Cerditos en el espacio...
Feb. 15 , 2009
Tarde o temprano iba a ocurrir, y los expertos nos venían advirtiendo hace un buen rato. El jueves en la noche finalmente pasó y dos satélites chocaron entre sí mientras orbitaban nuestro planeta. A 800 kilómetros sobre la superficie terrestre y viajando a velocidades superiores a 20 mil kilómetros por hora, la colisión fue espectacular (claro que nadie la vio). Fue un hito en la historia de la exploración espacial y la fecha será recordada en los anales del esfuerzo humano por conocer la galaxia.
También será recordado el resultado inmediato: un rastro de desechos metálicos, centenares de fragmentos de maquinaria de alta tecnología, que se suman a los cerca de 18 mil "escombros orbitales" que ya ensucian nuestro espacio cercano. O, más bien, el porche de entrada en nuestro viaje por el sistema solar, pues para ir a cualquier lado en el vecindario primero hay que salir de la órbita terrestre, y eso implica atravesar las nubes de basura espacial que estamos dejando botada a nuestro paso.
Si de Atila se decía que por donde pasaba no volvía a crecer la hierba, tal vez del hombre moderno pueda decirse que por donde pasa no queda nada limpio. ¿Será ese el sino de la humanidad? ¿Dejar un rastro de desechos como muestra de nuestra existencia? No hace falta ser un talibán de la ecología para sentir un poco de vergüenza por la forma en que estamos "emporcando" el barrio, en la mejor tradición del inquilino atorrante. Porque inquilinos es lo que somos y que a nadie se le olvide. (MOJ)




