"Confidencialidad en la donación", por Mario Uribe
Apr. 01 , 2009
Recientemente se ha puesto como tema de discusión el problema de la confidencialidad en relación a los trasplantes de órganos. ¿Por qué nos parece importante que se mantenga la confidencialidad en el proceso de donación? Las razones son múltiples, pero pueden destacarse las siguientes.
La donación es un acto de generosidad. El donante, o su familia, deciden libre e informadamente entregar los órganos como una manera de prolongar la vida de otros. El que se produzca una conexión entre donante y receptor, especialmente cuando esta es publicada en los medios de comunicación, interrumpe brutalmente ese acto de amor y lo expone a eventuales situaciones adversas y complejas. Podrían suscitarse, por ejemplo, presiones indebidas de la familia del donante al receptor o a su núcleo más cercano, tales como demandas económicas, solicitud de visitas, exigencias sobre el desempeño en la vida personal del receptor, entre otras.
Debemos recordar que la familia del donante está sufriendo un proceso de duelo, que puede durar meses e incluso años. Durante ese lapso pueden presentarse cuadros depresivos o alteraciones conductuales, a veces impredecibles. El receptor, en la mayoría de los casos, está tan agradecido que también se encuentra vulnerable, pudiendo adquirir un sentimiento de culpabilidad que lo haga sentirse obligado a realizar acciones compensatorias que no corresponden, o ver interrumpida su vida laboral, social y familiar por este concepto.
Otro problema, como ocurrió recientemente, es que ante el trasplante de una alta autoridad surjan suspicacias respecto de la transparencia en la asignación de órganos. Para avalar esta teoría, a todas luces equivocada, se entrevista a personas que han permanecido años en listas de espera. Sin embargo, se desconoce que el paciente hipersensibilizado puede esperar un riñón muchos años, a veces sin llegar a trasplantarse nunca; que el tiempo promedio de espera para trasplante en los principales hospitales públicos en Chile es menor que el tiempo de espera de la autoridad a la que nos referimos; que existen casos donde los pacientes llegan al trasplante sin haber pasado por un período de diálisis, y que el sistema de asignación de órganos puede parecer complejo para los legos, pero que, en nuestro país, es absolutamente transparente.
Todos opinan y tienen derecho a hacerlo. Pero muchos lo hacen de forma desinformada, basados, principalmente, en impresiones o sentimientos. Obviamente no se puede traspasar en columnas de opinión, limitadas por el espacio, o en cuñas televisivas, a veces de escasos segundos o fuera de contexto, explicaciones que resuman años de estudios o resultados de largas reuniones multidisciplinarias de expertos.
Actualmente, se tramita en el Congreso una serie de modificaciones a la ley de trasplante. Dentro de ellas se considera como fundamental mantener la confidencialidad de la relación donante-receptor. Mientras esto sucede, los equipos de trasplante deben continuar velando para que ésta se mantenga.
Finalmente, nos preguntamos: ¿Qué desea la familia del donante? ¿Dónde encuentra consuelo a la desolación por la pérdida del ser querido? Estoy cierto que no en la publicidad de su acto, sino en el proceso del duelo, muchas veces silencioso, vivido junto a sus familiares y amigos. Por otro lado, ¿qué espera el receptor? Probablemente iniciar prontamente una nueva vida, reintegración laboral y social, alejado de la amenaza de la muerte.
La última pregunta: ¿A quién beneficia toda esta publicidad que viola la confidencialidad a la que aspiramos? Es para meditarlo.



