La tele es bella
Feb. 09 , 2009
Está en su segunda temporada y hace furor entre los aficionados a las series de cable; hay quien dice que es la versión televisiva de "la gran novela americana", y los expertos coinciden en que confirma que hoy las mejores plumas escriben para la televisión, no el cine. Todos están locos con Mad Men, que ya tiene tres Globos de Oro y seis Emmy en su haber, y todos quieren verla. La pregunta es para qué.
No se trata de oficiar de críticos expertos, y sin duda la serie tiene méritos técnicos y artísticos de sobra, pero el mundo que retrata es el último lugar en donde uno quisiera pasar una temporada. Tal vez esa sea la gracia, la agudeza y cinismo con que se muestra el hipercompetitivo y estresante mundo de la publicidad en EEUU a principios de los 60, así como la mirada que se posa sobre la sociedad norteamericana de esos años.
Con todo, no es para subirle a uno el ánimo ni hacerle creer en la buena fe del prójimo. El adulterio es práctica común, todos les "aserruchan el piso" a todos, el machismo exacerbado está a la orden del día, la competencia por "la oficina con ventana" monopoliza las conversaciones, el dinero y la buena imagen son los bienes más preciados, ser racista es la norma, las mujeres son sumisas, se fuma en todo lugar y y toda hora, se beben grandes cantidades (y se engominan mucho los cabellos).
Sobre la calidad de los guiones, las actuaciones y la producción de la serie, no hay dos opiniones: Mad Men es de lujo. Pero detrás de la pantalla, por favor, porque vivir como esa gente es de miedo. (MOJ)




