Ideas & Debates

de La Tercera

 

"Drogas: un falso dilema", por Jaime Orpis

Mar. 02 , 2009

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En su columna publicada la semana pasada, Ibán de Rementería manifiesta su preocupación por el eventual mantenimiento por parte del Presidente estadounidense, Barack Obama, de las políticas antidrogas adoptadas por su antecesor, George W. Bush. El autor tiene la esperanza que definitivamente en Estados Unidos se consagre la llamada "reducción de daño" como política oficial.
Bush adoptó una política restrictiva. Tal como lo señala el artículo, Bush y Obama  fueron consumidores. A diferencia de De Rementería, creo que esta situación marca una diferencia respecto de la definición. No se trata de teóricos en materia de drogas, sino que conocieron el mundo del consumo y de la adicción, y es probable que en su círculo cercano algunos hayan terminado destruidos por la droga. Obama, además, trabajó en el mundo social, donde precisamente se producen los mayores daños. No debe ser fácil para Obama adoptar una decisión.
Aceptar la reducción de daño es aceptar la liberación total o parcial y por lo tanto asumir que los niveles de consumo aumentarán. Es cierto que dos antiguos consumidores llegaron a ser presidentes, pero ¿cuántos quedaron en el camino?
No es fácil para el Presidente de EEUU adoptar decisiones como las planteadas en el artículo, y si lo hiciera, creo que estaría cometiendo un error grave. El tema de fondo es que se busca plantear la definición en términos de blanco o negro: o es la guerra contra las drogas, o es la liberalización. Hace tiempo que esa mirada quedó atrás. Hoy la mayoría de los países tienen políticas en materia de drogas enfocadas a reducir  la oferta de droga -que es la lucha contra el narcotráfico o microtráfico-, pero en paralelo y con la misma intensidad, políticas para reducir la demanda a través de la prevención. Los países que han adoptado este criterio están obteniendo buenos resultados.
La peor de las definiciones en materia de la droga sería la reducción de daño, pues ésta consiste en la negación de una política para afrontar el problema. Es aceptar que la droga es una realidad, y como es una realidad, se asumen los efectos colaterales por estimarlos inevitables. El concepto es válido, más bien, como estrategia para ayudar y acompañar a quienes han caído en la adicción y son incapaces de superarla. En este sentido, es la acción humanitaria que debe estar presente en toda sociedad para ayudar al prójimo desvalido.
Así, la reducción del daño es hoy en día el gran argumento o pretexto para impulsar políticas liberalizadoras en materia de drogas. En su gran mayoría, quienes están en esta línea proponen legalizar el consumo y la distribución. Argumentan, en contraposición a quienes tenemos una visión distinta, que la aspiración programática de vivir en un mundo libre de drogas es imposible, falsa o ilusoria", y como dicha meta es inalcanzable, una política que combata la droga no es efectiva y hay que desecharla.
La disyuntiva es otra. La verdadera aspiración, el eje de una política efectiva en materia de droga, es reducir al máximo el número de consumidores para evitar el perjuicio que provoca en la comunidad. Esa es la definición fundamental. La reducción del daño podrá servir de complemento, como acción humanitaria para ese porcentaje que no ha podido superar el problema, pero jamás podrá ser el eje de una política, porque estaríamos asumiendo como sociedad el aumento del consumo y, por lo tanto, los daños en la comunidad. Yo presumo que ninguna autoridad tiene en su mente generar políticas que toleren el aumento de daños, en vez de reducirlos.

Jaime Orpis
Presidente de la Corporación La Esperanza
y senador UDI



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