Punto Aparte

de La Tercera

 

Purga y confesión

Mar. 08 , 2009

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Entre los efectos personales de Stalin que se encontraron después de su muerte, en 1953, había una carta de su ex colega Bukharin, escrita 15 años antes desde la temible prisión de Lubyanka. En ella, el otrora influyente líder bolchevique se dirige al jefe de la URSS por su apodo afectuoso y le pregunta: "Koba, ¿por qué necesitas mi muerte?". Al día siguiente era ejecutado por "conspirar contra el Estado soviético".

Aunque sin el trasfondo siniestro de la carta de Bukharin, las misivas que esta semana hicieron públicas dos ex altos funcionarios de Cuba recientemente destituidos por el Presidente Raúl Castro recuerdan la sórdida atmósfera de las purgas estalinistas. Por entonces, el funcionario que caía en desgracia no sólo era destituido y luego sancionado -si tenía suerte, sólo a trabajos forzados-, sino que previamente debían "confesar" sus crímenes y mostrarse "sinceramente" arrepentidos (bajo el ojo atento de sus carceleros y torturadores).

Otro castigo, no necesariamente menor, era la pérdida de todo estatus dentro del aparato estatal y el Partido Comunista, lo que equivalía a una suerte de muerte en vida, una cuasi invisibilidad. Como en el caso de los dos cubanos defenestrados, poco pesaban los años o décadas de fiel dedicación a la Revolución y de ciega obediencia a sus líderes. Ambos caribeños también han renunciado a todos sus cargos, reconocido sus "errores" y reiterado su lealtad a "Fidel, al Partido y a usted (Presidente)".

A buen entendedor... (MOJ)



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