Axel Buchheister

Comentando la actualidad

 

El riesgo de dejar suelto el debate

Jul. 10 , 2011

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 Publicado en La Tercera, 11 de julio del 2011

Evitar las definiciones -sobre el lucro en la educación, por ejemplo- es terreno fértil para los mitos y la desinformación.


Los anuncios presidenciales sobre educación superior provocaron un quiebre de tendencia y han logrado que el gobierno marque la agenda: hayan gustado o no, la discusión gira en torno a ellos. Por lo mismo, sorprende que el tema del lucro -hoy el "leit motiv" de las protestas- haya sido eludido.

Una vez más, el gobierno evita las definiciones y deja la cancha libre para que las hagan otros, como si no fuera su tarea señalar el rumbo. Al llamar a un "debate amplio", sin siquiera fijar una posición, no se puede esperar como resultado algo menos que un descrédito a la actividad privada en educación, lo cual afectará el desarrollo de esta y traerá costos políticos directos para el propio gobierno, entre otras cosas, porque tiene dos ministros vinculados a una "universidad con lucro", quienes terminarán cuestionados y con su capacidad de acción mermada. Ello, en circunstancias que no han hecho nada indebido, sino que por el contrario, han realizado un aporte, como todas las entidades surgidas de la reforma de hace 30 años, sin las cuales el país no habría podido absorber la demanda por más educación superior, ni sentar las bases para el fenómeno de promoción social que estamos viviendo y de mejora de la distribución del ingreso en las nuevas generaciones.

Las universidades privadas no tienen fines de lucro, como manda la ley. Dado que requieren de infraestructura para desarrollarse, nada impide que los fundadores hagan el negocio paralelo de proveerla; de hecho, si se prohibiera decaería la inversión, con grave perjuicio para la educación superior. ¿Por qué sería lícito que la provea un tercero, pero no si lo hacen los fundadores de la universidad? Por lo demás, la extendida figura de entidades sin fines lucro que arriendan inmuebles a una inmobiliaria de los mismos asociados, existe en Chile desde el siglo XIX; ¿se volvió ilegal por una simple protesta callejera?

Pero lo incomprensible es que, además de dejar suelto el debate, se agregara un ingrediente de crítica que hasta ahora no se había mencionado: si se permiten las universidades con fines de lucro, deberán tributar -se dijo-, creando la sensación que hoy además de lucrar, esos privados no pagan impuestos, lo que es inexacto, pues pagan más tributos que ninguna otra universidad. Esto, porque todas las universidades están exentas por una ley especial del impuesto de primera categoría, de modo que pueden reinvertir todo su excedente, pero si parte del ingreso va a una inmobiliaria, ahí queda sujeto a dicho tributo y eventualmente a los impuestos personales de los socios, si hay retiros. A esto se agrega que Impuestos Internos tiene la facultad para objetar el monto de la renta de arrendamiento, aunque quizás lo haría para subirlo y así "eludir" la exención de la universidad, y aplicar más impuestos a la inmobiliaria.

Evitar las definiciones es terreno fértil para que proliferen los mitos y la desinformación. Lo prueba la última encuesta Adimark: en abril la aprobación a la gestión del gobierno en educación era 60%; en junio 26%. ¿Qué cambió en educación en esos dos meses que justificara tamaña caída? Nada, sólo que hubo protestas y ninguna capacidad de hacer contrapunto.



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