Ampliación de la restricción vehicular y fallas del Transantiago
Feb. 09 , 2009
"Doy mi palabra de que habrá restricción", decía en julio pasado el entonces intendente de Santiago, prometiendo que a partir de este año regiría la ampliación de la restricción vehicular a cuatro dígitos para los automóviles con sello verde, durante los episodios de preemergencia ambiental. Ahora, como titular de Salud, ha insistido en que la norma debe hacerse efectiva. De aplicarse, paralizarán cerca de 300 mil vehículos catalíticos, alrededor del doble de los que hoy no pueden circular porque la restricción para ellos es de dos dígitos.
El tema pronto recobrará actualidad, pues la autoridad ambiental debe dar a conocer el nuevo Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica -en principio, antes del 15 de febrero-, donde se incluye la implementación de esta medida (establecida en el Decreto Supremo 58, de abril de 2007). Cabe recordar que en los dos últimos años el Ministerio de Transportes decidió no aplicarla, en ambos casos argumentando que el transporte público de la capital no podría acomodar la demanda adicional generada por quienes no podrían usar sus vehículos debido a la restricción.
Desde su aprobación, la norma que amplía los dígitos de la restricción vehicular ha sido motivo de discrepancia entre las autoridades de transportes y las de medioambiente, pues aplicar la norma tiene consecuencias para el transporte público y la contaminación atmosférica. Hasta ahora, se ha impuesto el criterio de las primeras, reacias a imponer mayores cargas al Transantiago, que aún opera al límite de su capacidad en algunos horarios y zonas, continuo recordatorio a los cansados usuarios de las fallas de esa política de transporte público.
Este año las autoridades deberán hacer frente al mismo dilema. Por un lado, está la necesidad de controlar la polución ambiental producida por los vehículos livianos, responsables del 18% de las emisiones contaminantes de la capital, según estableció un estudio de la Comisión Nacional de Medio Ambiente en 2005. Por otro, el gobierno debe tener presente la necesidad de evitar un colapso en el Transantiago, que aún es extremadamente sensible a una recarga de pasajeros.
No se puede desconocer que el sistema ha presentado avances, si se compara con los graves problemas operativos que se presentaron desde su implementación. Pero aun con estas mejorías, la red de transporte público -incluyendo al Metro- no es capaz de absorber en forma eficiente los cerca de 867 mil nuevos pasajeros que, según estimaciones del Ministerio de Transportes, intentarían acceder a ella en caso de implementarse la ampliación de la restricción para los vehículos con sello verde.
En atención a estas razones, parece entendible que la autoridad haya decidido postergar la ampliación de la restricción vehicular en el pasado y que pueda hacerlo en el futuro, optando por el mal menor: aceptar el impacto ambiental de un mayor número de vehículos en la calle, a cambio de evitar el colapso del transporte público.
Incluso sin pronunciarse respecto de si la opción por la restricción vehicular sirva para enfrentar un problema como la contaminación atmosférica -cuestión que no parece para nada evidente-, es lamentable que una política pública deba suspenderse debido a que otra, como el Transantiago, sigue presentando problemas y no ha sido capaz de cumplir con los estándares que se prometieron en su diseño original.
Con todo, la autoridad pudo evitar ponerse otra vez en esta encrucijada y aún cuenta con las herramientas para ello. Estas consisten en promover soluciones definitivas al Transantiago, y no parciales, como lo ha hecho hasta el momento. El objetivo debe ser mejorar la calidad de vida de los usuarios y evitar la onerosa carga para el erario que representa hoy el sistema de transporte.




Posted by RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ on February 09, 2009 at 06:30 PM CLST #