Revisión Técnica: El servicio militar
Nov. 11 , 2011
Debo partir diciendo que durante todo el año nunca tuve gran interés por Battlefield 3. A esta altura es poco lo nuevo que puede ofrecer un juego de guerra y, además, su acercamiento realista lo hacía aun menos actractivo para mí.
Hay quienes piensan que los videojuegos deben ser reproducciones certeras de la realidad y otros que piensan todo lo contrario, que los videojuegos son mucho mejores mientras más se alejan de la realidad. Por lo general, me inclino, por la segunda.
Sin embargo, y tras unas semanas con Battlefield 3, debo decir que me convencieron, pero no sólo por sus gráficas y sistema de combate, sino que por crear un juego donde la comunicación entre miembros de un equipo es esencial.
El juego, creado por DICE, es parte de la reciente tendencia de videojuegos que privilegian el componente en línea por sobre la historia hecha para ser disfrutada en solitario, al contrario de cómo venía siendo.
Así que así es como partí. Debo confesar que con cierto miedo frente al desnivel propio de los juegos online, donde al cabo de unos días los usuarios más expertos no permiten disfrutar a los que recién se inician.
Y si bien eso ocurre con frecuencia, todo puede ser evitado con un buen equipo. Esa es la gracia de Battlefield.
Dos de sus tres principales modos de juego se basan en defender y conquistar territorios. En Rush, un equipo debe atacar pequeñas bases enemigas mientras que otro trata de contenerlos. Conquest, en cambio, coloca múltiples zonas de control en el mapa las que obligan a atacar y defender constantemente.
En ambos casos no basta con matar -para eso está el modo Deathmatch- sino que se requiere de varios talentos dispersos que hace que cada jugador termine siendo útil: están los que manejan bien las armas y proveen contención, los buenos para esquivar y tomar las zonas de control o quienes son más experimentados, conocen de memoria los mapas y dan indicaciones.
Yo, por ejemplo, me di cuenta que no soy muy bueno disparando, pero me gusta navegar por los inmensos mapas y correr a controlar puntos. El juego también da diferentes kits que permiten usar diferentes armas y adoptar roles como ingeniero o médico.
Luego de varias horas en el combate quise probar la campaña solitaria y para ser sincero, no pude terminarla. No por lo difícil, sino porque no me interesaba. No estaba ni la comunicación ni el sentirse útil, ni la frustración de no poder avanzar. En el sentido estrictamente digital, el modo de campaña deshumanizó la guerra.
Una guerra que se vive con estrategias y trabajo en equipo, donde no hay personajes, sino que personas. De hecho, si me preguntan que versión recomiendo, la respuesta es "donde tengas más amigos". Porque a pesar de que la versión de PC es superior en gráfica y control que las de consolas tener gente con la que jugar hace la mitad de la diversión.
De ahí en adelante solo faltan ganas, un micrófono y la paciencia de ser gritoneado por algún amigo en aprietos. Al menos es mejor que los gritos de un general ficticio.
Lo bueno
Gran escala: Sin dudas Battlefield 3 no sería lo que es si no fuera por los mapas donde se desarrolla. Su tamaño hace que incluso haya que movilizarse en vehículos. Además, logra simular una construcción natural.
Lo malo
Desbalance. El modo multijugador posee un sistema de niveles que va premiando a los jugadores que juegan más y van ganando con mejoras a las armas, por ejemplo, lo que hace más complicado a los novatos para integrarse.
¿Para quién?
Tiempo libre: Battlefield 3 no es un juego liviano. Su combates son largos, pero siempre dejan la sensación de querer más. Asegúrese eso sí de tener un grupo para compartir o buscarlos en comunidades de internet.
* Periodista especializado en tecnología.




