La sorpresa de Raúl
Jan. 30 , 2009
El viaje de Raúl Castro a Rusia, el primero que hace a ese país en 23 años, trae a la memoria una escena de la miniserie La Compañía, que cuenta la historia de la CIA.
Un ex agente ruso y un ex "topo" norteamericano, ambos retirados tras décadas de espiar para la URSS, se encuentran a principios de los 90, ya ancianos, en un parque de Moscú. Sentados en un banco, miran pasar a los habitantes de la capital rusa post Guerra Fría: una joven con audífonos trota en una ajustada malla, más allá alguien habla por celular, se ven lujosos Mercedes Benz circular por la calle, también hay vendedores ambulantes. "Esta no es la Rusia que imaginábamos, Yuri", dice uno de ellos, más en tono de constatación que de amargura. Vaya que no.
Castro, que no ha visitado Moscú desde que Gorbachov estaba al timón -la prehistoria, en otras palabras-, encontrará una ciudad más en sintonía con el capitalismo salvaje de Occidente que con la ortodoxia marxista soviética que él recuerda (al menos en lo económico, porque lo de las libertades políticas es harina de otro costal). Si distinguir un McDonald's en la Plaza Roja no le provoca un síncope, quizás ver a gente comprando dólares en la calle sí lo haga. Y si por la noche, tras cenar en el Kremlin, le sirven al líder cubano una copa de Jack Daniels, ya no habrá quién lo despierte.
¡Qué distinto sería si fuera un ruso el que visitara La Habana con un amigo tras una ausencia de 23 años! "Esta es exactamente la Cuba que recuerdo, Yuri", podría decir. Vaya que sí. (MOJ)




