El problema es político, no social
Jun. 15 , 2011
Qué importantes han sido los acontecimientos que remecen Chile en los últimos meses y han puesto en evidencia la fragilidad del orden urdido en medio de los horrores de la dictadura; era difícil esperar otra cosa. Mas bien, aceptar nuestro status quo como el modelo o paradigma de los países emergentes es no solo de mal gusto: constituye una falta de respeto y una soberbia propia de los regímenes que existieron en el pasado, carentes de sintonía social. En verdad, no estamos tan lejos de ello.
Analistas liberales muestran su malestar con la eclosión de las mayorías y apelan a la primacía de la decisiones racionales, en abierta oposición a la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos. Las decisiones racionales, aquellas que son tomadas por quienes “conocen el panorama completo”, sabemos en qué han terminado, muchas de ellas tristemente. En la Alemania nazi, de modo racional fueron enviados a campos de exterminio millones de personas que no disponían de “la información completa”; al igual que las ejecuciones sumarias del totalitarismo soviético, o más cercanamente, con nuestros detenidos desaparecidos. Es verdad, quienes lo hicieron seguro conocían el panorama completo. Y este conocimiento desde luego que es completo igualmente por parte de los operadores de la banca, la minería y la energía. La cuestión central es que la racionalidad desprovista de legitimidad es terrorífica, más aun si sólo se afinca en el miedo o en la racionalidad tecnocrática, para la cual la ciudadanía es un obstáculo y un impedimento para el crecimiento de las naciones.
A otros les preocupa la calle y que ella sea el espacio hacia donde se trasladen las decisiones, en sí “paradigma de la desigualdad”, “espacio del oportunismo y la fuerza en el que los intereses de ciertos grupos particulares se presentan e imponen como si fueran universales”. Demandan partidos fuertes y profesionales, además de poner término a toda acción que implique dotar de poder a la ciudadanía. La calle ha sido escenario de los cambios en la historia: ocurrió en 1789, cuando las calles abrieron paso a las libertades que atesoramos, a los ideales de justicia social que siguen guiando las promesas de una democracia para todos. La calle abrió paso a la democracia en Chile, en contra de sus teóricos.
Por otra parte, quienes reconocen la falta de sintonía de la “clase política” con la ciudadanía, y adelantan juicios apocalípticos de que se está ad portas del peligro latente de liderazgos populistas frente a la falta de capacidad de interpretación de las demandas ciudadanas, y abogan por cambiar de nombres y contenidos que ya no se compran, como el vetusto traje de la vieja Concertación. Se intenta vender lo mismo con envoltorio nuevo. Es casi una forma de estafa.
Los temores a la democracia participativa, al uso social de la calles como espacio público deliberativo, y los intentos de blanquear o reciclar lo que ha dejado de ser, son miradas valiosas, por cuanto aportan material sustantivo que sólo reafirma la crisis que vive Chile.
Los malestares de la calle y de la ciudadanía son la invocación a cambiar este estado de cosas, a poner un cierre a las injusticias que viven a diario millones de personas, para quienes resulta incomprensible la desigualdad que se vive en el día a día, en la salud, la educación, la vivienda, en la representación de sus intereses y demandas.
La calle es el espacio público donde se estructuran las nuevas representaciones sociales y políticas venideras.
Nuestra crisis institucional es una crisis política y su solución deberá ser política. Los ciudadanos han ingresado a un nuevo ciclo, al que no lo han hecho los políticos tradicionales. Seguro habrá quienes se atrevan a dar esos pasos, y otros que preferirán la comodidad de sus privilegios.
Lo que no se puede exigir de la ciudadanía es que abdique de su poder soberano para reclamar un nuevo orden, una Nueva República Democrática. Ello sería terminar por romper el inestable y precario contrato social que sobrevive gracias a los acuerdos de la transición y abrir paso a las profundas transformaciones que avanzan en América Latina.
* Director ejecutivo de Corporación Libertades Ciudadanas.





El llamar a la manifestación en la calle saltándose el Estado de Derecho es casi sedición, habla de crisis institucional, de una "Nueva República Democrática". ¿de que país está hablando? ¿o es sólo un arrebato gramsciano?. Si todo estuviera como lo señala, no podría estar escribiendo lo que escribe.Se puede decir la misma idea sin envenenar a nadie
Posted by jorge on June 15, 2011 at 05:10 PM CLT #
Posted by Sebastian Ramírez on June 15, 2011 at 07:00 PM CLT #
Posted by Sebastian Ramírez on June 15, 2011 at 07:03 PM CLT #
Pero hay que tener cuidado. Durante la Unidad Popular proliferó el uso de la calle por la izquierda, la derecha y el centro. La gente quedó hastiada y con deseos que los mataran a todos.
Posted by Felipe Muñoz on June 15, 2011 at 07:40 PM CLT #
le falto mojarce el potito. se fue por lo historico
convenientemente pero se salto los 20 Años de la Concertacion corrupta que perdio el poder por dar migajas mientras operadores politicos de izquerda tipo mop-gate
saqueaban a manos llenas al estado.
a me olvide del DC de EFE 1300.millones de dollares
que mangazo se mando este granuja cara-raja.
Posted by gerardo choupay on June 15, 2011 at 09:17 PM CLT #
Posted by Esteban Soto on June 16, 2011 at 08:10 AM CLT #
Posted by BENJAMIN on June 16, 2011 at 08:35 AM CLT #