Augusto Góngora

Góngora en Fragmentos

 

La ciudad interior

Nov. 26 , 2008

4 Comments

Se va a realizar el seminario internacional “CIUDAD Y DESEO”, organizado por la Universidad de Chile, para debatir sobre “la ciudad que deseamos”. Me cautivó el nombre. Me quedé pensando que estamos tan acostumbrados a relacionar la ciudad con frustraciones, temores y tragedias que situarla en el eje de los deseos y las fantasías puede ser una aventura.


Fue entonces que me acordé de Fellini y de La dolce vita, película que el cineasta calificó como “una ciudad interior”. Pero antes de abordar ese tema hay que decir que la noche del estreno todo comenzó mal. Muy mal.


La noche es fría y hay ráfagas de viento que se esparcen con fuerza por las calles de la ciudad. En una sala de cine, centenares de trajes elegantes pasean por el vestíbulo mientras las joyas se intercambian sonrisas y destellos.


Durante la función el director de la película ha estado sentado entre el público, tratando de no adormecerse con la infinidad de perfumes que compiten en silencio para justificar su asistencia al evento.


Cuando todo termina y se encienden la luces algunas manos dispersas aplauden, pero pronto son silenciadas por los abucheos. Los trajes y los perfumes comienzan a salir de la sala y en el vestíbulo un abrigo de visón se abalanza sobre el director y le grita ¡usted quiere que caigamos en manos de los bolcheviques!, mientras un impecable frac negro se acerca y lo escupe en la cara.


 Era el 5 de febrero de 1960, en Milán, la noche en que Federico Fellini y su esposa Giulietta Masina, acompañados de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, concurrieron al estreno de La Dolce Vita. El tumulto era sólo el preludio de una encarnizada batalla librada en los medios de comunicación, los púlpitos, el parlamento y las calles.


La película transcurre en la Vía Veneto, centro del llamado jet set, frecuentado por la realeza, hijos de dictadores latinoamericanos, escritores, publicistas, empresarios, trepadores, estrellas sin destino, vendedores de portadas y un periodista demasiado seducido con los acontecimientos que cubría en la alta sociedad romana. Es decir, un ejército desesperado por divertirse de cualquier modo para atenuar el aburrimiento y el vacío.


Algunos parlamentarios trataron de prohibir la película, un jesuita la consideró una crítica necesaria, alguien dijo que era una obra maestra, L'Osservatore Romano la calificó de indecente y desagradable, más aún, obscena y sacrílega, grupos católicos trataron de que nadie la viera y los ciudadanos no hicieron caso.


Los italianos fueron sacudidos por la historia porque los personajes de la pantalla pululaban por el mundo real, el de todos los días. La Dolce Vita fue percibida como una acusación social, moral y política de una sociedad que había reducido el crecimiento económico de posguerra a la búsqueda de objetivos materiales y diversiones vacías.


Fellini sólo dijo que La Dolce Vita no era la Roma visible sino un reflejo del espíritu, "una ciudad interior".


Hoy me hace mucho sentido la metáfora de la ciudad interior, la que bulle por debajo, la que es mejor que asome, para que nos miremos y nos reconozcamos, antes de perdernos en laberintos de superficie y olvidar cuales eran los sueños, por donde iban las ganas.



Comments:

El que sueña es el que crea la proyeccion de la realidad; los otros, usufructuan de ella usandola,
casi siempre deteriorandola. Hasta la tuerca es producto de un soñador/inventor; la ciudad se vuelve
asi llena de temor y frustracion y eso, porque no
habitan soñadores en ella. Los que solo la usan
devoran los sueños, y la proyeccion se extingue en
"laberintos de superficie", como muy bien describes.
Conclusion; mucho ingeniero/empresario, poco soñador.

Posted by chris hohn on November 27, 2008 at 07:17 AM CLST #

En esa ciudad interior esta perdido en esos laberintos superficiales,nuestro barrio de juventud, en el que se reflejaba nuestro verdadero ser en potencia, limpio, puro y alegre y que se fue perdiendo en ese laberinto.Un abrazo.

Posted by Roberto Jimenez Gomez on November 27, 2008 at 08:04 AM CLST #

Hay que recordar que en esos mismos años sesenta, también en europa, precisamente en el Centre for Contemporary Cultural Studies, en Birmingham, Inglaterra un grupo de académicos situaba a la obra de arte como signo legítimo de estudio sobre las sociedades y las culturas: 'estudios culturales' le han llamado. Entonces cabe preguntarse por qué Fellini dice lo que dice en la Dolce Vita; por qué causa tanta molestia; es signo de qué, dichas respuestas?. Sobre lo interior, pues el concepto de Raymond Williams siempre es un aporte: Estructuras profundas del sentir... es allí donde habita la historia, el sentido interior de la realidad, y de esa que nos podemos y permitimos construir.
Me hubiera gustado de Góngora, a pesar de su buena crónica, un asedio más sospechoso sobre el deseo. En su ausencia hay un mensaje, y en mi inquietud igual.

Posted by Martín Quintana on November 27, 2008 at 11:54 AM CLST #

Más información sobre el SEMINARIO INTERNACIONAL CIUDAD Y DESEO: EXCLUSIÓN Y DIVERSIDAD en http://www.laciudad.uchile.cl/

Posted by Claudio Pulgar Pinaud on December 01, 2008 at 12:31 PM CLST #

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