"¿Fin de la era de los megaproyectos?", por Luis Eduardo Bresciani
Feb. 11 , 2009
Para la gran mayoría, la paralización del megaproyecto Costanera Center es un signo de la crisis económica. No obstante, se ha transformado, también, en el símbolo del aparente fin de una era, la de los megaproyectos, una forma poco sustentable de hacer ciudad.
Por más de 50 años hemos confiado en la capacidad ilimitada de los gestores urbanos -públicos o privados- de construir la ciudad a partir de un visionario plan maestro o un megaproyecto. Desde la Remodelación San Borja al Costanera Center, pasando por parques empresariales o megacentros comerciales, hemos creído que estos fragmentos urbanos crearían la ciudad que soñábamos.
Pero lo cierto es que, más allá del éxito de alguno de esos emprendimientos, los riesgos financieros para sostener proyectos de largo plazo han aumentado, mientras que ciudades y barrios no han mejorado producto de estas intervenciones aisladas.
Así, en lugar de la crítica simplista al megaproyecto Costanera Center, habría que preguntarse por qué sus 640 mil metros cuadrados -equivalentes a 32 torres de 20 pisos- no pudieron integrarse a la ciudad de otra manera y desarrollarse en más etapas, con menos riesgos para el desarrollador y más beneficios para Santiago.
Podríamos hacer mejor las cosas, es verdad, pero la calidad de nuestras ciudades nunca dependerá sólo de las decisiones individuales y de las edificaciones -bienes privados- que construyamos. La calidad urbana depende de la mayor cantidad y calidad de los "bienes públicos" que construimos, como los espacios compartidos, calles y parques, y en forma crítica de las normas que faciliten la armonía y coordinación de las acciones privadas en la ciudad.
Aunque nuestra legislación urbana nos ha permitido, por décadas, tener ciudades ordenadas, es evidente que frente a la actual realidad resulta absolutamente insuficiente. Por ello, concuerdo en parte con lo expresado por el sociólogo Manuel Tironi en una columna publicada en este diario. Uno de los últimos vestigios de esa legislación es Costanera Center, un proyecto que ha logrado mantener vigentes las normas de un plan regulador dictado hace 30 años, con un cuerpo legal dictado en la década de los 70, que no ha sufrido cambios de fondo.
¿Qué nos falta para tener ciudades más bellas y sustentables? Tres consensos básicos. Primero, invertir más en espacios públicos e infraestructura urbana; segundo, concentrar esfuerzos en los barrios y zonas urbanas más vulnerables socialmente, donde el problema no son los impactos del desarrollo, sino la falta del mismo.
Y tercero, hay que reformar con urgencia nuestra legislación urbana en cuatro aspectos: más participación ciudadana; planes que normen el diseño urbano y no sólo el tamaño y uso de las edificaciones; condicionar los proyectos inmobiliarios a mayores obras de mejoramiento del espacio público y el entorno, y finalmente, reemplazar la tendencia de los megaproyectos por planes integrales de barrios y distritos, que faciliten la planificación concertada a escala local y el desarrollo de conjuntos urbanos más armónicos.
Estos nuevos énfasis públicos no sólo permitirán hacer ciudades mucho más sostenibles y bellas, sino que harán que la creatividad de nuestros profesionales y ciudadanos se vuelque hacia lo público, no sólo a la defensa de lo privado.
La buena noticia es que todas estas políticas y cambios legislativos están en curso, algunos en discusión parlamentaria. Ahora, sólo resta por conciliar las voluntades políticas para pasar a una nueva era de desarrollo urbano más sustentable.
Luis Eduardo Bresciani
Master en diseño urbano de Harvard y jefe de división de Desarrollo Urbano del Minvu




