Ideas & Debates

de La Tercera

 

"Ciento cincuenta años de evolución", por Tito Ureta

Feb. 13 , 2009

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Ayer celebramos los 200 años del nacimiento de Charles Darwin y los 150 años de la publicación de su libro El Origen de las Especies en 1859. Ya había publicado antes la narración de sus andanzas por el mundo a bordo del bergantín HMS Beagle. Su vida después de la circunnavegación fue de muy bajo perfil, enfrascado en innumerables preguntas, viajando, a lo más, hasta Londres a pocos kilómetros, y martirizado por dolencias de las cuales aún se discute. No obstante, la profundidad de su razonamiento, la capacidad de afrontar experimentalmente sus dudas y su brillante escritura lo han convertido en el epítome del científico. Así, no  extraña que haya sido sepultado en la Abadía de Westminter, al lado de Isaac Newton.
La publicación de El Origen de las Especies fue, sin duda, un terremoto sin paralelo: la exposición brusca y poderosa de una nueva visión de la vida como mutable, competitiva y modulada por el medioambiente, expresada en la forma de un largo argumento. El libro produjo un quiebre definitivo con las ideas teológicas previas que consideraban la unidad y la diversidad de los seres vivos y mostró la manera de reconciliar el pasado y el presente de los organismos. No debiéramos olvidar su tremendo impacto no sólo entre los científicos, sino en la sociedad victoriana. El primer año se vendieron 3.800 copias y posteriormente en Inglaterra más de 27.000 ejemplares, sin contar sus innumerables traducciones. Pero sólo en nuestros días podemos darnos cuenta de lo fundamental de sus ideas. Las discusiones sobre el futuro del ser humano, la explosión de las poblaciones, la lucha por la existencia, su propósito y el del universo y el lugar del hombre en la naturaleza son imposibles sin considerar a Darwin.
La Teoría de la Evolución se ha enriquecido y fortalecido durante estos 150 años y, por cierto, continuará ejerciendo su poderosa influencia. Desde luego, la universalidad del código genético ("lo que vale para la bacteria vale también para el elefante", según la famosa frase de Jacques Monod) confirmó la idea darwiniana de que todos los seres vivos proceden de un ancestro común.
La profundidad de su pensamiento quizás explique la desusada ferocidad de los ataques contra Darwin. En 1860, el biólogo suizo Louis Agassiz, profesor de Harvard, se expresó en los siguientes términos: "Una equivocación científica, no verdadera en los hechos, no científica en sus métodos y malévola en su tendencia". La mayoría de los comentarios fueron negativos y hostiles. Esto ha continuado después de su muerte y aún sigue en ciertos círculos hasta el día de hoy.
Sin embargo, la teoría de la evolución deberá modificarse por los hallazgos científicos de los siglos XIX y XX que han confirmado las ideas evolucionistas. Pero, al mismo tiempo, las han extendido tanto que se hace necesario un nuevo paradigma evolutivo. Sólo como ejemplo: los astrónomos han detectado sobre 300 planetas extrasolares y es posible que logren encontrar señales de vida en alguno de ellos. No necesito mencionar las preguntas que nos haremos en ese instante. Pero eso tomará algunos años.
Incluso, es probable que, mientras escribo estas líneas, estemos creando vida aquí en la Tierra. Ya hay intentos muy avanzados como el micoplasma sintético. De allí al diseño de formas vivas extrañas, con códigos genéticos diferentes o diseñados con moléculas sintéticas que no serán ácidos nucleicos,  necesitamos un salto relativamente pequeño. Esos avances cambiarán nuestra visión de la vida. Pero los seres de otros planetas o los nacidos por el arte científico molecular tendrán que evolucionar y necesariamente lo harán según los postulados originales de Charles Darwin.

Tito Ureta
Académico de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile



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