"Cosechar en tiempos de crisis", por Alejandra Candia
Mar. 03 , 2009
El empleo en nuestro país comienza a mostrar los primeros efectos de la crisis. Al menos esto es lo que nos señalan las recientes cifras entregadas por el INE, donde, más que un crudo aumento en la desocupación, es la creación de nuevos puestos de trabajo la que se ha visto mayormente afectada: mientras a mediados del año pasado nuestra economía era testigo del nacimiento de más de 250 mil nuevos cupos, en enero de 2009 a duras penas se superaron los 30 mil.
Dada la profundidad de la crisis económica que actualmente golpea al mundo, no resulta exagerado ni alarmista pensar que las malas noticias en el ámbito laboral recién comienzan, argumento que adquiere fuerza cuando recordamos que en el apogeo de la crisis asiática nuestro país no creaba puestos de trabajo (como ahora), sino que (en el neto) desaparecían más de 150 mil.
Hoy es tiempo de cosechar los esfuerzos que nuestro país ha realizado en años de bonanza respecto del diseño de políticas públicas que permitan atenuar los inevitables efectos negativos que traerá la crisis, sobre todo en términos de actividad y desempleo. Claro es el ejemplo de nuestras arcas fiscales, las que hoy pueden darse el lujo de financiar un ambicioso plan de reactivación gracias al ahorro efectuado en los tiempos -ya lejanos- en que el cobre alcanzaba precios históricamente elevados.
Por el contrario, las "vacas gordas" no permitieron que las autoridades avanzaran en corregir las lecciones que la crisis asiática dejó en materia laboral. Ampliamente estudiado resulta el hecho de que nuestra productividad se vio truncada a fines de la década de los 90, que el desempleo nunca volvió al 6,1% promedio pre-crisis, y que la creación de empleos demoró varios años en retomar los niveles registrados previo a tan nefasto episodio, a causa de la reforma laboral que comenzó a discutirse durante el 99.
La "tramitación express" del perfeccionamiento del seguro de cesantía a fines del año pasado desaprovechó la oportunidad de otorgarle competitividad a nuestro mercado laboral, por ejemplo, reformando la política de indemnizaciones que actualmente encarece la posibilidad de contratar a un trabajador, impide realizar ajustes en períodos críticos, y que según se ha estimado sólo es utilizada por el 6% de los potenciales beneficiarios.
Poco y nada se ha hecho también en medidas que permitan fomentar la participación laboral de la mujer, que apenas supera el 40%, 20 puntos porcentuales por debajo de lo registrado por los países de la Ocde, organización a la cual Chile estaría próximo a ingresar.
Por su parte, las negociaciones de salario mínimo y de reajuste a las remuneraciones de los trabajadores del sector público tampoco han sido especialmente beneficiosas con quienes más necesitan un puesto de trabajo. Incluso es posible que los últimos reajustes (de 10,4 y 10%, respectivamente) acentúen los efectos negativos en el empleo previstos para este año.
En conclusión, a diferencia de lo ocurrido con nuestras arcas fiscales, probablemente la cosecha en materia laboral no será del todogenerosa. El anuncio del gobierno de comenzar prontamente la discusión de un proyecto de ley que refuerce los sindicatos no hace más que remar en contra en medio de la tormenta y remontarnos a lo ocurrido 10 años atrás, precisamente en un año electoral como lo es el 2009. Esperemos que el año legislativo pronto a inaugurarse no transforme nuevamente una crisis económica en un obstáculo de largo plazo para alcanzar el anhelo de transformarnos en un país desarrollado.
Alejandra Candia
Directora Programa Económico y Social
Instituto Libertad




