Ideas & Debates

de La Tercera

 

"Mal resultado y pésimo ejemplo", por Huberto Berg

Nov. 26 , 2008

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La reciente negociación salarial entre el gobierno y los trabajadores del sector público que hemos presenciado la semana pasada y -por qué no decirlo- también sufrido todos los chilenos, especialmente los más pobres, ha sido una de las que han arrojado los efectos más negativos de los últimos años desde todo punto de vista.
En primer lugar, los cinco días de paro tuvieron, y tendrán, costos altísimos para toda la sociedad: basura en las calles, miles de cirugías que no se pudieron realizar, millonarias pérdidas para el sector exportador, etc.
En segundo lugar, un incremento salarial de 10% basado sólo en la capacidad de presionar a un gobierno a través de un paro ilegal  y en las consideraciones políticas de los parlamentarios encargados de aprobarlo, no es lo que se podría considerar un buen resultado. En ninguna parte de este acuerdo se observa alguna mención a incrementos de productividad, desempeño o mejoras en la calidad de la atención, o de la gestión por parte de los beneficiados. Materias en las  que evidentemente el sector público está al debe.
Como tercer elemento negativo, no se puede pasar por alto el hecho de que los honorables senadores no tuvieron ningún inconveniente en colgarse de este incremento del 10% para sus propios sueldos, a pesar de los claros mensajes enviados desde el gobierno y por la propia Presidenta de la República, en el sentido de que dada la situación de incertidumbre económica imperante en Chile y en el mundo, este reajuste no debería correr para los sueldos más altos del sector público.
Resulta interesante observar que, al parecer, cuando se trata de asignarse beneficios pagados con la plata de "Moya", las otras veces "tan fuertes e intransables diferencias ideológicas y políticas" quedan rápidamente superadas.
Si bien los trabajadores fiscales consideran un gran logro el incremento obtenido,  bastante por sobre la inflación esperada para el 2009, y sin cuestionar la legitimidad de sus  aspiraciones de mejoras salariales, resulta evidente que tanto el monto otorgado como la forma en la que se obtuvo son una pésima señal al país.  También me atrevo a decir que no contribuyó en nada a mejorar la percepción que tiene la ciudadanía sobre los funcionarios públicos y su desempeño.
En efecto, el monto y la forma de obtener el resultado han sido un pésimo mensaje para el sector privado. Las negociaciones salariales en este ámbito, que se realizan tanto a nivel individual como colectivo, y los acuerdos que se logran, se basan en criterios objetivos tales como situación de la empresa, proyecciones  económicas del sector y del país, mercado laboral, productividad individual y/o colectiva, desempeño, etc.
Esto, porque ambas partes entienden que si las negociaciones salariales no consideran todas esas variables, el resultado final es que se pone en serio riesgo la sustentabilidad de la empresa y, por ende, de la fuente de trabajo. Sabemos que en el sector privado los clientes, afortunadamente para todos, no están cautivos y siempre tienen la opción de buscar una mejor alternativa. Algo que obviamente no sucede en los servicios públicos.
Es de esperar que en las negociaciones colectivas que se avecinan en el sector privado, tanto los empleadores como los trabajadores y los dirigentes sindicales que trabajan en  estas empresas mantengan la racionalidad, el nivel técnico y la visión de futuro que han caracterizado en general las negociaciones de este sector y que se echaron tanto de menos en el reciente acuerdo con el sector público.

Huberto Berg
Director
Berg Consultores



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