Los replicantes
Sep. 02 , 2009
Frankenstein la lleva: en Buenos Aires el musical, en México la ópera rock, Guillermo del Toro va a hacer la película en 2010, el engendro está de moda, Hans Larsson, un paleontólogo canadiense, quiere crear dinosaurios mediante la manipulación genética de embriones de pollos, me da miedo seguir leyendo (¿para qué queremos más dinosaurios?), y entonces arranco para el cine. En 1931 James Whale realizó “Frankenstein”, con Boris Karloff encarnando al monstruo que se convertiría en un ícono del cine de terror. En la novela de Mary Shelley, escrita en 1818, el Doctor Víctor Frankenstein quería penetrar los misterios de la naturaleza humana mediante una “manipulación genética” bastante burda: crear un ser a partir de trozos de cadáveres humanos, lo que consigue cuando infunde una chispa de vida en lo que resultó ser un esperpento condenado a ser rechazado. El tema del doble, o de la creación de un ser similar a los humanos, ya había tenido una versión en el cine expresionista alemán en El Golem (1914), de Paul Wegener y Henrik Galeen. La película está basada en una antigua leyenda judía en la que un rabino, por obra de la cábala, le da vida a una figura de arcilla para defender a los judíos. Pero, la criatura se escapa de control y provoca catástrofes. Obviamente, nadie lo quiere. Entre las más destacadas historias acerca del doble llevadas al cine está “Blade Runner” (1982), dirigida por Ridley Scott basada en la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, escrita en 1968. A Dick le interesaba la ciencia ficción no sólo para narrar historias sino especialmente como un lugar desde donde abordar los dilemas de la naturaleza humana. El argumento gira en torno a una empresa transnacional de manipulación genética que ha creado unos seres artificiales tan sofisticados, los replicantes, la versión tecnológica más avanzada del modelo Nexus 6, cuya perfección hace difícil diferenciarlos de los humanos. Pero, ellos están programados sólo para funcionar durante cuatro años y, lo peor, carecen de recuerdos y emociones. Los replicantes se sublevan al descubrir que están condenados a muerte. No entienden por qué su creador, a quien se refieren como el Padre, los condenó a un destino tan despiadado. Tras ellos está el policía Deckard, Harrison Ford, cuyo objetivo es eliminarlos. Mientras tanto, toma píldoras para manejar su estado anímico, es adicto a la televisión y un mercenario sin escrúpulos (¿les suena conocido?). La escena clave para reflejar la dificultad para distinguir a los humanos de los robots está al final cuando el replicante Roy (Rutger Hauer) opta por lo inesperado y le salva la vida a su verdugo dejándolo sumido en la más profunda estupefacción y le dice: “Yo he visto cosas que ustedes los humanos no imaginan. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos centellando en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhäusser...Todos esos recuerdos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Quizá las drogas, los calmantes, los activadores cerebrales y los pollos convertidos en dinosaurios ya nos transformaron genéticamente. Quizá, como pensaba Philip K. Dick, necesitamos que venga un replicante y nos diga un par de cosas.






El desarrollo de la inteligencia artificial esta cada vez mas cerca. Y luego que nos supere aun seguiremos aprendiendo, jamas dejaremos de aprender
Posted by Daniel Peroni on September 02, 2009 at 04:14 PM CLT #
Posted by ciQta on September 02, 2009 at 04:19 PM CLT #
Posted by Pola on September 02, 2009 at 05:24 PM CLT #
Posted by tatan on September 02, 2009 at 06:02 PM CLT #
Buena columna.
Posted by Cristóbal on September 02, 2009 at 08:10 PM CLT #
Posted by Ricardo on September 02, 2009 at 10:37 PM CLT #
Posted by camila zegers on September 04, 2009 at 10:43 AM CLT #