El Estado: La ausencia de política del riesgo
Dec. 14 , 2010
No cabe duda que tenemos una memoria frágil. Nuestra historia está cargada de catástrofes naturales y de políticas que no calculan los imprevistos y nos hacen más vulnerables a ellas. El terremoto de febrero, el rescate de los mineros y el incendio en el penal de San Miguel, son sólo las principales evidencias de un país acostumbrado a improvisar y un Estado que no planifica, considerando una política adecuada de gestión de los riesgos.
Hoy la coyuntura, nos hace culparnos mutuamente respecto del grado de responsabilidad de la muerte de los reos de la cárcel de San Miguel. Es cierto, las desgracias pueden ser vistas en las políticas públicas como áreas de mejora, como una oportunidad, pero también, como una enorme debilidad si ellas sistemáticamente se van produciendo, si con el paso del tiempo nada se aprende, si los sistemas de control de esas políticas fallan continuamente. En fin, si pasamos esquizofrénicamente del nerviosismo y el estado de alerta al relajo y a la negligencia en un par de meses. A veces en par de días.
El desafío del Estado chileno de constituirse en la próxima década en un país desarrollado, obliga necesariamente a planificar en el largo plazo y con ello considerar una política de riesgos que no nos obligue a comenzar de nuevo con cada desastre o complejidad que se nos presente; sino muy por el contrario, a avanzar considerándola como parte la gestión de un Estado diligente, que comprende los cambios sociales que le afectan y gestiona desde la concepción más amplia de la seguridad humana, controlando la incertidumbre y la indeterminación.
Los nuevos escenarios de la sociedad chilena, hace que los ciudadanos valoren con más fuerza el rol y la incidencia de la gestión pública para minimizar sus propios riesgos. Los problemas actuales y las situaciones coyunturales, demuestran que poco hemos aprendido de esto; seguimos sin entender la diferencia entre peligro y riesgo como lo precisa Luhmann. Mientras el primero es fruto del azar debido a causas impredecibles, el segundo es consecuencia de nuestros propios actos, de nuestras malas decisiones.
La sociedad de la información es también la sociedad del riesgo, formadas por ciudadanos que no lograrán resolver nunca sus actuales problemas de manera individual, pues obedecen a causales que ni siquiera alcanzar a ver y menos interpretar. La desafección ciudadana, que conspira contra el riesgo e incrementa la incertidumbre debe corregirse con un tejido social que puede enfrentar colectivamente los efectos propios de los nuevos escenarios. El fortalecimiento de la participación ciudadana, es sin lugar a dudas, un camino viable para ello.





Posted by Daniel Flores on December 14, 2010 at 10:52 AM CLST #
Posted by fernando on December 14, 2010 at 11:54 AM CLST #
Posted by carlos on December 14, 2010 at 12:01 PM CLST #
Posted by raul on December 14, 2010 at 12:02 PM CLST #
Posted by nelson on December 14, 2010 at 12:10 PM CLST #
Posted by bernardo on December 14, 2010 at 12:50 PM CLST #
La realidad de Chile es la imagen de la ex Presidenta rodeada de un lote de ministros y funcionarios perdidos, desconcertados, taimados y perplejos, incapaces de hacer nada. Hay que exigir resultados, no más imágenes.
Posted by Fernando Perez on December 14, 2010 at 02:15 PM CLST #
Posted by Eduardo Muñoz on December 14, 2010 at 02:18 PM CLST #
Posted by miguel on December 14, 2010 at 03:18 PM CLST #
Posted by gonzalo on December 14, 2010 at 04:30 PM CLST #
Posted by rodolfo on December 15, 2010 at 10:14 AM CLST #