"Crisis financiera y climática", por Pedro Alba
Jan. 05 , 2009
En medio de la más grave crisis financiera mundial de las últimas décadas, debemos pensar en solucionarla, pero sin dejar de lado los grandes temas ambientales que también requieren una acción urgente. Es por ello que la comunidad internacional debe mirar hacia América Latina a la hora de buscar soluciones innovadoras que eviten una crisis climática. La región es la de mayor biodiversidad del mundo, tiene los recursos y el liderazgo para ser parte de la solución global que se requiere para un desarrollo con baja emisión de carbono. Este enfoque podría apoyar la recuperación económica y simultáneamente fomentar el crecimiento en áreas que mitigan los efectos del cambio climático.
La región no es una fuente importante de las emisiones que generan el calentamiento global gracias a su matriz energética limpia y a sus políticas para promover un crecimiento con baja intensidad de carbono. Así, América Latina produce sólo el 6% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en el sector energético y 12% de las emisiones de todas las fuentes, incluidas la deforestación y la agricultura.
De los 10 países con mayor biodiversidad en el mundo, cinco están en América Latina: Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú. Sin embargo, se encuentran también entre las 15 naciones cuya fauna corre el mayor peligro de extinción.
Adoptar una senda de desarrollo con bajas emisiones de carbono será benéfico para la competitividad de la región, particularmente si la frontera tecnológica del mundo se encamina hacia las tecnologías de este tipo. A pesar de estas innovaciones, América Latina se está orientando a un crecimiento con un incremento también de las emisiones de carbono. De mantenerse las tendencias actuales, se proyecta que las emisiones de CO2 derivadas del consumo de energía en la región se incrementarán en un 33% per cápita (superior al promedio mundial de 24%) entre 2005-2030.
Es por ello que para mantener a la región en la senda de alto crecimiento con baja intensidad de carbono, se necesita un marco normativo coherente en tres niveles.
Primero, una arquitectura internacional para combatir el cambio climático que impulse y refleje las características específicas de América Latina. Esta debe incluir incentivos financieros para reducir la deforestación; la extensión de mecanismos de comercio de derechos de emisión de carbono; la movilización de flujos financieros para promover "tecnologías verdes" y la creación de mercados internacionales para biocombustibles mediante la remoción de los aranceles y barreras no arancelarias.
Segundo, se deben diseñar políticas nacionales para adaptarse a los inevitables efectos del cambio climático en los ecosistemas y el entramado social de la región. Al contemplar esta variable en el diseño de inversiones en infraestructura, se puede mejorar la vigilancia y pronóstico del tiempo y reforzar medidas de protección social para que los hogares puedan enfrentar mejor las perturbaciones causadas por el clima.
Por último, implementar políticas para aprovechar las oportunidades de mitigación. Por ejemplo, una mayor eficiencia energética ahorra dinero; una menor deforestación tiene beneficios sociales y ambientales; un mejor transporte público puede reducir la congestión y la contaminación local y tener un efecto benéfico para la salud, mientras que la expansión de la energía renovable fuera de la red puede ayudar a cubrir la población rural que no tiene acceso a la electricidad.
Pedro Alba
Director del Banco Mundial para Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay



