Una nueva tensión en La Moneda
Dec. 10 , 2011
Publicado en Reportajes de La Tercera, Sábado 10 de diciembre del 2011.
Chadwick puede fallar por exceso, no por defecto... Por eso habló con
Chahuán. Y lo que presenció de vuelta fue el encolerizado salto de
Hinzpeter, aclarando que ese tema es suyo, que no lo largará y que si
así fuera, "dejaré de ser ministro".
"El día que deje de hacerlo, dejaré de ser ministro", dijo Rodrigo Hinzpeter en otra de sus confirmaciones de que seguirá criticando a los fiscales por su falta de acción ante el delito. Sólo que esa declaración no era una más y esa frase no iba dirigida a los fiscales, ni al Poder Judicial ni a los delincuentes, sino al propio gobierno y más específicamente al ministro secretario de Gobierno, Andrés Chadwick, que poco antes había sostenido conversaciones con el fiscal nacional Sabas Chahuán.
La curiosa afirmación de Hinzpeter ha sido una de las pocas erupciones públicas de la tensión que se ha instalado en el corazón del equipo político de La Moneda: entre el titular del ministerio más importante, Interior, y el ministro que está llevando la conducción política real del gobierno, Chadwick.
Se puede decir que esta es una tensión natural, que se deriva de las funciones que los propios ministros se han asignado, con la venia del Presidente, y que eso no entraña nada dramático. Pero en cuanto se debate la eventual necesidad de que el Presidente introduzca algunos ajustes en el gabinete, la primera imagen que aparece es la de Hinzpeter. Es difícil subestimar la importancia de esa asociación, estimulada por una oposición -adelante, Camilo Escalona- que concibe esa caída como una derrota para el gobierno.
El ministro del Interior no puede ignorar que el "mercado" político le atribuye la mantención de su cargo a su amistad con el Presidente. Este es un cartabón incómodo y derogatorio, y seguramente él mismo agregaría que es injusto. Pero es un hecho de que al renunciar al ejercicio de la política cotidiana -Hinzpeter no ha vuelto al Congreso, donde además es recibido de manera hostil, y ni siquiera participó en la batalla del presupuesto-, el ministro ha dejado libre el espacio para que lo sustituyan y erosionen.
Hinzpeter se ha jugado todo por la lucha contra la delincuencia, tal vez la tarea más difícil y extensa de cualquier gobierno moderno. Hasta ahora, los resultados son dudosos en cuanto a datos, pero francamente malos en cuanto a percepciones. Y entonces, después de haber promovido leyes, tomado medidas administrativas, alineado a las policías, en fin, haber desplegado esfuerzos ingentes, ¿debía el gobierno pagar el costo de la molestia ciudadana? Hinzpeter decidió que no y encontró un punto flaco en la cadena represiva: los fiscales y los jueces. Lleva más de un mes en eso, y ha dado casi tanto como ha recibido.
El caso es que Hinzpeter puede estar menos solo de lo que parece y quizás el Poder Judicial no sepa que las encuestas están mostrando que la gente es cada vez más crítica con su labor. Las objeciones del ministro coinciden con un cierto consenso académico-jurídico respecto de la calidad de los fiscales y los reproches a los jueces interpretan a una comunidad de abogados (y periodistas) cada vez más atentos a las chambonadas de ocasión. Quizás Hinzpeter no gane la guerra contra la delincuencia, pero nadie puede asegurar que pierda la batalla contra los fiscales. Por de pronto, ya clavó la pica de la discusión en un territorio que parecía protegido por el silencio.
Todo esto no lo convierte en un jefe de gabinete, sino en un ministro especializado, casi sectorial. Se dirá que con un Presidente como Piñera, y su afición de mánager y auditor frente a cada ministro, la figura del jefe de gabinete sería inviable, con o sin Hinzpeter. Pero el hecho es que en el mismo patio se ha instalado otro ministro que concentra toda la política y que por eso, y no al revés, es un vocero eficiente (lo que no entendió, o no pudo ser, Ena von Baer), que mide con cuidado, no lo que dice, sino el momento en que lo hace.
Andrés Chadwick ganó un escaño de diputado de la Sexta Región en 1989 con apenas 28 mil votos y un margen que casi lo deja fuera del Parlamento. Ocho años más tarde pasó al Senado con más del doble de esos votos y tenía más del triple cuando Piñera lo convocó al ministerio. Es hoy uno de los tanques de la UDI y de la política chilena. Nadie lo describiría primero como primo del Presidente. Menos como amigo.
Chadwick puede fallar por exceso, no por defecto. Su instinto de político experimentado le indica que cuando hay un conflicto, hay que intervenir, no abstenerse. Da más trabajo, pero ese es el trabajo de la política. Por eso habló con Chahuán. Y lo que presenció de vuelta fue el encolerizado salto de Hinzpeter, aclarando que ese tema es suyo, que no lo largará y que si así fuera, "dejaré de ser ministro".
Es probable que Chadwick se retire del asunto, porque su instinto también le dirá que no es útil pelear contra las causas tan celosamente protegidas. Pero ese silencio no será sinónimo de paz. Sólo significará que el ministro del Interior seguirá librando en solitario la lucha por su supervivencia política en un espacio más estrecho que antes.
Hinzpeter aceptó la posición más difícil del gabinete y la ha sostenido en contra de más adversarios de los que quizás imaginó. Ni él ni nadie pudo haber anticipado que, además del delito, enfrentaría los desafíos al orden público que vivió durante más de la mitad del año. Tiene el respaldo del Presidente, pero eso significa bastante poco en un gobierno de estos tiempos, donde la lealtad personal suele ser más frágil que las encuestas. Enfrentado a un 2012 incierto, con una conflictividad impredecible, la encrucijada de Hinzpeter consiste en infatuarse por razones amistosas o escapar de esa trampa huyendo hacia adelante.




