Aspiración marítima de Bolivia: un asunto bilateral
Feb. 26 , 2009
La semana pasada el vicecanciller boliviano, tras reunirse con su par chileno en Santiago, señaló que "acogemos la sugerencia de Chile, de que debemos tratar este tema en el ámbito bilateral y que vamos a hacer todos los esfuerzos por resolverlo, pero si este ámbito no fuera productivo, no excluimos otras vías". Sus palabras respaldaban la postura asumida por el Presidente de esa nación en el mismo sentido, a pesar de que dicha estrategia no ha funcionado en el pasado.
Es oportuno recordar que Chile no mantiene litigios pendientes con Bolivia en temas fronterizos y de soberanía territorial. Así quedó establecido en el acuerdo limítrofe firmado por ambas naciones en 1904 y cuyo contenido ha sido respetado y valorado por más de un siglo.
Por eso, la demanda marítima boliviana podría entenderse más bien como una aspiración de una nación que pretende obtener una salida al Pacífico, mas no como una "reivindicación histórica", como lo entienden en la nación altiplánica, que se sustente en argumentos de derecho internacional. Esto, pese a que Chile siempre ha mostrado la clara voluntad de mejorar y facilitar el acceso de Bolivia al mar.
De esta forma, como lo ha reiterado en distintas instancias el gobierno chileno, la discusión debe mantenerse en el ámbito de la bilateralidad. En esta línea, los organismos internacionales no son competentes para abordar el problema y, por ende, no serían el camino a seguir, como lo han sugerido las autoridades bolivianas. Así lo han dejado en claro los representantes de Chile en cada ocasión en que se pretendido tratar el tema en foros como la OEA.
La experiencia parece indicar que la diplomacia boliviana ha abogado por la negociación bilateral cuando ésta ha avanzado en la dirección que satisface sus aspiraciones. En cambio, cuando el diálogo se encamina en sentido contrario a lo que La Paz estima sus intereses, se insinúa la opción de la multilateralidad.
La relación entre ambos países ha sido históricamente difícil y a menudo sujeta a las respectivas coyunturas de política interna. En esto, la aspiración de Bolivia por una salida al mar ha jugado un rol determinante. Por eso, es lamentable que los recientes dichos de las autoridades bolivianas se produjeran en un escenario en que las relaciones diplomáticas entre ambos países se han desarrollado en forma fluida.
En el último tiempo Chile y Bolivia se han abierto al diálogo -incluso el actual mandatario altiplánico señaló que "estamos presenciando un cambio histórico en las relaciones"-, producto del cual, en 2007, se acordó una agenda de 13 puntos que incluye el tema marítimo y establece el contenido y cronograma de trabajo en los distintos temas de interés conjunto. Aquí ya se han presentado avances, por ejemplo, en los proyectos como la habilitación del puerto de Iquique para libre tránsito y almacenamiento boliviano, la reactivación del ferrocarril Arica-La Paz o la construcción de un control fronterizo integrado en Colchane.
Por otra parte, desde que asumió el actual Presidente boliviano, el tema marítimo no ha sido utilizado como arma para obtener réditos político-electorales, como ocurrió en varias oportunidades con sus antecesores. Este ha sido un cambio positivo, que ha facilitado los acercamientos, contribuido a consolidar confianzas y que contribuye a los intereses de las dos naciones.
Por ello, cualquier señal que arriesgue debilitar los puentes entre Santiago y La Paz debe ser evitada. En este sentido, que la nueva Constitución de Bolivia, aprobada en enero, incluya un artículo que postula "el derecho irrenunciable e imprescriptible sobre el territorio que le dé acceso (a Bolivia) al Océano Pacífico", es un dato que no debe pasar inadvertido en la Cancillería chilena. Confundir el ámbito en que se discute el tema marítimo -o cualquier otro-, en especial cuando Chile y Bolivia enfrentan años electorales, es invitar roces y malentendidos, al tiempo que abre espacios a quienes quieran desplegar agendas propias, antes que velar por una sana relación bilateral.



