Cuando olvidar es fácil
Feb. 18 , 2009
La naturaleza es sabia; el hombre no. Quien dude de esa verdad primordial sólo mire a su alrededor y verá cómo algún prójimo la corrobora por acción u omisión. No por nada se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (por animal, precisamente). Tan sabia es la naturaleza que, en su afán por proteger al hombre de sí mismo, ha diseñado mecanismos "naturales" de aprendizaje.
El dolor, por ejemplo. El niño que mete el dedo en el enchufe generalmente evita volverlo a hacer -si no es Bart Simpson-, porque recuerda vívidamente que la cosa duele; conclusión a la que ya habían llegado antes que él incontables generaciones de niños con dedos que, mucho antes de existir la electricidad, los introducían en toda suerte de lugares inapropiados y, a la postre, dolorosos.
La memoria, a fin de cuentas, es un mecanismo natural de protección. Porque se aprende no sólo del dolor físico, sino de otras experiencias (en general, tanto más educativas cuanto menos placenteras, por desgracia). Del recuerdo de una humillación, por ejemplo, se pueden aprender muchas cosas; lo mismo de una derrota o de un importante fracaso.
Todo eso se acabó, porque el hombre, en su infinita falta de sabiduría, ya ha diseñado un fármaco que busca "hacerle el quite" a la naturaleza, por la vía de borrar los recuerdos traumáticos. La idea es curar de miedos que paralizan, pero a futuro, ¿por qué no querer olvidar el reto del jefe, la "patada" de una polola o el 3 a cero contra nuestro equipo? Ya viene la pastillita. (MOJ)



