Adolfo Castillo

Poder Ciudadano

 

Política y sociedad civil: Las lecciones del 2011

Dec. 14 , 2011

0 Comments

En pocas ocasiones los procesos políticos y sociales se concentran al punto de adquirir perfiles nítidos y singulares que les dan fisonomía histórica a la vez que proyección, como acaece por ejemplo, con las revoluciones, los cambios constitucionales, la caída de un gobierno o el levantamiento popular. Son momentos constitutivos o generadores de nuevas tendencias históricas que implican a toda la sociedad, y como un tsunami, desplazan íconos, certidumbres, modificando el paisaje y dando lugar a una nueva realidad social...[Read More]

Hacia una segunda renovación progresista

Nov. 25 , 2011

9 Comments

Existen  escasos argumentos para  invalidar el desarrollo  y formación de un futuro conglomerado político que albergue  al más amplio y plural  espectro de  actores  políticos que se pongan  como objetivo alcanzar un gobierno de unidad  y reconstrucción democrática nacional.[Read More]

¿Es confiable la fusión liberal - conservadora para gobernar?

Nov. 10 , 2011

5 Comments

Cuando la derecha llegó al gobierno por vía electoral, se levantaron dudas y expectativas tanto sobre su capacidad para gobernar bajo reglas democráticas como por las promesas que esparció en su campaña. Los magros resultados obtenidos en su gestión de gobierno son ilustrativos de que la mayoría del país no confía en su capacidad de gobierno, abriéndose un nuevo escenario que anuncia cambios profundos para el futuro próximo. ¿Cómo explicar ese hecho?...[Read More]

Movimientos ciudadanos y política

Oct. 28 , 2011

4 Comments

El año 2011 será recordado como un período de cambio social, signado por la irrupción masiva de actores sociales en la esfera pública. Sin lugar a dudas los estudiantes han cumplido un rol catalizador a la vez que delatan los malestares más profundos de la sociedad chilena en este largo ciclo de vigencia del estado neoliberal, iniciado tras la crisis institucional de 1973. El modo en que se articulen las nuevas demandas y propuestas sociales a las fuerzas políticas emergentes marcará el proceso político de cara al 2014 y en los años venideros.

Ha sido difícil de aceptar por parte de la clase política tradicional gobernante - en el poder y la oposición - que el ciclo iniciado hace 38 años está en fase de colapso, no porque exista un cuadro de deterioro creciente y nunca acabado de crisis de la política, o por el bajo nivel de legitimidad de las instituciones del Estado, porque los jóvenes no creen en el sistema o por la irrupción de las mayorías o la revuelta de la clase media.

Los motivos apuntan en otra dirección: estamos asistiendo a una escisión entre, por una parte, sistema político y, por otra, sociedad. El sistema político de democracia protegida que rige en el país está anclado a un diseño surgido en tiempos de la guerra de baja intensidad, cuando los Estados Unidos enfrentaba el reto comunista en su patio trasero, y que llevó a la instalación de dictaduras de seguridad nacional, como la que vivimos por 17 años. Ese sistema fue ideado como una contención o barrera a la expansión del comunismo y socialismo, que veía la sociedad como un campo de lucha donde sólo cabía la aniquilación del opositor. El nuevo orden creado por los defensores de la libertad fraguó una idea de democracia para controlar a la sociedad y no para fomentar su autonomía y la deliberación pública. Pero a casi cuatro décadas del asalto al poder y de fundación de un estado defensor de privilegios corporativos de la clase lucrativa, los argumentos a favor de preservar un orden que por su naturaleza ha producido desigualdad, son equívocos. Los argumentos conservadores que, por ejemplo, asocian multipartidismo con polarización social, para negarse a modificar el sistema binominal, delatan confusión, pues las circunstancias en que se desarrolló esa sociedad y ese régimen electoral ya no existen. Son los fantasmas del pasado. Y de esos  está poblado el discurso  político.

Por otra parte, la sociedad que se separa del orden reinante, lo hace porque la democracia representativa de la Constitución de 1980, no fue concebida para incluir a los nuevos sujetos y actores sociales, sino para excluir a los viejos grupos del orden bipolar del siglo XX, evitando al máximo su interferencia en los asuntos del nuevo estado subsidiario. Si se lee detenidamente, en los últimos 38 años no ha habido integración institucional de formas de participación ciudadana en las políticas públicas como política de estado. En dictadura hubo corporativismo social, fundada en la teoría de los grupos intermedios. En la post dictadura – periodo de la Concertación - en rigor hubo simulacro y algunas buenas intenciones y, en los nuevos tiempos, no alcanza para farsa. La ley 20.500 ni dispone de presupuesto, ni se ha actuado con la debida prolijidad en su implementación.

Enfrentada a un orden que  no  valora a la ciudadanía, el camino de la acción ciudadana no institucional seguirá en desarrollo y marcará los escenarios políticos próximos. El sistema político no dispone de ductos de descompresión, y la clase política vive en una institucionalidad del pasado. La confluencia entre movimientos ciudadanos y nuevos liderazgos democráticos exige levantar propuestas de recomposición sistémica y programática de un nuevo orden político, que instale en La Moneda a los sujetos históricos del siglo XXI.

Para leer el 5 de Octubre

Oct. 05 , 2011

0 Comments

Se vivirá en Chile un segundo 5 de octubre sin estar en el poder del Estado la coalición que se hizo del poder luego de infligir una derrota en las urnas  a la dictadura militar. Ese día que se vivió como fiesta en los primeros años de recuperación democrática y que hoy sólo es motivo de recuerdo para unos pocos, parece tornarse propicio para reflexionar sobre la fragilidad del orden político instituido y para explicarnos qué fue lo que ocurrió en nuestro país que hizo posible la construcción de una sociedad con miedos, injustica social, desigualdad, exclusiones, y múltiples violencias que la asedian y amenazan nuevamente. No existen razones para celebrar el 5 de octubre.

Cuando se intenta analizar el proceso post plebiscito de 1988 a objeto de comprender y explicar por qué la energía democrática que se expresó en las urnas ese día primaveral, la alegría como se la denominó, se disolviera y terminara en un lejano recuerdo, y donde sus actores - millares de ciudadanos/as - se fueron replegando como avergonzados de la criatura que surgió de ese viejo soberano que le dio vida y sustento, se puede evaluar ese proceso a lo menos desde dos perspectivas: vencedores y vencidos. Y surge de inmediato la pregunta ¿quiénes son ellos?

Los vencedores serían quienes agrupados tras la Concertación de Partidos por la Democracia se hicieron del poder del Estado en 1990, y los vencidos, los soportes políticos de la dictadura del general Pinochet  y los actores sociales y políticos que no participaron del diseño de salida pactada que dio lugar al proceso de transición. ¿Cómo se explica el dramático cuadro de desafección actual hacia la política existente y la aspiración a retomar un camino sensato de desarrollo inclusivo, justo y en democracia?

Los vencedores del 5 de octubre han propuesto líneas explicativas pero no autocrítica de los motivos que arrojan luz sobre el clima emocional del país. Para unos, el sistema político estuvo trabado por los cerrojos institucionales que impidieron la expresión de la voluntad popular, siendo el sistema electoral, los senadores designados en el primer decenio post dictadura, y los altos quorum constitucionales, los principales responsables de la crisis de representatividad política que aqueja a ambas cámaras y al sistema político en general. Para otros, por una excesiva prolongación del modelo de gobernabilidad diseñado y operado en el gobierno de Aylwin que, gracias a los acuerdos intra elites permitió fijar campos de acción y prebendas mutuamente ventajosas a los actores con poder real entonces. También existe la visión que los vencedores del 5 de octubre olvidaron los compromisos programáticos democratizadores previos a su llegada al poder, que abandonaron a la población que les dio apoyo y confianza, y también que el desgaste de los años en el poder erosionó la fortaleza que proyectaban. Entre medio, circulan ideas sobre la elitización u oligarquización de la política, el transformismo, hasta los extremos de la corrupción o descomposición de una coalición que perdió el alma y se corrompió en disputas de poder e intereses privados, abdicando de lo público.

En este contexto, cabe pensar sobre los vencidos de entonces, y hoy en el poder. En rigor, sólo perdieron la facultad de aplicar el terror y el disciplinamiento como lo practicaron por años, y algo de recaudación por las reformas tributarias de inicios de los noventa. Su poder se mantuvo incólume a través del orden constitucional que diseñaron y pensaron perduraría por siempre. No obstante, el poder de ese grupo social y político, no radicaba tanto en la política como en las reglas de mercado que se expandían y generaban una nueva sociedad, produciendo hegemonías proclives al pensamiento conservador y autoritario y, en última instancia, no democrático.

Un grupo vencido minoritario fue el nucleado en torno al Partido Comunista, fracciones socialistas, y desgajamientos del núcleo vencedor que se retiran del aparato de Estado por discrepancias en enfoques de gobierno. Para ese sector se vivió una travesía por el desierto, muchos de ellos en las cárceles, exiliados, en condiciones de subsistencia, retornando a los estudios, rehaciendo vidas clandestinas. Dura derrota pues junto con quedar fuera del diseño de gobierno, pierden a la vez referentes globales tras a caída del Muro de Berlín.

En 1990 se construyó una doble alianza que permite explicar la crisis de Chile actual: por un lado, el centro político de entonces, aliando a la franja renovada del Partido Socialista y a fracciones liberal – progresista más tarde, recompone un eje de poder político y social que daría estabilidad al orden post dictadura, a cambio de la concesión a los soportes del viejo régimen, de la mantención de los equilibrios de poder, léase modelo económico e institucional, y renuncia a abordar con rigor el tema de las violaciones a los derechos humanos. Por otro, una alianza en el grupo vencedor del 5 de octubre, que avanza solapadamente: la renuncia a los ideales de cambio y la apropiación de un discurso e ideología global, al igual que las planificaciones del periodo Frei Montalva y Allende. No era extraño para quienes conocían de propuestas integrales, totales. El ideario neoliberal que se expandió durante los gobiernos de la Concertación, junto con ser una derrota de ideas para los vencedores de octubre, marca a la vez la ruptura del acuerdo social que hizo posible la sostenibilidad de ese proyecto administrado por la fracción mesócrata de la elite chilena.

Junto con la descomposición de los sujetos históricos de la transformación social y política de los proyectos de cambio del siglo XX, el núcleo de poder que administra el Estado entre 1990 y 2010, queda vaciado de interlocutores y sujetos sociales transformadores, lo que explica en parte, la soledad actual de las elites en un marco de reconstrucción de nuevos sujetos.

Prisionera en el dilema de los encuadres de la post dictadura, las fuerzas triunfantes de 1988, enfrentadas hoy a una crisis profunda, nos recuerdan a Marx que escribió en 1859: “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitro, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”. Hoy en medio de una crisis profunda de supervivencia “es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable, representar la nueva escena de la historia universal”.

Nace un proyecto político

Sep. 23 , 2011

2 Comments

Tras años de escuchar los mismos discursos y ver rostros repetidos, tiene lugar un cambio en la situación política que adelanta los perfiles que tendrán las luchas democráticas venideras, proceso signado por la pervivencia de modos del siglo XX de comprender las transformaciones y la emergencia de las nuevas fuerzas, en una disputa que dejará en el pasado los vestigios del ciclo oligárquico que creíamos había concluido.

El orden político chileno se ha sostenido dos siglos por la conjunción de tres factores: un Estado instituido por las fuerzas oligárquicas rebeldes al sometimiento hispano, una sociedad civil fuertemente hegemonizada por los poderes fácticos dominantes, cultural, política y económicamente, y una naturalización de la desigualdad e injusticia social.

El siglo XX marcó una inflexión en el proceso de disputa por el sentido de la democracia donde diversos ensayos políticos buscaron realizar unos ideales de justicia e igualdad en un marco de respecto a las reglas democráticas. El modo en que las fuerzas políticas, los actores sociales y el sistema político se articularon para producir esos cambios dio un sello distintivo al tipo de democracia chilena en el contexto latinoamericano. Estado, partidos y actores sociales del conflicto capital / trabajo marcan el decurso histórico que culmina en 1973. El estado capitalista fundado de las ruinas de La Moneda, no sólo transforma el contenido de la forma de dominación que había imperado, sino que deja al desnudo el nuevo formato del poder instalado, ahora sometido a las reglas y lógica del mercado, desprovisto del contenido democrático del viejo ciclo con la pretensión de una nueva fundación estatal sostenida por las nuevas clases políticas recicladas y desarmadas ideológicamente. El milagro de la Concertación debe entenderse como el triunfo del neoliberalismo sobre la democracia y como derrota moral de los viejos adalides de la justicia social.

Durante toda la fase del post pinochetismo, desde 1990 en adelante, se produjo una partición del campo democrático que operó en los ochenta: por un lado, los actores sociales orgánicos afines al proyecto de la Alianza Democrática, bajo conducción del PDC, son cooptados, asimilados o fagocitan del aparato estatal gobernado por la Concertación, en un entendimiento basado en dejar que las reglas institucionales de la Carta de 1980 reformada, operaran sin alterar lo esencial del modelo y la refundación neo capitalista. Este proceso fue posible gracias a la continuidad histórica del viejo patrón de relaciones entre pueblo y política, proceso marcado por clientelismos, amiguismo, formas de corrupción, que dieran tono a la democracia tutelada que se abría paso en gloria y disciplinamiento social. De otra parte, los actores sociales que quedaron fuera de la negociación, básicamente del PC y sectores socialistas y fuerzas no adscritas al orden guzmaniano, terminaron replegadas y esquilmadas, manteniendo adhesiones a proyectos del viejo siglo XX, y sólo generando acuerdos tácticos con las fuerzas políticas administradoras del Estado en una fase tardía y de crisis de proyecto estatal fundacional del neoliberalismo.

Con la aparición del movimiento estudiantil, de los ambientalistas, y grupos expresivos de identidades y reivindicaciones nuevas, al margen de la política institucional y sus ritos, se fractura una línea de continuidad que había perdurado casi un siglo, y emergen los perfiles de un nuevo proyecto político nacional, con nuevos liderazgos, discursos, formas de comunicación, que apunta una crítica a corazón del sistema: el fin del lucro, un nuevo rol del Estado y la gratuidad del bien público educacional como promesa de justicia social.

En ese cuadro, las invocaciones a recuperar la idea de la Asamblea de la Civilidad, hechas por parte de los futuros náufragos del tsunami político que se avecina, no sólo es atemporal sino crónica de una farsa anunciada. O de otra parre, como acercamiento a un nuevo acuerdo social, que permita escuchar lo que la gente quiere es algo difícil de digerir.

Es necesario concordar en que aun cuando sobrevivirán los modos tradicionales y culturales de hacer política en el Chile de hoy, ese proceso no será dirigido por los actores políticos que contribuyeron a la construcción de un país profundamente desigual, oligárquico y seudo democrático.

Un proyecto transformador está naciendo en Chile, y nuevos líderes se están formando. Un  proyecto político democratizador,  renovado,  de mayorías,  anclado en  la  ciudadanía.

La clave es sumarse al cambio de mayorías que trasciende las vejas nociones de centro e izquierda. Esos nichos con pretendidos dueños no existen.

El sentido común ha sobrepasado los límites cognitivos de un grupo que se auto reprodujo por años al amparo de un orden que ha generado a sus sepultureros.

¿Sobrevivirá la Concertación?

Sep. 16 , 2011

8 Comments

El debate que está teniendo lugar sobre las opciones de continuidad de la Concertación de Partidos por la Democracia, se está circunscribiendo a cuestiones formales, obviando la crucial pregunta por la vigencia de un proyecto y el consentimiento social que suscita en la ciudadanía...[Read More]

La democracia de los desacuerdos

Sep. 07 , 2011

5 Comments

¿Cómo explicar los bajos niveles de popularidad del actual gobierno y de la política institucional, más allá de la crisis educacional?, ¿En esto consiste el fin de la democracia de los acuerdos?, ¿Cómo interpretar los fenómenos que sacuden la gobernabilidad institucional? No parece posible encontrar líneas argumentales que den cuenta de la magnitud del proceso, ni modelar una realidad que recién comienza a manifestar su primeras expresiones...[Read More]

Los actuales perfiles de la política

Sep. 01 , 2011

0 Comments

En 1993 Norbert Lechner  escribió: "En  lugar  de  una  mayor libertad de elección  del ciudadano y una mayor transparencia de las decisiones  políticas, la entronización de la racionalidad económica significa primordialmente la consagración de criterios  mercantiles en la política: el dinero, la competencia, el éxito individual", trazando los malestares  con el tipo de   política que  entonces  comenzaban a hacer  su aparición, y dibujando  las  líneas  y tendencias  que  hoy se presentan  como expresiones  indesmentibles de la crisis que  afecta  a la política y  que  anuncia  la recomposición de  un nuevo  ciudadano en Chile, de  una nueva comunidad política...[Read More]

Chile vive una revolución ciudadana en contra del lucro y a favor de la igualdad

Aug. 19 , 2011

5 Comments

Vivimos  inmersos en un profundo  cambio  social resultado de las movilizaciones estudiantiles que  se iniciaron  hace  más de dos  meses, proceso que  mirado  globalmente constituye  una acción  revolucionaria por cuanto pone en tensión  las instituciones  estructurantes del orden instituido  y generan movimientos  en  el conjunto de la sociedad.  Lo que  no se nombra existe,  independiente de  su realidad  mediática.

En la cuarta  centuria antes de nuestra era,  Aristóteles había apuntado en  su obra  Política, que la  causa principal  del sentimiento que impele a la revolución,  se  debe a que “los unos, aspirantes  a la igualdad, se sublevan, si, en su opinión son iguales a otros que tienen más de lo que ellos  tienen; los  otros, aspirantes a la desigualdad y a la supremacía, se sublevan  a su vez cuando estiman que no obstante ser desiguales, no tienen más que sus inferiores, sino  algo igual  o inferior.  Sublévense los inferiores para poder  ser  iguales, y los iguales para poder ser superiores”,  declarándose de este  modo  el sentimiento  revolucionario. Entre los  motivos  que impulsarían la revolución, según Aristóteles, está el lucro (Libro  V, II).  Por el lucro  y el honor  son excitados  los hombres, los unos contra los otros pero no con el fin de adquirirlos para sí mismos, sino por ver que otros hombres tienen de esos bienes una mayor parte, una justa y otros injustamente. A mayor  abundamiento,  el Estagira escribió hace  mas de 2 mil  años que “cuando los hombres que están en el poder se ensoberbecen y buscan su medro,  sublévense contra ellos los demás  ciudadanos y contra  la constitución que otorga a aquéllos tal privilegio”. 
 
Releyendo estas palabras provenientes de los  orígenes de  nuestras  democracias,  no dejan de  sorprender  su resonancia  en  nuestros días convulsos. Las intensas manifestaciones  sociales  vividas  en el país durante este año, particularmente, las acaecidas en contra de la construcción  de centrales  hidroeléctricas  en Aysén,  y  las  actuales movilizaciones estudiantiles,  son expresiones de unmalestar social resultante de las desigualdades  existentes en nuestra sociedad, desigualdades  manifestadas la primera, en la desprolijidad  para  imponer  una política ambiental que  conlleva un  lucrativo  negocio para las empresas  que  operan en los pasillos del poder  político, que otorga ventajas enormes frente a ciudadanos  con conciencia  medioambiental; en el segundo caso, frente a las  desigualdades que genera el lucro en la educación  como  motor del desarrollo  de las energías  individuales, generando deudas enormes  en estudiantes de los grupos  más  pobres de la población,  perjudicando la calidad  de la educación  y  en definitiva, afectando el futuro  de millones de jóvenes que no  tienen  un lugar  en un orden que se  mueve  por códigos  distintos a los ideales democráticos como la igualdad.

Desde esta perspectiva, Chile  vive  una revolución ciudadana  en contra del  lucro y a favor de la igualdad. Los sublevados del siglo XXI chileno no  son los viejos destacamentos de las revoluciones burguesas, o populares de los siglos XIX  o XX: son  los  nuevos ciudadanos  de la era de la información y la revolución tecnológica,  informados, conscientes.  

La  política debe  responder a estas demandas y  actuar  pensando en la mayoría. La defensa de la desigualdad por parte de la elites en el poder, como por ejemplo  afirmar  el lucro  como  éticamente  correcto, es a lo menos  impopular, y  sólo acentúa el  sentimiento de agravio en contra de las mayorías sociales  que  han resuelto  enfrentar de una vez los malestares que  provoca.  Y  cabe destacar que el lucro  se lo asocia a los abusos y a la soberbia de los  poderosos.

Aun es tiempo de  modificar  el rumbo y  avanzar  a un  cambio  institucional, sea  por la vía deliberativa o  a través de  mecanismos consultivos o constituyentes  que  restablezcan  los equilibrios de poder  de un orden que  se instauró como  acto  de sublevación de quienes deseaban mantener las desigualdades.  Aristóteles  nos sigue  dando lecciones de  política.

El relato de la cuidadania es recuperar la democracia

Aug. 07 , 2011

20 Comments

La  llegada  al poder de una  coalición signada  por su cercanía con la  vieja  dictadura  militar, parece  haber  puesto las  cosas en su lugar, pues  sus exponentes son quienes deben no sólo  administrar bien lo que idearon como relato  de  orden institucional - la Constitución, el modelo  económico y social -  sino  que  justificar por qué es  el mejor de los sistemas posibles...[Read More]

Transición a la democracia 2.0

Jul. 07 , 2011

1 Comments

No resulta comprensible  para millares de jóvenes que hoy  reclaman  por su derecho al futuro que, luego de recuperada la democracia en el  mítico  plebiscito de 1988, aún  se mantengan  las mismas  estructuras económicas y políticas  sobre las que  se  asentó la dictadura neoliberal que tuvo a Pinochet por guardián. Por ello la recuperación de la  democracia recién  está  comenzando...
[Read More]

El problema es político, no social

Jun. 15 , 2011

7 Comments

Hubo de  tornarse  incierto el  escenario  público para que emergieran las voces  que forman  el sustento ideológico  y político de lo que han sido estos años de  democracia  delegada  por los soberanos a una  elite  política que se resigna a perder los privilegios alcanzados. 
[Read More]

Actores sociales y partidos políticos: Los perfiles de la crisis

Jun. 06 , 2011

3 Comments

Un debate de amplias repercusiones está teniendo lugar en los espacios donde la cuestión pública otorga contenido a la acción, tanto de los actores políticos de naturaleza institucional -los partidos- como los actores sociopolíticos, vale decir, aquellos que movidos por fines cívicos ingresan a la arena de la política deliberativa. Este texto, escrito en  el otoño  de   2006,  adquiere  plena sintonía  hoy.
[Read More]

Una crisis sin retorno

Jun. 03 , 2011

10 Comments


Las  preocupantes  cifras  de desaprobación ciudadana obtenidas tanto por el  gobierno  como por la coalición que  lo apoya —de un 56 %  y 57 %  respectivamente—, y  el  65%  logrado  por la  Concertación,  no son  fenómenos  pasajeros o  atribuibles  a problemas de  gestión de equipos  políticos o  a impericia  política del gobierno de turno. Son manifestaciones palpables  de que  la sociedad  chilena  no  desea  continuar siendo  ninguneada  ni desoída, abriéndose  las puertas  a un nuevo ciclo  constitutivo de  un cuadro  político en desarrollo que  puede  llevar  al país hacia  una democracia para  la ciudadanía  y no para  unos  pocos privilegiados. 

Las muestras de  descontento  que se han  expresado en la arena  pública en los últimos meses son diversas. Algunas de ellas son: el movimiento de estudiantes que exige el fin del lucro en la educación (recientemente  rectores de diversas universidades se han sumado al petitorio).  Masivas manifestaciones en contra de  la construcción de HidroAysén y  las múltiples formas de  movilización  invisibles a los medios masivos de comunicación, como las ocurridas en las principales  ciudades de Chile, a las que deben  sumarse los malestares  diarios que enfrentan los  usuarios del Transantiago, de los sistemas públicos de  salud y las prolongadas esperas para ser  atendidos a enfermedades que se prolongan por meses o años. Las acciones recientemente mencionadas son  signos que  no pueden  pasar de largo. Contienen  los ingredientes del cambio  ciudadano que  muchos  intuyen y cuyas  formas  orgánicas están en pleno  desarrollo.

En esta  crisis política (nombre que designa  un estado de  malestar  generalizado de la población  con la forma en que se gobierna  y adoptan decisiones), algunos sólo ven  problemas de  gestión, o  de  movimientos inconducentes premonitorios de  populismos. Otros aprovechan  de  execrar en contra de la democracia participativa, mientras algunos analistas apelan a la  autocrítica de las elites políticas. Todas estas  perspectivas, que  intentan  salvaguardar  una institucionalidad que  hace  agua, no  reparan en un hecho  esencial: la ciudadanía  ha dicho  basta y ha  iniciado  un camino hacia un restablecimiento de las confianzas perdidas. Los ciudadanos exigen reformas  profundas en materia  político-institucional. Es preciso que la soberanía  recaiga en la sociedad,  que se expresen las diferentes visiones  de ésta en el Congreso Nacional. Es necesaria la nacionalización del agua; la salud y la educación deben volver a ser  un servicio prioritario y no  un problema de los  pobres. Los ciudadanos demandan que el medio ambiente  no sea un negocio que  destruya al país que aman  sus  habitantes. Tan simple como eso.

Se  vislumbran  varios caminos de  salida a esta  crisis, donde lo que  sí es evidente que la  articulación orgánica será  el resultado de  una nueva convergencia ciudadana junto a  los nuevos actores  políticos. Los  viejos residuos de la política tradicional  podrán oponerse o reciclarse; las nuevas  fuerzas político-ciudadanas seguirán desarrollando su rol  de expresar  los malestares y dar  formas  orgánicas al diálogo con los actores  políticos emergentes. El cambio que se  avecina es cuestión de tiempo.



* Director ejecutivo de Corporación Libertades Ciudadanas.

Enlaces

Feeds