Evolución más acelerada de la política monetaria
Feb. 15 , 2009
En su reunión de política monetaria del jueves, el Consejo del Banco Central resolvió bajar en 2,5% la tasa de interés de política, desde 7,25% a 4,75% anual. Esto fue bien recibido en el mercado, que lo entendió como el inicio de un cambio resuelto de la institución emisora desde la política contractiva actual, hacia una posición de estímulo al gasto en consumo e inversión.
De la magnitud desusada del cambio introducido en la tasa de interés se desprende que las cifras recientes, relativas a inflación y evolución de la actividad real en la economía, muestran una desaceleración mayor de la esperada por el Banco Central.
Efectivamente, los últimos guarismos conocidos de inflación (-1,2% en diciembre y -0,8% en enero) dan cuenta no sólo de caídas en precios por razones estacionales -como es propio de meses de verano-, sino también, aparentemente, de una tendencia hacia baja inflación, que ya se proyecta estará por debajo del 3% a fines de 2009.
En paralelo, las cifras muestran que en el tercer y cuarto trimestre de 2008 la producción del país estuvo cayendo respecto de los trimestres previos respectivos. Si bien el PIB habrá finalmente crecido en torno a 3,5% el 2008, la tendencia surgida en los últimos seis meses de 2008 es indicativa de que la economía ha entrado en un terreno dificultoso, con las consiguientes consecuencias negativas posibles de proyectar para el crecimiento que se medirá en 2009 y para el empleo.
Como históricamente ha ocurrido, las remuneraciones siguen ajustándose al alza, recogiendo la inflación pasada. Sin embargo, ello no debe interpretarse como un mercado laboral pujante, cuando las cifras de empleo (habida cuenta de factores estacionales) ya muestran una reducción incipiente en el total de ocupados, acorde con la evolución más reciente de la producción.
Vistos estos indicadores, se debe esperar que el relajamiento monetario se acentúe en el período próximo. De esta forma, es indudable que las tasas de interés con que había estado operando el mercado se habían transformado en excesivamente onerosas y motivo de freno para la actividad económica, desde que las expectativas inflacionarias decayeron fuertemente entre los agentes del sector. Ante signos evidentes de desaceleración, las dudas sobre la futura inflación, generadas por salarios aún subiendo para reflejar la inflación pasada, o por el aumento en el tipo de cambio que asociaríamos a una caída en las tasas de interés, han dado paso a una revisión más rápida de una política monetaria que sigue siendo contractiva.
Pero no hay garantías de que un relajamiento monetario más profundo lleve a un desempeño inflacionario en línea con los objetivos del Banco Central en 2009, como es anticipado hoy en forma bastante generalizada. Muchas circunstancias podrían sobrevenir en lo que resta del año.
Una lección bien aprendida debería ser que el Banco Central no tiene la capacidad de anticipar o neutralizar cualquier tendencia inflacionaria o deflacionaria discrepante con sus objetivos. La prueba de estas limitaciones es que, desde que el Banco Central iniciara su actual política de tipo de cambio flotante y meta de inflación en torno al 3% anual (valor central del rango meta) hacia fines de 1999, el país ha experimentado desde una inflación negativa (-0,7% en 12 meses hacia comienzos de 2004), hasta una violenta aceleración inflacionaria (9,9% en 12 meses en octubre de 2008).
Estas limitaciones de la política monetaria, un viejo tópico en la discusión técnica, deben mover a los Bancos Centrales a actuar siempre con conciencia de esas limitaciones y mucha prudencia.
Así, a pesar de la incertidumbre, hoy parece razonable que, sopesados el riesgo de sobreajustar una economía sometida a severos impactos provenientes del exterior versus el riesgo de sobre estimularla, con consecuencias inflacionarias, haya primado la visión a favor de apurar la llegada de algún grado de alivio monetario.




