El politólogo
Nov. 11 , 2008
Después de haber oficiado de ideólogo en su libro "El desalojo",
Andrés Allamand vuelve como "politólogo" de las izquierdas en Chile, en
una columna publicada anteayer en La Tercera. Su afán es demostrar que
Chile no es un país de izquierda, contrariando las pretensiones
concertacionistas de correr el cerco hacia aquel lado del espectro, sin
perder anclaje en el centro político.
Para demostrar que los
chilenos no sólo no son de izquierda, sino que además votarían por
Sebastián Piñera -al adherir a postulados de derecha-, el politólogo
Allamand recurre a datos de encuesta; algunos resultados
contra-intuitivos de la última elección municipal (¿por qué gana la
derecha en algunos municipios pobres?); caudales electorales
históricos de los partidos; para concluir -nada menos- con un
"empírico" desmentido a la máxima de Marx: "de cada cual según sus
capacidades, a cada cual según sus necesidades". Es decir, un escaso
sentido del ridículo, en donde el valor de los datos solicitados no
reside en ellos, sino en la calidad intelectual de su interpretación.
A
decir verdad, no hay manera de afirmar categóricamente que una sociedad
es de izquierda o de derecha, ya que supondría disponer de datos
subjetivos inequívocos. En tal sentido, los datos de identificación
partidaria o de autoposicionamiento en el eje derecha-izquierda son
doblemente insuficientes: primero, porque una minoría de los
encuestados se identifica con partidos (un poco más lo hace con
coaliciones); segundo, a causa de la vaguedad involucrada en el
ejercicio escolar de clasificarse en alguna parte de un continuo, dando
por sentado que el significado que el politólogo le atribuye a la
"izquierda" o a la "derecha" corresponde exactamente al significado que
le confiere el encuestado.
Tampoco son concluyentes las respuestas a
preguntas supuestamente reveladoras de lo que
ser-de-izquierda-o-derecha quiere decir: que el 91,1% de una muestra de
entrevistados considere que sea justo que se le pague más al que rinde
más en su trabajo, no sólo no constituye una prueba de rechazo a
valores igualitarios de izquierda, sino que además olvida preguntarse
-esta vez como sociólogo- si tras esta respuesta hay una ideología en
forma, una concepción abstracta de la justicia social (o laboral), una
aproximación práctica a un problema o una respuesta personal originada
en una situación particular… suponiendo que sepamos qué significa
"rendir más".
En el origen de estas dudas se encuentra la ilusión
de que una pregunta es comprendida por todos y del mismo modo, en
circunstancias que es sabido que lo que Bourdieu llamó "efectos de
imposición de problemática" suelen producir innumerables problemas de
interpretación de las "opiniones" individuales recogidas y agregadas a
través de encuestas.
Nada de lo anterior justifica, entonces, los
temores de Allamand respecto de un eventual "giro a la izquierda" por
parte de la Concertación. De haber un giro, se debe en primer lugar a
una necesidad de naturaleza electoral, partiendo del supuesto de que
ningún candidato presidencial se impondrá en primera vuelta, lo que
obliga a todos a dotarse de una reserva de votantes para la segunda
ronda.
Pero este giro también se explica por un desfase entre la
naturaleza del debate político e intelectual internacional y el
localismo de nuestra propia controversia, lo que dejará de ser cierto a
causa de la crisis financiera en curso. Es de esperar que un debate más
culto apacigüe el fantasma anticomunista de Allamand, verdadera razón
de su propia fantasía.



