"No es malo, sólo equivocado", por Cristóbal Bellolio
Mar. 12 , 2009
El acuerdo que puso ayer al gremialista Jovino Novoa en la presidencia del Senado estuvo lejos de ser inmoral, como han pretendido señalar algunos columnistas y destemplados políticos de la Concertación. Si de rendir cuentas por el pasado se trata, nuestro Congreso quedaría parcialmente desierto, entre instigadores de la violencia ideológica y cómplices burocráticos de la dictadura que hoy lo integran.
Tampoco es una ignominia republicana, ya que el veterano senador UDI llegó a esta instancia siguiendo todos los procedimientos democráticos establecidos, aunque el origen de ellos (particularmente el sistema binominal) aún se discuta. Creo, sin embargo, que se trata de un nuevo error político de la Alianza, que delata la ausencia de una estrategia coherente y consensuada para alcanzar el gobierno.
La figura de Novoa, querámoslo o no, representa a una derecha vinculada a un régimen que violó los derechos humanos de miles de chilenos y que está condenada a perder elecciones por el peso que significa cargar esa mochila. Que su nombre no figure en los casos que investiga la justicia no basta para redimir la asociación política que legítimamente hace la ciudadanía. Por eso, entregarle este nivel de protagonismo en un año electoral es una jugada peligrosamente irreflexiva, que nos recuerda que, en materia de sagacidad política, la Alianza ha equivocado el ABC para convertirse en mayoría: no ha capturado el centro, no ha separado de sus filas a los ex funcionarios de Pinochet, no ha entendido los valores del nuevo Chile y no se ha comunicado con el electorado en forma atractiva.
Seguramente se argumentará que Joaquín Lavín -el candidato opositor que más cerca ha estado de arrebatarle La Moneda a la Concertación-, pertenecía precisamente a las filas del partido más derechista del país, el mismo de Novoa. Cómo olvidarlo, y cómo olvidar que su libreto fue exitoso justamente por su ambigüedad: firmó piernas cabareteras (escandalizando a los más conservadores); dijo que no era relevante si las empresas eran públicas o privadas mientras fuesen eficientes (aturdiendo a los dogmáticos del neoliberalismo); y le cambió la cancha a Ricardo Lagos hablando de los "problemas reales de la gente" (inaugurando un populismo de alta rentabilidad).
Ah, y también reconoció que no habría votado "Sí" en 1988 de haber conocido entonces la información que está disponible hoy en día. Seis años después, en cambio, fue obligado a volver a su rincón, a representar a la derecha de siempre, sosteniendo en debate televisado que no quería un Chile donde su hija cargara condones en la mochila. Perdió a las nuevas generaciones que había conquistado en 1999 y no pasó a segunda vuelta.
El problema, en síntesis, no radica en los méritos del senador Novoa, que asumo tendrá varios. Tampoco necesariamente en su filiación partidaria. El asunto de fondo es que la Alianza entrega una señal en la dirección incorrecta. Por algo Piñera lo intuyó y trató de hacer algo al respecto, aunque finalmente lo dejó pasar para no crear tensiones con sus aliados.
Pero alguien en la coalición tendrá que hacerse responsable de esta comedia de desaciertos, que comenzó con el rechazo a la inscripción automática (que hoy les pena en todas las encuestas presidenciales), continuó con el recurso de impugnación a la píldora (que los alejó poderosamente de la sensibilidad nacional) y hoy se extiende con la elección de un "duro" en un cargo de altísima visibilidad pública en el año más decisivo de su historia reciente.
Cristóbal Bellolio
Acad. Escuela de Gobierno U. Adolfo Ibáñez, Independientes en Red



