación y sólido el argumento: el estado adopta ciertas normas que vulneran nuestra libertad para elegir, en el entendido que son para nuestra protección o beneficio.

Sin embargo, debemos recordar que dentro de estas normas está también la censura en todas sus formas y miles de potenciales normas que el Estado podría adoptar intentando velar por nuestro bienestar que bien pudiésemos estimar excesivas. Aquí la pregunta es dónde tiramos la línea y si la obligatoriedad del voto la rebasa o no.

El segundo argumento constata una realidad: en los países en donde existe el voto voluntario, salvo excepciones como Uruguay, ha mermado considerablemente la participación de las personas con menos recursos y por ende, el voto debe ser obligatorio. Con la primera parte, no puedo si no estar de acuerdo pues las estadísticas no mienten. La segunda aseveración en tanto, me parece un tanto peligrosa desde el punto de vista argumental: importa proteger a los segmentos más desposeídos de su propia voluntad. De lo anterior se sigue que el Estado desconfía que dichos segmentos estén capacitados para discernir si les conviene votar o no –en consecuencia el Estado toma la decisión por ellos- . Cuestionar su capacidad de discernir acerca de la conveniencia o no de votar, nos lleva indirectamente a cuestionar también si son capaces de discernir por quién votar, lo que sería una aberración. La pregunta que genera este argumento es si debemos darle mayor  peso al bienestar o a la libertad de elegir de un grupo determinado de personas.

Creo, empero, que la verdadera disyuntiva es si queremos un Estado más proteccionista (para no ocupar la palabra “paternalista” que algunos consideran insultante), en cuyo caso debemos estar dispuestos a sacrificar mayores libertades personales o si, en cambio, queremos un Estado más liberal, pero echándonos más responsabilidades en nuestros hombros (parafraseando a Ayn Rand,  la libertad, si nos tomamos el concepto en serio, supone también la libertad para equivocarse).

Creo que ambos caminos seguidos en forma ortodoxa son indeseables: En un extremo, podría ser tan libre que tendría la posibilidad de venderme –paradojalmente- como esclavo mientras que en el otro extremo podríamos llegar a una distopía como la descrita por el grupo de punk Dead Kennedys en su canción “California über alles”, vale decir un Estado omnipresente en las decisiones que debiesen ser eminentemente personales.

Como siempre, parece saludable sacar lo mejor de ambas líneas de pensamiento. En lo personal, me parece que votar es un deber moral y patriota. A su turno, pienso que es altamente perjudicial el abstenerse de votar, pues los políticos dirigen sus esfuerzos y proyectos a sus votantes. Luego, si un segmento se margina total o parcialmente del espectro electoral, desaparecerá en la misma medida del discurso de los políticos (Si no me cree, vea cuantos políticos han hecho carrera defendiendo los derechos de quienes habitan nuestras inhumanas cárceles).

Sin embargo, no creo que deba ser una obligación legal ni menos que se deba utilizar el aparato coercitivo y recursos del Estado para forzar su cumplimiento. Frente a una conducta que queremos modificar tenemos siempre dos opciones: desincentivar o sancionar la conducta contraria o incentivar la conducta querida. Así, no prohibimos que la gente fume, pues atentaría contra su libertad personal, pero si hacemos campañas en la que se premia a los que dejan de hacerlo mientras que llenamos las cajetillas de elementos disuasivos y cobramos altos impuestos para hacerlos más caros.

En tal sentido, creo que el voto debe ser voluntario pero fuertemente incentivado, por todos el aparataje comunicacional del Estado, sin perjuicio de poder también ofrecer otros beneficios como mejorar el puntaje de quienes votan al  momento de postular a subsidios estatales, etc.

Independiente de la opción que en definitiva adopte el Poder Legislativo, creo que lo más importante es que finalmente tendremos un padrón electoral mucho más democrático, plural e inclusivo y que los políticos deberán desplegar esfuerzos mucho mayores por captar nuestro voto, sea voluntario u obligatorio.



Comments:

Muy buena la columna, aunque discrepo con la preferencia al voto voluntario. Además, estimo que establecer incentivos de carácter económico para votar, puede ser un poco perverso.
No obstante lo anterior, se agradece la claridad de los argumentos planteados.
Saludos,
Paulina

Posted by Paulina Fernándex on November 04, 2010 at 12:26 PM CLST #

A los Krausz Soy nacionalisado sueco pero siempre chileno i lo sere hasta el dia que me muera pero tambien muestro respeto por mi nuebo pais,quisiera conocer chile un poco mas esos paysajes inolbidables que son chile si tubiera tiempo i ocasion Votar para mi en cuanto a chile es botar el tiempo en una cosa que no ba a cambiar jamas.

Posted by Erasmo bernales ochoa on November 04, 2010 at 03:00 PM CLST #

por la opcion de voto obligatorio puedes contar tambien a Santiago Pavlovic y a Mauricio Bustamente, aunque este ultimo no lo ha dicho tan explicitamente.
100% de acuerdo, entiendo perfecto las razones para el voto obligatorio, pero me parece que es la peor paradoja de la democracia.
Muy buena columna.
Gracias,

Posted by Mariana on November 04, 2010 at 07:29 PM CLST #

Estimada Paulina:

Gracias por tu comentario. Habría que estudiar la forma y entidad de los incentivos, pero siempre es preferible persuadir a obligar.

Saludos,

Posted by Alejandro Krausz Bitrán on November 04, 2010 at 07:57 PM CLST #

Estimado Erasmo:

Sinceramente, no entendí cual era tu punto.

Saludos,

Posted by Alejandro Krausz Bitrán on November 05, 2010 at 01:36 PM CLST #

Estimada Mariana:

Y muchos otros más y tienen un punto valioso. Aún así pienso que se pueden conciliar las 2 posturas. Simpre es mejor persuadir que obligar.

Saludos,

Posted by Alejandro Krausz Bitrán on November 05, 2010 at 01:37 PM CLST #

Estimado Alejandro con mucho respeto lo que yo quiero decir es que da verguensa cuando uno llega a chile i lo primero que a uno le dicen en el avion cuide sus maletas en el control,despues la agonia de ver que despues de cerca de cuarenta años las medias aguas te saludan al llegar donde esta el progreso en el bolsillo de personas como Piñera i otros mas.Paselo bien hombre saludos.

Posted by Erasmo bernales ochoa on November 05, 2010 at 02:29 PM CLST #

Estimado Erasmo:

Gracias por la aclaración.

Saludos,

Posted by Alejandro Krausz Bitrán on November 05, 2010 at 05:23 PM CLST #

todavia algunas personas creen en eso de muchos derechos, pocas obligaciones? no sabia que vivieramos en Holanda! Cuanta libertad disfruto, un pais muy libre y lleno de placeres! Voy a ir al Carnaval de Rio de Santiago a gozar de los derechos y de las 0.1% de obligaciones que tengo como chileno, gracias!

y de paso me voy a bañar en las playas tropicales de Chile!

Posted by ludovico on November 05, 2010 at 06:58 PM CLST #

OK en definitiva estamos de acuerdo: VOTO VOLUNTARIO ... y también coincido contigo en que se debe incentivar el que se ejerza el derecho !! con métodos novedosos e ingeniosos ... pero NO al voto Obligatorio! es de otra época !!

Posted by Sonia Epstein on November 08, 2010 at 10:20 PM CLST #

Muy buena columna, Alejandro.
Soy partidario del voto obligatorio, lo creo un deber cívico insoslayable.
En un estado de derecho -que supimos conseguir- el voto representa nuestra cuota-parte de la república. Y el acto de depositar esa cuota-parte en una persona, que representa un conjunto de ideas, es nuestra manera delegar simbólica y circunstancialmente nuestro fragmento de poder. Votar en blanco, en todo caso, pero votar. El voto voluntario es una renuncia a lo inalienable.

Posted by Martín Vinacur on November 15, 2011 at 01:22 PM CLST #

Post a Comment:
  • Quedan 500 caracteres

  • HTML Syntax: NOT allowed

Enlaces

Feeds