Cifras de cesantía y propuesta de subsidio al trabajo
Feb. 01 , 2009
Las cifras de desempleo en el Gran Santiago dadas a conocer por la Universidad de Chile revelan que los efectos de la crisis económica sobre la ocupación ya se están haciendo sentir con fuerza y a una velocidad, al parecer, mayor que la anticipada por las autoridades del gobierno y del Banco Central. Con menor intensidad, los datos a nivel nacional difundidos por el INE ayer confirman la tendencia.
Esas cifras señalan que la desocupación alcanzó en diciembre el 9,7% de la fuerza de trabajo en Santiago, lo que representa un alza porcentual de 2% en dicho mes, la más alta desde el año 1999. Entre los sectores más afectados aparece la construcción, con un desempleo de 17,1%, y la industria manufacturera, con un 8,9%.
La rapidez con que se están perdiendo empleos, coincidente con el deterioro en las cifras de actividad económica, hace necesaria una acción rápida y eficaz de las autoridades para morigerar los efectos negativos de la crisis y facilitar la reinserción de quienes pierden su trabajo.
Por la misma razón, se requiere revisar el alcance de las medidas y planes de empleo ya anunciados, que fueron diseñados bajo otros pronósticos y que deberán ser profundizados por la dimensión de la crisis.
Al fijar las prioridades respecto al desempleo, destaca como una herramienta novedosa y bien orientada el proyecto anunciado esta semana por el gobierno para crear un subsidio al empleo, en la línea de lo propuesto por la Comisión Equidad y Trabajo.
El fundamento de este subsidio es la constatación de que hay trabajadores de ciertos segmentos que, ante ciertas condiciones del mercado, tienen pocas posibilidades de empleabilidad, por lo que el Estado puede facilitarla con un incentivo temporal para ellos y sus empleadores. Fruto de su estada en un trabajo, el trabajador mejora tanto sus capacidades y posibilidades de permanencia, como las oportunidades de emplearse a futuro.
Uno de los obstáculos que presenta el mercado laboral es un salario mínimo mayor al que puede financiar una empresa con el aporte productivo de personas sin capacitación, como por ejemplo, en el caso de los jóvenes, y ahí el subsidio disminuye esa brecha, en la medida que parte del mismo es otorgado a la empresa. También el subsidio, en la fracción que incrementa lo percibido por el trabajador, es un aliciente a que las personas salgan a buscar trabajo, y se enlaza con el subsidio de cesantía para facilitar el tránsito por situaciones de crisis.
Esta iniciativa va en la línea de suplementar el ingreso familiar por la vía de incentivar el trabajo y no con subsidios puramente asistencialistas, lo que fue destacado por la comisión como una herramienta eficaz para mejorar la condición de vida de largo plazo de las personas.
El subsidio propuesto equivaldría al 30% de las rentas anuales del trabajador -20% al trabajador y 10% para la empresa que contrata-, con un tope anual de $ 576.000 hasta rentas anuales de $ 2.400.000, disminuyendo gradualmente hasta eliminarse para sueldos anuales superiores a $4.320.000.
Uno de los puntos que requiere revisarse es que la propuesta focaliza el subsidio en jóvenes de 18 a 24 años, de los dos primeros quintiles de ingreso. Si bien en este segmento se justifica la medida, por su tasa de desempleo casi tres veces mayor al promedio, la dificultad de empleabilidad que enfrentan las personas de más edad también debería ser considerada. Asimismo, a la hora de incluir sólo dos quintiles deben revisarse los estudios que muestran cambios significativos en la composición de todos los quintiles en períodos de crisis.
La rapidez con que se han producido los efectos de la crisis en el empleo hace indispensable que el gobierno presente cuanto antes esta propuesta a tramitación en el Congreso -y éste la despache con la urgencia requerida- y reevalúe las demás medidas anunciadas.
Sería una señal concreta de preocupación por los sectores afectados que ambos poderes pusieran esta iniciativa en marcha en plazos de semanas y no de meses.




