Ascanio Cavallo

 

El año perdido de la Concertación

Jan. 01 , 2012

0 Comments

Publicado por La Tercera, 31 de diciembre de 2011

Durante el 2011, la Concertación tuvo una sola buena noticia: sobrevivió. De acuerdo con la encuesta del CEP, terminó el año con una aprobación situada en un piso de 16 puntos, ocho menos de los que tenía al iniciarse el gobierno de Piñera. Nada garantiza que ese sea su fondo, pero parece probable que ande cerca.

La otra noticia que podría serle favorable -los récords históricos del gobierno en desaprobación y atributos negativos, la similar caída de la Alianza- no lo es tal, porque 1) no le traspasa ninguna virtud y 2) la percepción negativa de toda la política es un lastre adicional, no una liberación.

Con todo, sobrevivir no es poco para un conglomerado que salió de 20 años de control del Estado, que nunca había definido en qué consistiría ser oposición a un gobierno democrático y que ya no cuenta con muchos de sus padres fundadores. No es poco para un pacto de cuatro partidos, donde dos mantienen su fidelidad a él, la DC y el PS, mientras fracciones importantes de los otros dos, el PPD y el PRSD, se empeñan en darlo por superado o rescindirlo de una vez.

En el páramo de la derrota florecen con facilidad las ideas estrambóticas. El récord del año lo tuvo el "frente progresista" del girardismo, que pretendía la exclusión de un socio mayor, la DC, y de un no socio, el PC, para constituir un imbunche aun más raro que la noción de "partido instrumental" con que Ricardo Lagos creó el PPD. Y además, sin informarlo ni discutirlo con otros dirigentes del mismo partido. Los imbunches nunca han tenido éxito en la política chilena, ni siquiera en sus períodos más delirantes.

En el páramo de la derrota también florecen la paranoia y la culpa. El movimiento estudiantil le puso una sobredosis de ambas cosas a todos aquellos dirigentes -que no son pocos en la Concertación, aunque también en la Alianza- que sienten fascinación por las crestas de las olas o que registran las noticias con la calculadora electoral. Cuando esos dirigentes descubrieron que los estudiantes también rechazaban a la Concertación y a los gobiernos de Lagos y Bachelet, entraron en pánico y concluyeron que debían moverse, moverse, moverse, sin saber para dónde. La fiebre de los "nuevos referentes" (¿cuántos se han propuesto ya? ¿ocho, nueve?) fue la moda del 2011 y será posiblemente la de parte del 2012… Al menos hasta las municipales.

Es posible que matar al padre sea, como en la vida, una ley de la política. Sólo que estos padres exigen más sofisticación, no se dejan asesinar por muchachos aficionados. En España, Zapatero abjuró del felipismo, ganó dos legislaturas y acaba de entregarle un país en ruinas al aburrido caballero al que había derrotado dos veces. Como superación del PSOE histórico, ha sido una piltrafa. Los "superadores" de la Concertación, ¿serán más que sus padres?

Eso no se divisa en el horizonte cercano. Una parte gruesa de la crisis concertacionista se explica por la ausencia de dirigentes fuertes, carismáticos, convencidos y convincentes. La experiencia del Eduardo Frei izquierdizado y chascón probó que no basta con escrutar la dirección del viento, que la política sigue requiriendo de convicciones y no sólo de encuestas. La expresión de ese vacío ahora es la peregrinación litúrgica hacia Michelle Bachelet. Que es, al mismo tiempo, la plegaria más riesgosa de la historia de la Concertación, porque la cantidad de inclusiones, exclusiones y omisiones que tendría que diseñar la ex Presidenta para restaurar una base de apoyo como la que tuvo el 2005 hacen que la sola decisión sea más difícil que la carrera posterior.

Otra parte se debe al estado de los partidos. El PS mantiene su gobernabilidad, basada como siempre en un inescrutable equilibrio de sus facciones (lo que no llegaron a entender Alejandro Navarro ni Jorge Arrate ni Marco Enríquez-Ominami, procedentes de otras culturas políticas). En la DC se aquietaron mucho las aguas luego de que Ignacio Walker anunció que no repostularía a la presidencia, quitando la espoleta del uso del partido como trampolín. En cambio, el PPD vive una virtual guerra balcánica, no obstante que esto ofrece cierta continuidad a su historia, configurada por más treguas breves que por estados de paz prolongados entre sus levantiscas tendencias. El PRSD parece estar disponible para cualquier operación, siempre que favorezca el singular deseo de su presidente, el senador José Antonio Gómez: ser candidato presidencial.

En este páramo de derrota, los dirigentes de la Concertación tuvieron tres logros en el 2011. El primero fue un acuerdo común sobre las reformas necesarias en la educación, el 2 de agosto, que no tuvo casi ningún efecto público, excepto el de demostrar que podía producir algo unitario. El segundo fue otro documento, esta vez sobre su voluntad de seguir existiendo, el 5 de octubre, en pleno delirio de los "nuevos referentes".

Y el tercero, más sistémico, fue demostrar que la política ha seguido radicada en los partidos, estrechando el espacio y la capacidad de daño de los "díscolos" y los tránsfugas, y expresándose en el lugar que las instituciones les reservan, que es el Parlamento. Si hay cierta sequía de líderes, peor aún es la sequía de proyectos populistas. Alguna fuerza de gravedad más poderosa que la centrífuga ha de sostener a una coalición que ya cumple un quinquenio de desgarros internos, iniciados precisamente en la administración Bachelet.

La Concertación no ganó nada este año. Pero sobrevivió cuando casi nada hacía pensar que lo lograría. Y, por lo mismo, no hay forma de predecir si le será deparado un 2012 mejor o peor.



Post a Comment:
Comments are closed for this entry.

Enlaces

Feeds