Axel Buchheister

Comentando la actualidad

 

Un país semiserio

Mar. 20 , 2011

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Publicado en La Tercera, 20 de marzo

Nos visita el Presidente norteamericano, Barack Obama. Se ha dicho que viene a Chile porque es un país modelo en la región en democracia, institucionalidad y solidez económica; en suma, porque somos serios. Aunque es cierto, tiene algo de inercia acumulada del pasado, porque si se revisa el debate político de la semana, ya no es claro qué tanto lo somos.

El gobierno no se destacó por su seriedad en la modificación del Sipco, un sistema para atenuar las alzas de los precios de los combustibles -discutible finalidad, porque es importante que las señales de precio se transmitan para que la gente ajuste el consumo-, que había sido aprobado por ley apenas en enero pasado y cuya laboriosa formulación -iniciativa del propio gobierno- pretendía que fuera un mecanismo objetivo y no susceptible de manipulación política. Como, de acuerdo a sus normas, la moderación del alza se gatillaría recién la próxima semana y el gobierno no estaba disponible para pagar el costo de la queja de los consumidores ni siquiera por una semana, mandó un proyecto de ley de discusión inmediata para que operara sin dilación e incluyendo una norma que altera el diseño, de forma que en lo sucesivo los precios se podrán manejar sin la necesidad de una nueva ley. No hubo ni un solo político que lo denunciara, porque en Chile nadie se atreve a asumir el costo de decirle a la gente que no queda otra que subir la bencina cuando sube el petróleo en el mundo.

El gobierno, en cambio, dio el tono en la cuestión nuclear, a pesar de las imágenes de la pesadilla que vive Japón. No así la oposición, que en forma oportunista exigió que se dejara sin efecto la firma del convenio de cooperación nuclear con Estados Unidos, y la Alianza, que mayoritariamente guardó silencio ante esto. Absurdo, porque ese acuerdo es más necesario que nunca, porque -como dice su nombre- busca cooperar con el fin de mejorar nuestro nivel de conocimiento en el tema y formar cuadros profesionales adecuados para analizarlo. Incluso le sigue un seminario en nuestro país sobre seguridad nuclear: imposible mejor escenario para debatir y procurarnos información sobre qué sucedió exactamente en Japón y por qué, todo lo cual es indispensable para tomar una decisión informada y seria, en un asunto trascendente para nuestro futuro energético y que sin duda presenta riesgos que, hoy más que nunca, deben ser apropiadamente evaluados.

Si bien hay razones para pensar que el gobierno rechazó la pretensión opositora, más que nada, para no causar un desaire al ilustre visitante, eso al menos ya es signo de seriedad. Pero muchos de los que se oponen tajantemente a la energía nuclear, también lo hacen respecto de la termoeléctrica y la hidráulica, y no se sienten en lo más mínimo interpelados a explicar de dónde saldrá la energía que necesitamos para crecer, porque las fuentes no convencionales no pasan hoy de ser una linda quimera.

Sí, somos más serios que otros, pero no podemos seguir girando indefinidamente contra el stock acumulado. Necesitamos más seriedad en el debate y una clase política no dedicada a satisfacer las rabietas de la  gente y a obtener dividendos coyunturales, sino a liderar y señalar el camino. No poco.



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