Punto Aparte

de La Tercera

 

Dulce venganza

Mar. 03 , 2009

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La ciencia continuamente revela las raíces fisiológicas de emociones y comportamientos humanos. Según distintas investigaciones detrás de la ira, los celos o la envidia, está nuestro cerebro actuando. No somos nosotros, realmente, los iracundos, celosos o envidiosos, sino esa masa de kilo y medio que todos (en teoría) tenemos en la cabeza.
Los genes también explican crecientemente toda suerte de conductas. Hay un gen que "explica" los arranques de ira y otro responsable de la propensión a comer en exceso. También hay genes que determinarían por qué una persona es poco activa, o demasiado; por qué alguien es sociable, o tímido, etc.
En la Universidad de Zurich, por ejemplo, han descubierto que la intención de vengarse estimula la misma parte del cerebro que cuando comemos un postre. En simples palabras, el desquite (o sólo imaginarlo) produce a nuestra materia gris un placer análogo a paladear un chocolate o un rico helado. O sea, la comprobación científica de que la venganza es, en efecto, dulce. Y según la revista Science, la envidia, literalmente, duele (o eso nos hace creer nuestro taimado cerebro).
Quienes disfruten al tomarse un desquite, entonces, no tienen que sentirse culpables: es una reacción biológica inevitable y no hay nada que puedan hacer al respecto. Y si le duele ver a su vecino en su auto nuevo, despreocúpese, es una jugarreta cerebral. No son más que neuronas haciendo sinapsis. Usted puede tener la conciencia tranquila, son cosas del cuerpo. (JPS) 



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