Editorial

de La Tercera

 

La importancia de un clima constructivo en época de crisis

Feb. 13 , 2009

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Chile pasa por un momento económico complejo, consecuencia de una muy grave crisis mundial, de hecho, la peor desde la Gran Depresión de 1929, lo que la convierte en un evento de gravedad histórica. Hay consenso en que este año se deteriorarán variables clave como el crecimiento, el empleo y la inversión, y que producto de ello muchos chilenos y sus familias pasarán por trances difíciles. Ya existen señales de los efectos de la crisis en el país, en cifras como la alta tasa de desempleo y en noticias como la paralización de proyectos e inversiones importantes. Es por estas razones que resulta clave enfocar energías en las maneras de "capear el temporal" de la mejor forma posible", como ha dicho la Presidenta de la República.
En este contexto, en que tanto el gobierno como los actores económicos del país se esfuerzan por encontrar dichas fórmulas de suavizar el impacto de la crisis, desde el Ejecutivo han surgido críticas, e incluso emplazamientos, al sector privado por una supuesta falta de compromiso en esa tarea. "Si el sector privado no coopera, va a ser más difícil", dijo el vocero de La Moneda, mientras que el subsecretario del Trabajo llamó a las empresas a explicitar "cuál va a ser su compromiso en contener los efectos (...) Ello no se expresa todavía y necesitamos señales claras".
Plantear la discusión en estos términos deteriora el clima de negocios, dificulta el empleo y distrae de la verdadera naturaleza de los problemas que enfrenta el país, que están lejos de obedecer a la actuación indebida de actores económicos nacionales. La crisis en Chile tiene otras causas, y son externas o de políticas domésticas. Poco ayuda un discurso que estigmatiza al sector privado por un pretendido egoísmo o falta de solidaridad.
Si bien detrás del emprendimiento empresarial privado hay una vocación, una forma de realización personal y una vía para canalizar inquietudes sociales, el principal aporte que hacen las empresas al país es cumplir a cabalidad su misión de producir con eficiencia, maximizando sus utilidades, pues en ese proceso también maximizan el beneficio que su actividad económica genera para la sociedad.
Que obtener ganancias sea el norte de una empresa es  socialmente deseable. En ese proceso son sensibles al ambiente de negocios, a las expectativas económicas y a los costos de producir, entre ellos el costo de contratar sus recursos humanos. El interés del gobierno, entonces, antes que emplazar al sector privado a "poner el hombro",  debe ser procurar que existan las condiciones para que los negocios, las inversiones y los proyectos puedan desarrollarse adecuadamente.


Son las autoridades las que tienen en sus manos los principales resortes para hacer frente a una crisis económica y para propiciar un entorno para la actividad privada como el descrito. Las políticas tributaria, fiscal y monetaria son las armas con las que el gobierno y el Estado pueden influir en la economía para ayudarla en crisis como la que se vive hoy en día. Utilizarlas acertadamente es el gran desafío. Y si la situación, por su gravedad, llega a requerirlo, las autoridades pueden recurrir a otro arsenal de medidas que ayudan a paliar -ya que no a eliminar- los efectos de la contracción económica. Para eso están los subsidios a la contratación de mano de obra, los planes de empleo de emergencia o los bonos familiares, entre otros mecanismos.
Pareciera haber, entonces, una intencionalidad política en el emplazamiento del Ejecutivo a los actores privados, la cual consistiría en minimizar los costos políticos que supone para cualquier gobierno una coyuntura económica de crisis, más aún una tan seria. Lo deseable sería abandonar ese enfoque      -que abona el terreno para innecesarias fricciones- y mantenerse concentrados en diseñar las mejores herramientas de política pública que faciliten a los privados cumplir su función.



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