Augusto Góngora

Góngora en Fragmentos

 

El Dios de los cineastas (y el de los otros)

May. 05 , 2009

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"En el Día del Juicio será Dios quien tendrá que dar cuenta de todos los sufrimientos del mundo. Hay que poner el sentido de la oración en lo que hacemos. Dios, si existe, quiere ser reconocido, no idolatrado. A veces, una blasfemia sirve más que una plegaria porque oculta el deseo de creer.”


Las afirmaciones son del cineasta italiano Ermanno Olmi y las expresó en el I Congreso Internacional de Teología y Cine, organizado por la Facultad de Teología de Cataluña hace algún tiempo. En la filmografía de Olmi figuran "El árbol de los zuecos" (1978), un retrato de la italia rural con alusiones  religiosas, que obtuvo la Palma de Oro de Cannes. Más tarde realizó "La leyenda del santo bebedor" (1987), basada en la novela de Joseph Roth, que obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia.

Olmi, un católico crítico de la Iglesia, ha realizado hace poco "Cien clavos", cuyo protagonista, dice, es "un Cristo de las calles y no de los altares".


Es una mirada interesante. Y hay muchas otras. No cabe duda que el Cristo de Zefirelli, católico, es muy distinto al de Passolini, un intelectual marxista que siempre incomodó al poder desde su honestidad y crudeza. Hasta que lo asesinaron.

Desde el punto de vista de la puesta en escena, por ejemplo, el de Zefirelli es una versión clásica, trabajado con colores cálidos, nubes a contraluz, harto filtro para hacer más etéreo al personaje, mucha grúa que baja suavemente desde lo alto. El de Pasolini, en cambio, es un Cristo en blanco y negro, con una dirección de fotografía que lo hace más crudo y más rudo, con cámara en mano, inestable, a ras de piso, tal como la cámara de un noticiario abordaría a un transeúnte en la calle.

Scorsese también hace lo suyo en "La última tentación de Cristo", basada en la novela de Kazantzakis. Allí hay un diálogo, que no es menor, de un ángel con Cristo crucificado que instala la duda de un modo frontal:

- ¿Estás seguro que es Dios, estás seguro que no es el diablo?, pregunta el ángel.
- No estoy seguro. Yo no estoy seguro de nada.
- Si es el diablo, al diablo lo puedes sacar.
- Pero, ¿y si es Dios?, responde Cristo. No se puede sacar a Dios, ¿verdad?

En la misma línea se puede interpretar buena parte del cine de Bergman que tiene una interrogante experimentada desde una profunda angustia: el silencio de Dios.

En fin, en el cine hay muchas miradas y Dios parece no perder vigencia.

Hace algunos días apareció en Chile el libro "¿Dios existe?", cuyos autores son Joseph Ratzinger y Paolo Flores d'Arcais. Un gesto interesante de Benedicto XVI, no sólo por la pregunta del libro sino especialmente por dialogar con un filósofo ateo.

Pero hace ya bastante tiempo que Amado Nervo había enfrentado el tema a su manera: "Resolví el problema. Dios existe. Somos nosotros los que no existimos."

Lo que está fuera de duda es que Dios está en el debate. En tiempos tan descreídos y pragmáticos y oportunistas y frívolos y faranduleros, no está mal.

Christopher Hitchens publicó "Dios no es bueno", un debate contra la religión, señalando que "es la promesa vacía de los totalitarismos" y Michel Onfray publicó "Tratado de ateología" en el que sostiene que Dios no está muerto y desde allí plantea la necesidad de un nuevo ateísmo, "argumentado sólido y militante."

En Chile también ha habido aportes valiosos. "¿Qué hacer con Dios en la República?", de Sol Serrano, descrito como un análisis sobre el proceso de secularización en Chile durante el siglo XIX desde el cual emerge, según la autora, una tremenda y fascinante paradoja: cómo la privatización del catolicismo -su alejamiento forzoso del Estado- constituyó su mejor publicidad en la esfera pública moderna."

El debate llega incluso a lugares insospechados. No hace tanto entré al baño de hombres del Bar Liguria y me encontré con tres rayados hechos a la carrera por personas distintas, según deduje por la caligrafía y los plumones empleados.

El primero era un clásico:
"Dios ha muerto", Nietzsche.


Un poco más abajo alguien escribió algo ya conocido, pero que no va en camino de convertirse en un clásico:
"Nietzsche ha muerto", Dios.

El tercero, en cambio, me pareció que tenía la gracia y la originalidad de la desfachatez: "Dios y Nietzsche han muerto y últimamente yo también me estoy sintiendo mal". No tenía firma.

Bueno, habrá que ver cómo sigue todo esto porque para algunos la vida es algo así como a Dios rogando y con el mazo dando mientras otros, los más, se quedan a la buena de Dios, confiados, allá ellos, de que Dios aprieta pero no ahorca y los contemplativos sostienen que Dios dirá y yo, por mi parte, con todo respeto, creo que es demasiado tímido.

Libros conversando en la oscuridad (del Kindle2 y otras cosas)

Feb. 17 , 2009

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El crepúsculo continúa su viaje hacia la noche y buscando otros fuegos me refugio en la biblioteca. Allí convivo con centenares de libros que se resisten al orden y que entran en pánico y se esconden cuando ven que me aproximo con cara de querer ordenarlos. Entonces se transforman en un montón de historias con histeria recordando a Borges cuando decía que ordenar la biblioteca es, en el fondo, una manera de hacer crítica literaria.


Tienen razón, porque las pocas veces que hago orden actúo sin piedad. Los que importan acá, cerca y a la vista, los que ya leí y me interesaron, en los estantes de arriba, no tan lejos por si vuelvo a enamorarme y estos otros, mediocres, se van a los estantes de abajo, a llenarse de polvo y olvido, o se regalan. Pero, intento no hacer un orden perfecto porque cuando busco un libro sin saber exactamente donde está disfruto el placer de viajar por los estantes explorando mundos y me voy encontrando con viejos amores o descubro amores posibles que aún no he leído.




Mis libros son locuaces y mienten sin pudor. En los momentos más íntimos conversan de un estante a otro y en ciertas ocasiones se confiesan. Son unas fieras cuando critican, a menudo tienen el mal gusto de citarse a sí mismos y cuando la hipocresía les parece conveniente no dudan en sobarse el lomo.


Odian los blogs por chantas e improvisados. De televisión prefieren no hablar (menos mal).


Y por estos días les vienen ataques convulsivos por la aparición del Kindle2 y dicen que es un artefacto digital horrible, frío, gris, sin olor y más encima fanfarrón (“Que se precia y hace alarde de lo que no es”), y entonces se cuelgan del cronista español del diario El País José Antonio Millán para decir que “no se trata sólo de leer… la cosa va de hojearlos, comprarlos, exhibirlos, coleccionarlos, prestarlos, a veces recuperarlos y olerlos…”


Al llegar la oscuridad, cansados ya de tanta paranoia, se instala en ellos la melancolía. Murmuran historias terribles de los tiempos en que fueron quemados en plena calle y recriminan sin piedad al Libro Blanco, que es casi el único que por esos años se salvó.


Luego comentan con estupor el gesto del poeta Luis Omar Cáceres que por los años treinta, indignado por las erratas de su primer y único libro publicado, quemó en el jardín de su casa todos los ejemplares que logró recuperar.


Desde la segunda fila del estante que está al lado de la ventana Fahrenheit 451 dice, orguloso, que en sus páginas se denuncia a una sociedad en la que los bomberos queman libros para evitar que las personas puedan pensar por sí mismas. La estantería completa se queda en silencio. Así es que el tal Cáceres, continúa Farenheit 451, aunque haya dicho que “cuando nada se espera de la vida, algo debe esperarse de la muerte”, no tiene perdón, y lo que tendría que haber hecho es darle duro al editor porque errar demasiado no es humano.


No es para tanto, afirma displicente Juana de Arco desde el estante superior lo que desata nuevamente una trifulca, los insultos van y vienen, la batalla se generaliza y, como siempre, todos aprovechan la oportunidad para darle duro al Diccionario acusándolo de glotón y arrogante, de prepotente y autoritario. Mientras tanto, la Enciclopedia mira para el techo tratando de pasar piola.





Más tarde, para no aburrirse, matan las horas fusilando traductores, descuerando prologuistas y denunciando a los apócrifos mientras, recostado en el sillón, simulo dormir y me entero de chismes, pelambres y traiciones.

Cuerpos en el teatro

Jan. 26 , 2009

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En medio de la oscuridad de pronto se enciende una luz cenital y descubro que desde el fondo del escenario una mujer camina lentamente hacia el público a través del silencio. Su cuerpo es frágil y tiembla, a cada paso sus tobillos están a punto de doblarse, realiza un enorme esfuerzo para entrar en un mundo oscuro y desolado, siento que su cuerpo viene viajando desde profundidades muy lejanas.

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Sueños públicos compartidos

Jan. 19 , 2009

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De las películas de 2008 una de las que más me impresionó fue “La buena vida”, de Andrés Wood, por la valentía del realizador de meterse con historias que nadie cuenta, las que no aparecen en los medios, las que están esparcidas en el anonimato de la calle y que a nadie parecen importarles, lo que finalmente termina convirtiéndose en un retrato de nosotros mismos.

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Gomorra

Jan. 06 , 2009

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Pronto llegará a las librerías chilenas “Gomora” el primer libro de Roberto Saviano, publicado en 2006 cuando el escritor tenía 28 años, obra que le cambió la vida para siempre, y para mal.


A poco andar comenzaron las amenazas, públicas incluso, que fueron en ascenso hasta que Saviano comenzó a vivir día y noche rodeado de policías para evitar que lo asesinaran y terminó exiliado de su ciudad y ahora pasa sus días en una brutal clandestinidad.

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La otra vida

Dec. 29 , 2008

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Juanita y Antonio llegaban muy temprano al set de filmaciòn y esperaban su turno en el pasillo. Mientras ella se instalaba unas raídas pestañas postizas y él armaba su jopo con restos de gomina, se preparaban para resistir las 22 escenas que debían filmar cada día. A fines de los años Veinte, cuando recién comenzaba el cine sonoro, habían sido contratados para interpretar, en español, las mismas películas que las estrellas hollywoodenses hacían en inglés.

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El futuro llegó, pero pasó de largo

Dec. 10 , 2008

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Viene año electoral, el futuro se va a poner de moda: propuestas, ofertas, ofertones. La vida es dura. Por otra parte, el futurólogo Ray Hammond  describe cómo será el futuro el 2030: los computadores igualarán en capacidad a la mente humana, y esta dejará de ser predominante. Glup.

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Ciudades literarias

Dec. 02 , 2008

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En nuestras ciudades, tantas veces desalmadas, me refiero especialmente a Santiago, cuesta conectarse y en muchas ocasiones la literatura refleja de manera brillante el alma de las ciudades y sus personajes. Aquí van algunas citas.

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La ciudad interior

Nov. 26 , 2008

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Se va a realizar el seminario internacional “CIUDAD Y DESEO”, organizado por la Universidad de Chile, para debatir sobre “la ciudad que deseamos”. Me cautivó el nombre. Me quedé pensando que estamos tan acostumbrados a relacionar la ciudad con frustraciones, temores y tragedias que situarla en el eje de los deseos y las fantasías puede ser una aventura.


Fue entonces que me acordé de Fellini y de La dolce vita, película que el cineasta calificó como “una ciudad interior”. Pero antes de abordar ese tema hay que decir que la noche del estreno todo comenzó mal. Muy mal.

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El hombre que sabía que estaba muerto

Nov. 14 , 2008

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Carl Foreman sabía que estaba muerto. No recordaba con precisión el desarrollo de los acontecimientos, qué fue primero y qué después, pero terminó por convencerse de su extraña situación. Las razones de su deceso eran poderosas. Al principio le resultó difícil acostumbrarse a su muerte, a cualquiera le ocurriría, incluso a un guionista avezado como él...

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