Editorial

de La Tercera

 

Referéndum sobre reelección indefinida en Venezuela

Feb. 17 , 2009

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El pasado domingo, una mayoría de 54% de los electores venezolanos aprobó una enmienda constitucional para que el Presidente Hugo Chávez pueda ser reelegido en 2012 para un cuarto mandato, y la posibilidad de otros en el futuro. También podrán reelegirse otros cargos de elección popular. La oposición validó ese resultado.

Se trata, sin duda, de una victoria contundente para el mandatario caribeño, pero que en nada altera la naturaleza de su proyecto político, en el que sobresalen el autoritarismo y personalismo como rasgos esenciales. La sola convocatoria del referéndum de anteayer es un ejemplo de ello, no sólo porque la idea de la reelección indefinida parece reñida con una democracia sana y con capacidad de renovarse, sino porque, en opinión de numerosos expertos, resultaba inconstitucional. Esto, pues la Carta Magna estipula que una iniciativa de reforma rechazada -como ésta lo fue en 2007- no podrá presentarse de nuevo a la Asamblea Nacional en el mismo período. La sola voluntad del gobernante, no obstante -con el apoyo de una Asamblea sin real presencia opositora-, impuso el referéndum.

El carácter sui generis del llamado socialismo del Siglo XXI le permite combinar aspectos de la democracia formal, como las elecciones, con una concentración de poder en manos del Ejecutivo que otros países no considerarían propia de un régimen democrático. Ello va de la mano con un fuerte y creciente rol del Estado en la actividad productiva y la consiguiente reducción de espacios a la empresa privada; límites al ejercicio de la libertad de expresión y reunión; la polarización de la sociedad como estrategia política; la transformación de las FF.AA. en actor político y fuente de cuadros para cargos públicos, y una progresiva desinstitucionalización del país a medida que la autoridad presidencial pasa a ser el árbitro final en toda suerte de ámbitos, sustituyendo el papel de las organizaciones intermedias para canalizar y ejecutar las funciones de gobierno, y tranformándose en el centro de la vida política nacional, con esperables consecuencias negativas en áreas como la gestión pública, la transparencia y la probidad.

Siendo esto así, ¿por qué una mayoría votó por el Sí y parece seguir creyendo en el liderazgo del ex militar? En parte, se explica por el peso de la agenda social del gobierno, que en base a una renta petrolera que representa la principal fuente de ingresos fiscales, financia una red de servicios y subsidios varios que, aunque dispendiosa y muy ineficiente, genera apoyo a la figura del Presidente, en quien se personaliza la entrega de beneficios por parte del Estado.

En otra medida, se explica porque la oposición ha sido incapaz de presentar liderazgos propios y de presentarse como una alternativa de gobierno creíble. Los opositores democráticos del régimen tienen aún saldos pendientes con el pasado y la gestión de los partidos políticos tradicionales, pero también una deuda con el presente y su actual escasez de figuras y propuestas con proyección nacional (un problema, paradójicamente, que comparte con el oficialismo, donde el Presidente Chávez aparece como la única opción, sin sucesor posible, pobre legado para un movimiento político que nació a inicios de los 90).

Dicho esto, es preciso entender que la oposición venezolana funciona en un entorno que es, al menos, anómalo, desde el punto de vista democrático, donde el Presidente hace abiertamente campaña con recursos públicos, usa a su discreción las transmisiones en cadena (que decreta de continuo y sin restricciones), con un lenguaje agresivo y descalificador hacia sus adversarios, e instituciones que no dan garantía de imparcialidad a la oposición.

La crisis mundial y su impacto en el precio del petróleo, reducirá la capacidad de proyección regional del "modelo" del Presidente Chávez, así como sus márgenes de acción dentro de la propia Venezuela, lo cual puede significar una merma sensible en sus apoyos tanto externos como internos. Un panorama lleno de interrogantes para una Venezuela que este mes celebró 10 años de Revolución Bolivariana.



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