Lavín, Hinzpeter y la soledad del corredor de fondo
Aug. 01 , 2010
Publicado en Reportajes de La Tercera, 1 de agosto de 2010
A estas alturas, la encuesta de mitad de año del CEP, revisada por arriba y por debajo, ha suscitado ciertos consensos: la aprobación de 45% no es mala para un gobierno que ha soportado un cuatrimestre con catástrofe; la evaluación positiva del Presidente (56%) es satisfactoria y va al alza respecto del 2009, y algunos de sus atributos más sensitivos -como la confianza- han mejorado en forma considerable. Con su juicio sobre la "cercanía", la encuesta confirma, además, lo que sólo algunos de sus asesores, con el ojo obsesivamente puesto en Michelle Bachelet, insisten en ignorar: que el Presidente Piñera no será evaluado por su simpatía, sino por su eficacia. Si no hay resultados, no habrá parka roja que lo rescate.
Pero la encuesta pone también la primera piedra en uno de los objetivos estratégicos del gobierno: su sucesión. Este objetivo está íntimamente ligado a otros dos, posiblemente anteriores y prioritarios: la reformulación del Estado y la consecuencia inevitable de ello, la reformulación del cuadro político, empezando por la propia derecha.
Para decirlo en breve: si Piñera fracasa en reconvertir el aparato del Estado, la derecha que competirá el 2014 será similar a la de los pasados 20 años; si tiene éxito, la derecha tendrá que ser distinta, que es casi la única posibilidad de que la administración Piñera no sea sólo un hiato en la política chilena.
¿Y qué ha dicho la muestra del CEP sobre esto, aunque sea de modo muy prematuro? En las nueve evaluaciones positivas que superan el 45% -el piso del gobierno- aparecen, además del Presidente, sólo tres figuras de la Alianza, todos ministros: Joaquín Lavín, Rodrigo Hinzpeter y Ena von Baer. En la submuestra "Derecha-Centroderecha" (el 22% del total), los que se empinan sobre 70 puntos son, de nuevo, el Presidente, Lavín y Hinzpeter, y, en el borde siguiente, Von Baer.
Algunos políticos de la Alianza se han fijado hasta el exceso en la respuesta de "quién es la figura más importante de la Concertación", donde la ex Presidenta Bachelet, con 58%, está muy lejos del que la sigue, el ex Presidente Lagos, con 3%. Toda conclusión sobre estas cifras es apurona: la Concertación es un grupo en reconstrucción, que depende críticamente de lo que tendrá, no de lo que ya tuvo. Incluso si Bachelet consigue el milagro de mantener sus altas cifras, ello no garantizará nada para la Concertación.
Al revés, en el oficialismo, lo que se perfile ahora es lo que tendrá las bases más asentadas para el 2014. Y ante la misma pregunta -"quién es la figura más importante", excluido el Presidente, la respuesta favorece a Lavín (28%) y a Hinzpeter (5%). Algo más atrás (3%) se vuelve a situar Von Baer.
La pregunta siguiente es si alguno de ellos podría significar algo en un proceso de refundación de la derecha.
Lavín estuvo a punto de hacerlo en 1999, pero su esfuerzo fue insuficiente y, posiblemente, los tiempos no estaban maduros. En contrapartida, su capacidad de reinvención tiene un cierto parecido con la del Presidente, con quien ha alternado las posiciones de ventaja a lo largo de toda la última década. Pero por lo mismo, Lavín sería más promisorio en un proyecto de adaptación soft de la derecha que en uno de refundación.
Hinzpeter apareció recién en la campaña presidencial, pero se ha convertido en el ministro políticamente más eminente del gabinete, con una sucesión de exhibiciones de su cercanía con el Presidente, que incluyen un enfrentamiento con el hermano mayor, algo que habría inhibido hasta al más pintado de los "gerentes" que ocupan cargos ministeriales. Von Baer, también novicia, ha sobrevivido a la reducción de su ministerio a la vocería oficial, aunque falta por ver si logrará superar esa función más bien vicaria.
Los cargos que ocupan son estratégicos. De los tres, sólo el de Von Baer no ha conducido nunca a destinos mayores, aunque eso representa sólo un dato histórico, no un obstáculo por sí mismo. Los talentos de la ministra pueden avenirse mejor con el público que con los periodistas, pero este sí es un problema de largo plazo cuando todos los días hay que ver -y- antes a los segundos que al primero.
Es visible que Lavín fue bendecido por el terremoto, que no sólo le permitió atraer fondos públicos y privados para la reconstrucción más urgente y más sentida, sino también rebarajar el naipe de su ministerio y del conjunto de la educación chilena. Para él la oposición existe de una manera tenue e indirecta, porque no hay quien pueda resistirse hoy a una cirugía profunda sobre un sistema que ya ha recibido muchos recursos y que ha avanzado en algunos campos, pero que sigue siendo la principal fuente de indignación, impotencia y sensación de desigualdad de los ciudadanos.
Hinzpeter tiene el privilegio de la confianza del Presidente y es el depositario de una de las principales promesas de la campaña, la reducción de la delincuencia. Su opinión ya fue sustantiva en la decisión sobre los indultos, alineada con esa idea. Ha estado visitando y estudiando casos de políticas exitosas en el mundo. Y confía en el apalancamiento del crecimiento económico, que suele ser un analgésico contra el delito. Pero seguramente no quiere limitarse a la condición de alguacil, y buscará clavar las estacas en todo lo que apunte hacia la idea de una nueva derecha. En su corta carrera, Hinzpeter parece haber aprendido lo que, a su misma edad, entendieron Allamand, Longueira, Coloma, Espina y algunos otros: que la política no es nada sin proyectos, pero es menos que nada si los proyectos carecen de ambiciones urgentes.
Las ventajas de Lavín y Hinzpeter para la carrera que viene son nítidas, e igualmente lo son las dificultades que enfrentan para el futuro. La principal es la longitud de sus eventuales éxitos, que se miden mejor en generaciones que en gobiernos.
En el 90, Lagos le pidió a Aylwin la cartera de Educación, pero sólo vino a deslumbrar en Obras Públicas, con construcciones visibles, rápidas y majestuosas. Jarpa, Fernández, Krauss, Figueroa, Zaldívar, Pérez Yoma tuvieron sus apetitos mientras ejercían en Interior (hambre multiplicada cada vez que los viajes presidenciales los dejaban con la Vicepresidencia), pero al fin, las sombras de sus presidentes terminaron por oscurecerlos. El peor caso fue el de Insulza, que no pudo desafiar ni a su par (2006) ni a su ex jefe (2009).
Una cosa es segura. Lo digan o no, dentro de la derecha ambos han iniciado la maratón de los cuatro años, y tendrán que colaborar, luchar y competir sin que se note demasiado. En una ruta plagada de celadas y competidores intempestivos, empiezan a enfrentar la soledad del corredor de fondo.




