Definiciones en la campaña presidencial
Jan. 06 , 2009
Luego de un largo período de reflexión, José Miguel Insulza ha desistido de presentarse como candidato a la Presidencia de la República, decisión que hizo pública ayer y tras la cual apoyó a su rival democratacristiano.
Puso fin así a la incertidumbre y al cada vez más intenso debate que venía dándose entre el PS y el PPD respecto de a quién respaldar para los comicios de fines de año. La determinación le permitirá ahora concentrarse en las tareas propias de su alto cargo internacional como secretario general de la OEA, evitando las continuas distracciones que ya le estaban comenzando a costar algunas críticas en Washington. Un buen desempeño en el organismo multilateral, a cuya jefatura llegó tras una intensa campaña donde contó con el respaldo transversal del espectro político, ayudará a dejar bien puesto el nombre de Chile.
Tras su retiro, la pista ha quedado prácticamente despejada dentro de la Concertación. Aunque el Partido Radical mantiene la postulación de su presidente, parecen no quedar dudas dentro del conglomerado de que el candidato más fuerte es el de la Democracia Cristiana, quien ha ido dejando atrás los obstáculos que lo separaban hace unos meses de la nominación oficialista. Luego de sucesivos abandonos, quien ejerciera la Primera Magistratura entre 1994 y 2000 tendrá la oportunidad de competir para retornar a La Moneda.
Enfrentará así al abanderado de la Alianza, quien aparece con la primera opción en los sondeos de opinión y ya ha asegurado el apoyo de la UDI, varios de cuyos dirigentes se han integrado a sus equipos de trabajo.
De esta forma, parece haber quedado definida la nominación de los candidatos de los dos principales bloques políticos. Ambos rivales tendrán casi un año entero para presentar a la ciudadanía sus proyectos y mostrar su carácter y voluntad para acceder al gobierno.
Lo esperable es que la campaña se desarrolle con altura de miras, apelando a la razón con propuestas viables y transparentes, de manera que el electorado pueda decidir con la mayor información posible, alejado de argumentos puramente emocionales y de disputas que más buscan descalificar que aportar.
Por desgracia, la evidencia muestra que la discusión entre ambos candidatos no se está dando en el nivel que corresponde. Enfrentados por el manejo y transparencia de sus patrimonios personales, tanto el DC como el RN han caído en ataques que poco ayudan a elevar el nivel del debate y a prestigiar la actividad política.
Es deseable que ambos comprendan que, si bien cualquier tema relevante puede y debe ser objeto de discusión pública, ésta requiere darse en un ambiente que ponga primero al país y preste un servicio al electorado, más sobre la base de los proyectos propios que de las acusaciones y las meras ofensivas comunicacionales.
Un papel importante en la calidad del debate lo jugará el gobierno, que mantiene la capacidad de influenciar fuertemente el devenir de la campaña a través de la fijación de la agenda legislativa. Sin abstenerse del legítimo derecho que tiene para privilegiar asuntos a su juicio prioritarios, el Ejecutivo necesita anteponer los intereses del país a los electorales a la hora de proponer legislación. Con mayor razón si se considera que 2009 será un año marcado por una situación económica que afectará al crecimiento y al empleo, como lo sugieren las cifras del Imacec dadas a conocer ayer (0,1% en noviembre) y las palabras del ministro de Hacienda, quien señaló que la situación externa es "adversa".
Clarificado casi completamente el panorama de cara a las elecciones presidenciales de este año, queda al gobierno, los partidos y los candidatos la responsabilidad de llevar adelante una campaña electoral que ayude a la ciudadanía a elegir sobre la base de propuestas que busquen el bien común y se alejen de una guerrilla política que el país no puede darse el lujo de sostener en un año que se avizora complicado.



