La discusión en torno a la manera de enfrentar la crisis económica
Feb. 07 , 2009
Las tendencias indican que la economía de Estados Unidos podría estar 8% bajo su potencial productivo dentro de 12 meses y que se encamina hacia lo que puede ser su peor contracción desde los años 30. Las autoridades han enfrentado la situación llevando la tasa de interés a cero e interviniendo en el mercado crediticio a través del apoyo a instituciones fallidas y la compra de activos financieros "tóxicos" o percibidos como tales, en un intento de restablecer la intermediación financiera.
En una conferencia reciente, el premio Nobel de Economía Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, destacaba la enorme magnitud del estímulo monetario ya introducido por la Reserva Federal desde septiembre de 2008. En su opinión, lo que hoy existe, al igual que en la década de los 30, es un desequilibrio monetario; pero, a diferencia de lo ocurrido en esa época, la Reserva Federal está proveyendo el dinero faltante. El economista afirma que para resolver el problema e inducir a los privados a volver a gastar debe recurrirse a la política monetaria. Lucas cree que un gasto fiscal puro (aquel financiado con emisión de deuda pública y que no lleva a aumentos de dinero) no debiera producir ningún efecto reactivador significativo.
Sin embargo, el recién asumido equipo económico del Presidente Barack Obama presentó al Congreso un plan que, junto a otros elementos, considera una masiva ejecución de obras públicas. Christina Romer, jefa del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, ha explicado que este gasto fiscal va a tener un "efecto multiplicador" que provocará que la producción norteamericana crezca más que el aumento del gasto público.
Surgen, ante esto, voces importantes que rechazan la receta que aplica el Ejecutivo norteamericano. El profesor de la Universidad de Harvard Robert Barro, conocido por sus contribuciones fundamentales al análisis moderno de las políticas fiscales, ha criticado al equipo de Obama diciendo que "sería desafortunado que lo mejor que nos pueda ofrecer sea una versión no renovada de Teoría general del empleo, interés y dinero, de John M. Keynes, obra conocida en 1936". Según Barro, "la crisis financiera y la posible recesión no invalidan todo lo que aprendimos de macroeconomía desde 1936".
Su colega John Cochrane, de la U. de Chicago, también se sumó a las críticas, apuntando que "la ciencia económica (…) abandonó el estímulo fiscal hace mucho tiempo" y preguntándose "por qué tantos economistas dicen que apoyan el estímulo fiscal".
Los cuestionamientos parecen válidos y oportunos, pues no existen fundamentos económicos claros que justifiquen la vía que está tomando Obama y que está siendo imitada en distintas partes del mundo.
Tal vez, mayor gasto fiscal en época de recesión parece una propuesta lógica y, por lo tanto, permite a los gobiernos y los parlamentarios mostrarse activos y mantener apoyo político. Otra hipótesis es que, legitimando el estímulo fiscal, se validan también los compromisos de gasto que permiten lograr el apoyo político para las medidas que realmente interesan a las autoridades. También parece plausible que se trate de algún grado de imprecisión en el uso de los términos: se enfatiza el aspecto fiscal de una política que en realidad tiene un fuerte componente monetario, porque se financia con emisión de dinero y se le llama a eso "política fiscal".
Una última hipótesis es que quienes impulsan el estímulo fiscal pueden estar motivados por consideraciones ideológicas, psicológicas o hasta estéticas -no técnicas- que apuntarían a una visión más estatista que se mantuvo latente durante algún tiempo y que ahora, en época de crisis, se hace explícita. El renacimiento del keynesianismo se explicaría entonces por la supervivencia de una mentalidad estatista.
Como sea, la receta del estímulo fiscal no parece ser la respuesta novedosa ni reactivadora que muchos esperan, sino más bien un camino que ya ha sido recorrido sin éxito y que puede significar más problemas en el futuro.
En una conferencia reciente, el premio Nobel de Economía Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, destacaba la enorme magnitud del estímulo monetario ya introducido por la Reserva Federal desde septiembre de 2008. En su opinión, lo que hoy existe, al igual que en la década de los 30, es un desequilibrio monetario; pero, a diferencia de lo ocurrido en esa época, la Reserva Federal está proveyendo el dinero faltante. El economista afirma que para resolver el problema e inducir a los privados a volver a gastar debe recurrirse a la política monetaria. Lucas cree que un gasto fiscal puro (aquel financiado con emisión de deuda pública y que no lleva a aumentos de dinero) no debiera producir ningún efecto reactivador significativo.
Sin embargo, el recién asumido equipo económico del Presidente Barack Obama presentó al Congreso un plan que, junto a otros elementos, considera una masiva ejecución de obras públicas. Christina Romer, jefa del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, ha explicado que este gasto fiscal va a tener un "efecto multiplicador" que provocará que la producción norteamericana crezca más que el aumento del gasto público.
Surgen, ante esto, voces importantes que rechazan la receta que aplica el Ejecutivo norteamericano. El profesor de la Universidad de Harvard Robert Barro, conocido por sus contribuciones fundamentales al análisis moderno de las políticas fiscales, ha criticado al equipo de Obama diciendo que "sería desafortunado que lo mejor que nos pueda ofrecer sea una versión no renovada de Teoría general del empleo, interés y dinero, de John M. Keynes, obra conocida en 1936". Según Barro, "la crisis financiera y la posible recesión no invalidan todo lo que aprendimos de macroeconomía desde 1936".
Su colega John Cochrane, de la U. de Chicago, también se sumó a las críticas, apuntando que "la ciencia económica (…) abandonó el estímulo fiscal hace mucho tiempo" y preguntándose "por qué tantos economistas dicen que apoyan el estímulo fiscal".
Los cuestionamientos parecen válidos y oportunos, pues no existen fundamentos económicos claros que justifiquen la vía que está tomando Obama y que está siendo imitada en distintas partes del mundo.
Tal vez, mayor gasto fiscal en época de recesión parece una propuesta lógica y, por lo tanto, permite a los gobiernos y los parlamentarios mostrarse activos y mantener apoyo político. Otra hipótesis es que, legitimando el estímulo fiscal, se validan también los compromisos de gasto que permiten lograr el apoyo político para las medidas que realmente interesan a las autoridades. También parece plausible que se trate de algún grado de imprecisión en el uso de los términos: se enfatiza el aspecto fiscal de una política que en realidad tiene un fuerte componente monetario, porque se financia con emisión de dinero y se le llama a eso "política fiscal".
Una última hipótesis es que quienes impulsan el estímulo fiscal pueden estar motivados por consideraciones ideológicas, psicológicas o hasta estéticas -no técnicas- que apuntarían a una visión más estatista que se mantuvo latente durante algún tiempo y que ahora, en época de crisis, se hace explícita. El renacimiento del keynesianismo se explicaría entonces por la supervivencia de una mentalidad estatista.
Como sea, la receta del estímulo fiscal no parece ser la respuesta novedosa ni reactivadora que muchos esperan, sino más bien un camino que ya ha sido recorrido sin éxito y que puede significar más problemas en el futuro.
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Posted by Arturo de Plantagenet on February 07, 2009 at 01:33 PM CLST #