Otra vez la indecisión
Dec. 30 , 2011
Publicado en La Tercera, 30 de diciembre, 2011
Tal como ocurrió en enero, el Presidente fue sobrepasado por un cambio de gabinete que no pudo administrar. A estas alturas, él parece ser el único en creer que "los cambios no se anuncian, se hacen", como dijo durante la semana. La modificación del gabinete venía discutiéndose en los mentideros políticos desde hace por lo menos tres semanas, con un foco principal: el Ministerio del Interior. Un cambio en esa cartera supondría un reordenamiento estructural, con cierto sentido después de un annus horribilis y como señal de partida de la segunda mitad del período. Pero la indecisión del Presidente limitó el cambio a dos renuncias: la de un ministro, el de Agricultura, que la venía requiriendo hace semanas para cuidar a su padre enfermo, y de otro, el de Educación, que fue convocado a una cartera que desconocía con el fin de apagar el incendio expandido por todo el sistema educacional y que cumplió esa tarea a pesar de las contramarchas de La Moneda.
Esto es muy parecido a lo que ocurrió en enero, cuando fue el ministro de Defensa, Jaime Ravinet, el que presentó su renuncia en público y precipitó un cambio. Pero en esa ocasión Piñera aprovechó de remover a otros ministros y de introducir a figuras de tonelaje político, como Evelyn Matthei y Andrés Allamand. Esa decisión modificó el rumbo del gobierno.
Se creía que el Presidente traspasaría a Bulnes a Interior. Dos cosas, además de los rumores, sostenían este cálculo: los deseos (dentro de la Alianza) de quienes quieren ver a Hinzpeter fuera de esa cartera; y la consideración de que no cualquier gobierno se da el lujo de perder a un hombre como Bulnes. Pero el Presidente volvió a decidir en favor de su ministro del Interior.
Cada vez es más dudoso que alguno de los dos gane con esta permanencia forzada. El resultado es que apenas se inician los rumores sobre cambios ministeriales el primero en aparecer es el nombre de Hinzpeter; y cada vez que se mantiene regresan las versiones de que ha sido "salvado" por su amistad con el Presidente. Nadie podría esperar que ahora, tras una nueva y más fuerte ola de especulaciones, Hinzpeter consiga ser lo que no fue durante estos dos años: el ministro estandarte, la cabeza del gabinete, el eje de la conducción política. Este papel ya lo tomó Chadwick y si se agudiza la pugna presidencial, radicada en el gabinete, lo disputarán otros ministros.
Como quiera que se evalúe su gestión en lo personal, no es posible desconocer que a Hinzpeter le ha tocado un ministerio magullado y devaluado, reducido a una función más policial que política, a pesar de lo cual no ha logrado modificar las negativas percepciones sobre el combate a la delincuencia y durante más de la mitad del año perdió el control del orden callejero en todas las grandes ciudades.
Tampoco es claro lo que gana el Presidente. Está en su derecho elegir entre la confianza personal y el liderazgo político, pero cada opción tiene sus costos. Si la popularidad del Presidente se desmorona, arrastrando a otros ministros e incluso a la confianza en la economía, ¿será razonable insistir en un esquema donde todo el blindaje político lo aporta un solo ministro?




