Ascanio Cavallo

 

La ira de los 15 mil dólares

Jun. 18 , 2011

0 Comments

Publicado por La Tercera, 18 de junio de 2011

El poder del dinero… no había sido nunca tan grande, insolente, egoísta, con sus propios servidores instalados en las más altas esferas del Estado… La brecha entre los más pobres y los más ricos no había sido jamás tan importante; y la carrera por el dinero, la competencia, tan estimulada".

No, no es Chile. Es Francia. Y quizás tampoco es Francia, porque se dice que el opúsculo Indignez-vous! inspiró el movimiento de "los indignados" en España. Su autor es Stéphane Hessel, de 93 años, ex combatiente de la Resistencia, ex prisionero de guerra y ex embajador. Hessel interpreta la Resistencia francesa como un movimiento nacido de la indignación contra el poder y su consecuencia casi inevitable, el abuso. Y lo que le causa indignación de la Europa de hoy es el poder del dinero. ¿Es la resistencia al capitalismo, 20 años después de su triunfo planetario?

Y entonces, ¿ha llegado a Chile este fantasma que recorre a una Europa hundida en las crisis fiscales? ¿Es posible que esto ocurra en un país que, a diferencia de Europa, atraviesa por un período de alto crecimiento, consumo desatado, expectativas personales al alza y bajo desempleo? El gobierno se muestra desconcertado. Acostumbrado, por formación, a mirar las cifras macroeconómicas y las encuestas de popularidad, no consigue explicarse lo que ocurre. Tampoco lo logra la oposición, que se sube al carro de las protestas sólo con la intuición de que lo que perjudica al gobierno la favorece a ella.

Desde las movilizaciones ambientalistas hasta las estudiantiles, las calles de Chile están siendo ocupadas por causas disímiles y a veces hasta contradictorias. Quizás no se haya alcanzado aún el clímax, pero la marcha estudiantil del jueves ya fue la más grande que se registre desde los días del plebiscito de 1988. Y también la más heterogénea: secundarios, universitarios, profesores, la Anef…

Sin embargo, todos estos movimientos tienen al menos dos cosas en común.

La primera es que expresan una rabia sorda, informe pero intensa, respecto a lo que se percibe como un estado de cosas injusto, donde las decisiones y los recursos están mal distribuidos. En todos los casos se protesta contra un ambiente en el que la clase dirigente interpone la lógica de la economía a la del bien común.

La realidad hace extrañas jugarretas cuando el clima social está  tan enrarecido como en estos días. Mientras los estudiantes preparaban su marcha del jueves, en los días previos se fue conociendo la gigantesca defraudación cometida por la multitienda La Polar en contra de clientes de recursos limitados o francamente escasos.

Aunque sólo fuese por su magnitud, el caso de La Polar tendría que haberse situado entre los principales problemas políticos del gobierno, no menos que la insurrección de la UDI, en la cual el Presidente y sus ministros han invertido tantas horas. El fraude, cuya extensión real es todavía una incógnita, ensucia a las categorías del retail y del crédito y, lo que quizás es peor, confirma a los ciudadanos, especialmente a los más vulnerables, lo que siempre han sospechado: que el sistema está diseñado para estafarlos siempre. Esto no es exacto, pero ¿quién convence ahora a esos deudores?

Junto con ello, les confirma otra cosa: que las autoridades no hacen nada para evitarlo. El hecho de que el caso haya sido denunciado por el Sernac, y no por las superintendencias ni por los agentes privados del mercado de capitales, sugiere esa oscura madeja privada-pública que describe el indignado Hessel.

Y hay, por fin algo más: la historia de los grandes fraudes financieros de las últimas décadas muestra que parte del costo lo pagan siempre los gobiernos. Y es muy probable que ese costo sea más alto cuando se percibe que los altos funcionarios pertenecen o provienen del mismo club.
En algunos sectores de la Alianza se solía creer que para la derecha sería difícil administrar una democracia muy diversa. Pero los que así pensaban imaginaban que la Concertación o la izquierda movilizarían a sus huestes para amenazar la gobernabilidad. Se equivocaban en esto último: el estado de bronca no necesita a ningún partido.

El segundo rasgo que comparten estas movilizaciones es su deseo de ser pacíficas. La razón práctica es transparente: los actos de violencia no suman gente, la ahuyentan. Pero quizás se trata también, de modo más profundo, de que no está en marcha la lógica de la revolución, sino la de la resistencia, como quiere Hessel. Resistencia ante el poder y en especial ante el poder del dinero. La opulencia, la prosperidad, las grandes utilidades, los balances con gruesos números azules, el éxito económico, perdieron el prestigio que tuvieron en los 90. Y lo perdieron justo cuando gobierna un Presidente caracterizado por ese tipo de éxito.

Hablando ante los alumnos de la Universidad Adolfo Ibáñez, el ex Presidente Ricardo Lagos dijo esta semana que, pasados los 20 mil dólares de ingreso per cápita, la prioridad debe ser la desigualdad. Hay cierto consenso técnico en que el país podría llegar a esa cifra hacia el 2020. Cabe preguntarse si la presión por la equidad, expresada en la forma de resistencia al poder, no empieza a manifestarse bastante antes, cuando anda, como Chile, en los bordes de los 15 mil dólares.



Post a Comment:
Comments are closed for this entry.

Enlaces

Feeds