Augusto Góngora

Góngora en Fragmentos

 

El hijo del camionero

May. 17 , 2012

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En Chile un profesor universitario de una escuela de arquitectura, de la cual además era Decano, sostuvo en una entrevista que, dado su origen social, sus alumnos no tienen la capacidad intelectual suficiente y carecen de “sofisticación". Señaló además, para justificar sus afirmaciones, que incluso uno de ellos "es hijo de un camionero". Paradojalmente, pocos días antes se había aprobado una ley antidiscriminación. El profesor fue despedido por sus afirmaciones.


En alguna oportunidad Julio Olalla, un maestro del coaching (The Newfield Network) nos formuló una pregunta: "¿Qué ocurriría si en vez de medirnos por las respuestas nos evaluaran por las preguntas que seamos capaces de hacernos?" La propuesta me impactó y comencé a trabajarla con mis alumnos en diversas universidades en las que soy profesor. Fuimos descubriendo que desde las preguntas se generan otras miradas, otras conversaciones y aparecen emociones que antes no surgían. Construir preguntas es muy diferente a tener que aprender de memoria algunas respuestas encontradas en libros o a repetir las opiniones del profesor. Tenemos demasiadas respuestas y pocas preguntas.


Cuando los alumnos generan preguntas inauguran otros mundos, abren múltiples posibilidades, transforman al Observador que son y eso les permite experimentar un proceso de reflexión y búsqueda que potencia su capacidad de aprendizaje. El eje cambia radicalmente: no hay profesores que enseñan sino alumnos que aprenden, lo que viene a ser la finalidad central del proceso educativo. Esta opción permite que los estudiantes adquieran competencias de aprendizaje que les van a servir para toda la vida. Se me viene a la memoria una de las obras del educador brasileño Paulo Freire que se llama "La educación como práctica de la libertad".


En el mundo líquido y veloz en que vivimos (Zygmunt Baunman) muchas respuestas tienen corta duración y lo “sofisticado” en algunas ocasiones está más relacionado con el ego del profesor que con la disposición de estar al servicio del estudiante. Y, lo que es mucho más importante, en el contexto del viaje que inauguran las preguntas el hijo del camionero tiene la misma dignidad que el hijo del profesional o del empresario.


El señor que maneja camiones alguna vez soñó que su hijo podría llegar a ser un profesional, creyó que era cierto que en Chile somos todos iguales y entre viaje y viaje ahorró para que su hijo ingresara a la universidad. Seguramente había llegado a convencerse de lo que señala nuestra constitución en el artículo primero: "Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos." El hijo de este señor seguramente comenzó a observar el mundo de otro modo cuando logró entrar a la universidad y debe haber sentido un gran dolor cuando se enteró que su profesor estimaba que no tenía capacidad intelectual ni sofisticación.


En este contexto es útil recordar algunos hechos. Los padres del ex Presidente Luis Inacio Lula da Silva eran campesinos analfabetos y él un obrero metalúrgico. El padre de Neruda era trabajador en los diques de Talcahuano y ferroviario. El padre de García Márquez era telegrafista. El padre del destacado dramaturgo Juan Radrigán era mecánico y él fue vendedor, dependiente de tienda y envasador, entre otros.


El hijo del camionero tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de sí mismo y de su padre.


(Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network)

La batalla de las imágenes

Mar. 30 , 2012

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En las semanas recientes hubo un debate sobre las imágenes que mostraban los noticiarios de TV al inicio de la información del movimiento social en Aysén. En el titular visual ¿debían mostrarse las imágenes del bloqueo de caminos o las de las manifestaciones pacíficas de la multitud? Lo mismo ocurrió el año pasado con el movimiento estudiantil: ¿el titular visual debía centrarse en los desórdenes provocados por los encapuchados o en las marchas pacíficas de los estudiantes? El tema no es menor porque las imágenes que se seleccionan siempre responden a un modo subjetivo de presentar los acontecimientos.

La controversia en torno a las imágenes tiene una larga historia. El Antiguo Testamento señala No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra (Éxodo 20, 4-6). El destacado historiador del cine y ensayista Román Gubern señala en su libro Patologías de la imagen que esta especie de iconofobia pretendía ser una "protección contra la tentación idolátrica".

Este tema desató encendidos debates teológicos a lo largo de la historia y recién en el Concilio de Nicea del año 787 se legitimó la creación de imágenes. La decisión, sostiene Gubern, se justificó señalando que el honor rendido a la imagen alcanza al prototipo (translatio ad prototipum) y aquel que se inclina ante el ícono lo hace ante la divinidad. El que un Concilio tuviera que hacerse cargo del tema de las imágenes evidencia la importancia de ellas en el terreno del poder y de la construcción simbólica.

En una exposición sobre las representaciones de Jesús realizada hace varios años en Alemania los organizadores señalaron que, con el paso de los siglos, resultaba evidente que la representación de Jesús se fue europeizando, su piel fue más clara y sus cabellos ondulados y castaños o rubios.


En el cine también se han visto representaciones de Cristo muy distintas según quien las haya realizado. El cineasta Pier Paolo Passolini, en El evangelio según San Mateo (1964) y Franco Zeffirelli en Jesús de Nazareth (1977) ponen en escena dos versiones muy distintas de Jesús.


Passolini, poeta, escritor y dramaturgo marxista, lo aborda en su dimensión histórica creando un personaje más humano que divino. Y esa mirada está reforzada con una película en blanco y negro y una estética realista. Un personaje terrenal, de este mundo. Por su parte, Zeffirelli, un católico muy cercano al Vaticano, realiza una versión a todo color, con filtros en el lente para acentuar una imagen etérea, con un tratamiento cinematográfico que le otorga solemnidad y grandeza. Con una cámara que, más que filmarlo, lo contempla y lo venera.


Las imágenes se pueden convertir en un campo de batalla en donde se expresa una disputa de poder que tiene muchos siglos y permanece hasta hoy. La lucha por dominar el imaginario colectivo es intensa. No es casual que uno de los primeros objetivos de los vencedores de una revolución o una guerra sea derribar las estatuas y retratos del gobernante desalojado del poder.


Las imágenes no son neutras. Por el contrario, expresan diferentes visiones de la historia y del mundo que nos rodea. Así es que, atención, hay que ponerle mucho ojo a las imágenes.

Innovación, la fábrica de sueños

Feb. 24 , 2012

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El invento del cine fue producto de una acumulación de descubrimientos que son consecuencia del progreso científico de una época más que del esfuerzo de una persona. Sin embargo, en ese proceso hubo emprendedores que fueron capaces de sintetizar hallazgos dispersos para desarrollar innovaciones relevantes.


Hacia fines del siglo 19 en Estados Unidos Edison fue el primero en impresionar imágenes en celuloide; los hermanos Lumiere en Francia fabricaron una cámara, que al mismo tiempo era proyectora, que les permitió registrar imágenes de la vida cotidiana y proyectarlas para públicos masivos. Y también aparece un tercer personaje, Georges Méliés, que crea lo que más tarde se llamó “la fábrica de sueños”, la industria del cine de ficción. Todos ellos eran emprendedores, pero cada uno vio lo que su capacidad de observación les permitía.


Georges Méliés, que asiste a la primera exhibición el 28 de diciembre de 1895, propone a los Lumiere comprarles la máquina cinematográfica pero ellos se niegan y le dicen que el aparato sólo iba a ser útil para fines científicos. Se equivocaron de manera rotunda. Méliés, porfiado, fabrica su propia cámara y en 1902 realiza el film “Viaje a la Luna” dando un giro radical al lenguaje cinematográfico, inaugurando la posibilidad de narrar historias y  generar mundos de ficción. Él venía del teatro, era mago y jugaba con el ilusionismo. Méliés era un observador diferente que pudo ver posibilidades que otros no vieron.


El emprendimiento y la innovación son procesos impulsados por la necesidad de generar cambios y ampliar las posibilidades de acción de personas, instituciones o empresas. Pero estos procesos se enfrentan con dificultades. Entre ellas, el miedo al cambio, a lo nuevo, a explorar territorios que se perciben como inciertos, etc. Pero las rutinas generan una falsa sensación de estabilidad y el “piloto automático”, esa entelequia que impide la aparición de nuevas ideas, termina imponiéndose. Desde allí la innovación se hace imposible y se bloquean los procesos de apertura. Lo grave del asunto es que se tiende a creer que mientras otros cambian, algunos se quedan estáticos. Pero el hecho es que cuando los demás cambian y se mueven los que se quedan estáticos en realidad retroceden.


A lo que es necesario tenerle miedo es al inmovilismo no al emprendimiento y la innovación. Zygmunt Bauman, un sociólogo, filósofo y ensayista polaco ha abordado el tema del “mundo líquido”. Sostiene que, para comprender al mundo actual, que se mueve a gran velocidad, es necesario poner el foco en los flujos más que en las estructuras. Es necesario asumir que actualmente los diagnósticos tienen corta duración. En consecuencia, es fundamental desarrollar la capacidad de trabajar con diagnósticos dinámicos, que son los que tienen la capacidad de actualizarse de modo permanente para generar procesos de emprendimiento.


La innovación necesita impulsar procesos creativos permanentes que nos liberen de razonamientos burocráticos y estrechos. Eso nos permite entrar en un cierto estado de flujo que facilita la intuición, amplía la mirada, potencia la capacidad de explorar e instala la curiosidad y el asombro como valores esenciales para el emprendimiento.


El aporte de Méliés fue observar, imaginar y crear los mundos nuevos de la fábrica de sueños. De todo esto se puede concluir que en el mundo líquido actual el emprendimiento y la innovación no son una opción, son una necesidad para la sobrevivencia y el cambio.


Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network

¿Recordamos o inventamos?

Feb. 07 , 2012

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 Michelle Philpots, una británica de 47 años, se levanta cada día por la mañana, vive diversas experiencias y al día siguiente no recuerda nada. Así ocurre desde 1994. Cada 24 horas olvida todo. Se dice que en ocasiones a los políticos les ocurre algo similar, lo que ya es preocupante, pero no quiero ni pensar qué sucedería si todos los habitantes de un país olvidáramos todo. Me imagino que no existiría el país, que seríamos apenas un tropel desbocado, sin memoria, sin historia.

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La ceguera nos persigue

Jan. 19 , 2012

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Cuando vamos al cine delegamos nuestra mirada se la cedemos al director de la película, quien convierte la cámara en los ojos del espectador. En una sala de cine somos voyeuristas, pero voyeuristas ciegos que miramos según los deseos y las fantasías de otro.


La ceguera nos persigue. Eso de que “el amor es ciego”, además de ser cierto, no vengamos con cuentos, sirve para evitarse uno que otro conflicto. O casi todos. Si no queremos enfrentar una situación compleja “miramos para el techo”, asunto que en Chile es una vieja tradición. Y cuando desde la inseguridad esquivamos tomar una decisión recurrimos al “vamos viendo”, lo que es una manera de no mirar lo que está pasando. Además no son pocas las veces en que damos “palos de ciego”. Algunos mitos aportan lo suyo. Uno de los mitos sobre la ceguera de Tiresias se atribuye a que observó a la virginal diosa Atenea bañándose desnuda, por lo que fue severamente castigado. En “Ensayo sobre la ceguera” José Saramago sostiene que la ceguera es contagiosa y sugiere la necesidad de sacarnos las vendas, hacernos responsables y volver a mirar. Pero, ¿cómo somos cuando miramos?


Observamos aquello que denominamos la realidad pero, como señala Rafael Echeverría (“El observador y su mundo”), nuestras percepciones son selectivas y no vemos todo lo que está frente a nuestros ojos. Prestamos atención –dice- a algunos de los elementos de nuestro entorno según nuestras inquietudes y deseos. Hay cosas que vemos y otras que no vemos.  Nunca podremos saber qué es lo que “realmente” está allí.


Mientras más distinciones tenga el Observador que cada uno de nosotros somos podemos potenciar nuestra mirada y expandir nuestra capacidad de acción. La tecnología ha permitido que los canales de televisión tengan diariamente una información precisa de las audiencias: las distinciones de rating/ share vinculadas a estratos socioeconómicos, género y edades de quienes ven un programa, y de quienes no lo ven, proporciona información para diseñar acciones y, por ejemplo, orientar sus formatos y contenidos hacia las audiencias que quieren conquistar o intentar recuperar a las que algún día tuvieron.


Una mirada con distinciones pertinentes según qué se quiere observar potencia al Observador que somos, se trate de personas, organizaciones o empresas. En todo caso, hay que asumir que nuestra mirada, y la de los otros, es subjetiva y no necesariamente vemos lo mismo, razón por la cual habitamos en mundos interpretativos. Lo que no está nada de mal porque eso nos permite, y nos exige, vivir en el pluralismo y la tolerancia


La mirada está inevitablemente determinada por la subjetividad de cada uno. Entonces, aquello que llamamos lo “real” finalmente es percibido y narrado de modo diferente según el Observador que somos. No sabemos cómo las cosas son sino cómo las observamos. Finalmente, señala Echeverría, “vivimos en un mundo en el que todos, de una u otra forma, somos ciegos.” 


Augusto Góngora, Coach Ontológico, The Newfield Network


El (t)error

Jan. 06 , 2012

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¿Cuál es la relación de ustedes con el error? Silencio. Díganme algo… ¿Cuál es la relación que han tenido con el error en su vida? De nuevo el silencio.


Algunos de mis alumnos de diversas universidades tienen instalado el error en el territorio de la penumbra, o derechamente en la clandestinidad. El error se oculta, incluso llega a instalarse como una característica personal. Algo así como “si cometo errores soy un error, no sirvo, no soy competente y en consecuencia lo oculto”. Y entonces surge la parálisis, el miedo a explorar. Y en ese contexto  repetir lo que ya existe se convierte en un lugar seguro y las posibilidades de innovar desaparecen.


A partir de esa constatación desarrollo un proceso de conversaciones para explorar la posibilidad de aceptar que el error es parte del proceso creativo. Einstein decía que el que nunca ha cometido un error no ha intentado nada nuevo.


Planteo también que no es sano ignorar el error, al contrario, hay que indagar, conocer su origen, su historia, en definitiva, vivir el proceso de comprenderlo. Entonces el error comienza a hablar, a decirnos cosas acerca de nosotros y cuando eso ocurre iniciamos un potente  proceso de aprendizaje. Entonces, ya sin miedo, el proceso creativo se transforma en un flujo en el que aparece la racionalidad flexible, la intuición, el juego y el placer de explorar y probar.


Cuando eso ocurre se instala otro estado de ánimo y comienza una poderosa dinámica en la que el lenguaje, las emociones y el cuerpo comienzan a danzar entre sí. El proceso del cuerpo es relevante porque la tensión y la rigidez vienen del miedo y la creación necesita un cuerpo libre, flexible, alegre.


El problema que hay que superar es que, en las más diversas actividades cotidianas que desarrollamos, la descalificación al error, y a nosotros mismos, está instalado como un piloto automático que nos paraliza y nos encierra en el territorio del miedo y la auto descalificación.


En cambio, aceptar la posibilidad de equivocarnos y abordar el error como parte del proceso creativo lo convierte en un poderoso aliado para los procesos de innovación. (Augusto Góngora, Coach Ontológico The Newfield Network.)

¡Grande Borghi!

Nov. 10 , 2011

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Por fin. Hacía falta. Borghi decidió ser autoridad y abandonó el rol del “amigo” de los jugadores, marginando a los que no cumplían reglas elementales.

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Jobs, el aprendiz

Oct. 14 , 2011

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Según Steve Jobs uno de los momentos claves de su vida fue cuando lo
despidieron de Apple. Fue bueno, dijo, porque la pesadez de tener éxito
fue reemplazada por la iluminación de ser nuevamente un aprendiz...

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Memorias del futuro

Sep. 15 , 2011

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Steven Spielberg afirma  que
“en los Setenta se levantó por primera vez en la industria del cine una
especie de restricción a la edad; a la gente joven se la dejó pasar,
con toda su ingenuidad y su sabiduría, y con todos los privilegios de la
juventud. Fue una avalancha de grandes y nuevas ideas, y por eso fue
una década crucial...

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Raúl Ruiz viene volando

Aug. 24 , 2011

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Raúl viene volando desde la noche de enfrente y por fin estará de nuevo en su tierra. Con los recuerdos imborrables que nos regaló volveremos todos a conversar con él durante una larga caminata, en medio de una filmación, en El Parrón, el Normandie o en su casa, y continuaremos fantaseando acerca del cine, de la vida o de cualquier tema que se asome, explorando, preguntando, escuchando sin apuro, arrancando de cualquier dogma que aplaste la imaginación.

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El poder de las conversaciones

Aug. 17 , 2011

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"Una cosa era cierta maestro, la negociación ha sido corta", dice Obi-Wan Kenobi, en el Episodio l de La guerra de las Galaxias que se titula “La amenaza fantasma”. Hay ocasiones en que hablamos mucho pero conversamos poco. Nos cuesta converger y parece que tenemos más a la mano el recurso autoritario de imponer. No conversar, especialmente cuando hay diferencias, se convierte en una amenaza fantasma que puede hacer explotar los conflictos.

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"Los archivos del Cardenal" y el canal público

Jul. 26 , 2011

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La serie recién estrenada por TVN ha generado algunas opiniones que sostienen que a través de ella se fomenta la división entre los chilenos. Además se dice que recordar ciertos hechos del pasado no es una tarea del canal público. No estoy de acuerdo. Creo que conocer las violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile nos permite asumir los inmensos dolores que se han vivido y hacernos cargo del país que hemos estado construyendo juntos.

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Ciudadanos huérfanos... pero con relato

Jul. 05 , 2011

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El movimiento estudiantil ha vuelto a poner en discusión el tema de la calidad de la educación pública. Ha introducido un relato que tiene que ver con valores, propuestas y metas en relación a los derechos, la equidad y otros.


Incluso al interior de las marchas hay múltiples narrativas y declaraciones que aspiran a cambiar el mundo: cantos, consignas, letreros, obras de teatro que se desarrollan durante las manifestaciones, performances, disfraces, máscaras, etc. El cartel que señala “Ya no basta con twittear” es uno de los más elocuentes y tiene sus raíces en la película de Aldo Francia “Ya no basta con rezar”, de 1972, cuando el tema de los cambios sociales era uno de los ejes centrales de la sociedad chilena.

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Los jóvenes y las incertidumbres

Jun. 17 , 2011

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Antes de los años 50 los jóvenes prácticamente no eran un grupo social reconocido con una identidad propia y pasaban rápidamente de la adolescencia a la adultez.  Eran reconocidos apenas como el pasado del adulto y mientras antes pensaran y actuaran como ellos mejor. No tenían un espacio y un rol reconocido, excepto cuando los mandaban a la guerra.


En los 60 y los 70 hubo un cambio radical. Los jóvenes se convirtieron en un grupo social activo, con identidad propia, con sueños y utopías. Salieron a la calle y ocuparon masivamente el espacio público para plantear sus aspiraciones. Los adultos se sintieron descolocados y los asociaron al desorden y lo primero que se les ocurrió fue reprimirlos. Pero el mundo cambió para siempre. Los jóvenes comenzaron un proceso de construcción de identidad, de expresión de sus demandas y la cultura joven salió a la calle y ocupó el espacio público como un territorio propio. El cine y la literatura de esos años tuvieron múltiples expresiones de ese movimiento, entre las más notables está el libro “Los ejércitos de la noche”, de Norman Mailer.


Los más de 120.000 jóvenes jóvenes que se manifestaron en todo el país por estos días vienen de esa matriz. Los han culpado por algunos desórdenes que en realidad fueron cometidos por grupos de infiltrados, ajenos a los jóvenes que se manifestaron masiva y pacíficamente. La verdad es que el desorden principal tiene que ver con la calidad pésima calidad de la educación pública que funciona como un mecanismo de discriminación inaceptable. Lo que han hecho los jóvenes es hacerse cargo de una inquietud de un desasosiego. Sus padres, que hoy se mueven en la esfera del poder, hicieron lo mismo cuando eran jóvenes.


Un dato central es que las diversas demandas expresadas por los jóvenes son parte de un fenómeno que recorre el planeta y que se relaciona con derechos elementales. En este contexto, las instituciones se ven lentas y burocratizadas, los partidos políticos no parecen tener una capacidad para interpretar el fenómeno y ofrecer respuestas sólidas. La movilización tiene que ver con hacerse cargo de las incertidumbres que los rodean y sus preocupaciones se relacionan con el planeta que van a heredar, con las inaceptables desigualdades que hay en la sociedad, con la dignidad y con el futuro. Hacerse cargo de las incertidumbres y resolverlas es una señal de madurez y generosidad. Es un modo responsable de habitar el planeta y de vivir.


No está claro cuáles serán las repercusiones de este movimiento. ¿Qué pasaría en Chile si los jóvenes, hasta ahora reacios a ejercer el derecho a voto, se auto convocaran para sufragar masivamente en las próximas elecciones? Para entonces habrá inscripción automática y más de dos millones y medio de nuevos votantes jóvenes.

Infamias de la imagen

Jun. 08 , 2011

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A mediados del siglo XIII, particularmente en Italia, durante el Renacimiento se desarrolló un tipo pintura denominada “infamante” destinada a “causar deshonra”. Cuando una persona cometía un delito grave, además de recibir las penas de cárcel, era sometida a un castigo complementario. Algún verdugo especializado en la materia hacía un retrato del condenado dibujándolo en una situación o postura humillante que  luego era exhibido en la plaza pública del lugar. A esa práctica se le denominaba “pintura infamante”. 

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