Cuerpos en el teatro
Jan. 26 , 2009
En medio de la oscuridad de pronto se enciende una luz cenital y descubro que desde el fondo del escenario una mujer camina lentamente hacia el público a través del silencio. Su cuerpo es frágil y tiembla, a cada paso sus tobillos están a punto de doblarse, realiza un enorme esfuerzo para entrar en un mundo oscuro y desolado, siento que su cuerpo viene viajando desde profundidades muy lejanas.
La escena pertenece a la obra “Purgatorio”, de Mauricio Celedón, que pudimos ver hace tres años. Y en la obra “Paraíso”, presentada por el director en la reciente versión de Santiago a Mil, los cuerpos deambulaban por otros lados. Cuerpos colectivos, agitados, apresurados. Urgidos por las guerras de un mundo tan globalizado y tan guerrero que parece olvidar la fragilidad, la delicadeza y el valor de cada cuerpo.
Siempre he tenido la sensación de que el cuerpo tiene varias capas, o varios cuerpos, algunos asomados a la superficie o a nuestra conciencia mientras otros permanecen en las profundidades, en las catacumbas.
Cuerpos ocultos, enterrados, subterráneos, olvidados, clandestinos, abandonados, cuerpos que como vagabundos ciegos intentan asomarse, salir a la superficie, romper las barreras del encierro, cuerpos que tienen las huellas de nuestra historia, cuerpos que tienen cosas que decirnos.
Y en la obra “Kôrper” (Cuerpos) de Sasha Waltz (la sucesora de Pina Baush, figura clave de la danza contemporánea alemana), hay una potente escritura con el cuerpo que remite tanto a los sufrimientos en los campos de concentración nazis como a la relectura que los cuerpos hacen de sí mismos respecto de lo femenino y lo masculino.
La presencia cercana de los cuerpos en un escenario teatral tiene un enorme poder para construir emociones y estas obras, y tantas otras, me provocan la sensación de que el cuerpo tiene varias capas, o varios cuerpos, algunos asomados a la superficie o a nuestra conciencia mientras otros permanecen en las profundidades, en las catacumbas.
Cuerpos ocultos, enterrados, subterráneos, olvidados, clandestinos, abandonados, cuerpos que como vagabundos ciegos intentan asomarse, salir a la superficie, romper las barreras del encierro, cuerpos que tienen las huellas de nuestra historia, cuerpos que tienen cosas que decirnos.
Al correr de estas notas se me vino a la memoria un libro de Therese Berterat, “El cuerpo tiene sus razones”, donde afirma que si el cuerpo es una casa apenas conocemos un par de habitaciones mientras las otras permanecen ocultas, llenas de telarañas, clausuradas. Cuerpos no expresados que el teatro, en algunas ocasiones, intenta sacar a la superficie.




mil en la
capital y que lo aprovechen .nuestros cuerpos son muchos cuerpos que no vamos a terminar de conocerlos a todos ,y cuando conoces al que no habias visto te sorprenderas yo te lo digo por experiencia
Posted by zagda on January 26, 2009 at 10:12 AM CLST #
Posted by samuel este on January 27, 2009 at 06:53 PM CLST #
Posted by elefante on January 28, 2009 at 11:05 AM CLST #