"Plan económico: una mirada disidente", por Cristián Larroulet
Jan. 07 , 2009
La Presidenta de la República junto al ministro de Hacienda anunciaron antenoche un conjunto de medidas de naturaleza tributaria, de gasto público y de empleo, destinadas a enfrentar la difícil situación económica que hoy se vive en el mundo y en Chile. La gran mayoría de las reacciones a éstas ha sido favorable. Ello no es raro ya que las propuestas como el subsidio a la contratación de jóvenes y las rebajas tributarias a través de aliviar los pagos provisionales mensuales y la eliminación transitoria del impuesto de timbres y estampillas atacan directamente el problema de desempleo de los sectores más vulnerables y los problemas de liquidez de los agentes económicos. Sin embargo, tengo una mirada disidente a esa mayoría.
Tres aspectos del paquete y de lo que éste significa desde la perspectiva de la conducción de política económica fundamentan mi crítica. La primera es que en momentos como los actuales, la oportunidad en las decisiones de política es muy importante. Me parece que en este caso se está actuando tardíamente: ya los indicadores como la caída de la producción industrial de 6,4% en noviembre y el IPC negativo de 1,2%, dado a conocer ayer por el INE, nos muestran que la disminución en la actividad de nuestra economía ha sido mucho más rápida y profunda que la originalmente proyectada. Ello se reflejará en que será muy difícil evitar que la tasa de desempleo en los trimestres de invierno bordee nuevamente los dos dígitos, repitiéndose la realidad de desempleo ocurrida con posterioridad a la crisis asiática en el último año del mandato del Presidente Eduardo Frei.
A diferencia de lo que ocurrió hace algunas semanas, cuando las autoridades monetaria y fiscal sí reaccionaron con oportunidad ante la falta de liquidez, los anuncios que comentamos han sido tardíos.
La segunda crítica se debe al tipo de instrumento de política económica que el paquete prioriza. En efecto, según la propuesta oficial, el aumento del gasto público alcanzaría a 10,6% en el año 2009, completándose con ello un período de tres años en donde el crecimiento del gasto público promedio anual es tres veces superior al crecimiento del producto. El problema es que priorizar el gasto fiscal limita la capacidad de hacer uso de la política monetaria rebajando la tasa de interés y proveer la liquidez que la economía chilena necesita. Más aún, tampoco ayuda a aumentar el tipo de cambio real como el escenario mundial aconseja. Aun cuando hay profundas diferencias con lo que ocurrió en Chile en el manejo de la crisis de 1998 y 1999 -período en el cual se acabó la "década de oro" de crecimiento de nuestra economía- se está volviendo a cometer parcialmente el mismo error de conducción de política económica. Cabe recordar que durante diciembre, el costo del crédito bancario de corto plazo para operaciones reajustables y no reajustables ha sido, respectivamente, de 9,4% y 16,4% anual, representando tasas reales que no se veían desde 1998.
Finalmente, tampoco estamos aprovechando la oportunidad para hacer reformas que ataquen el problema de largo plazo. La conducción económica siempre debe estar atenta a aprovechar las coyunturas para mirar más allá y generar condiciones para el aumento de la productividad, la innovación y el emprendimiento, fuentes permanentes para alcanzar el desarrollo nacional. Si por el contrario, las rebajas de impuestos hubieran sido permanentes y no transitorias se habría dado un paso significativo en esta dirección. El debate en el Congreso puede ser una instancia para ello.
Cristián Larroulet
Director ejecutivo Instituto Libertad y Desarrollo




